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Policiales

Dura condena para “Taiwán” Pereyra

Fue condenado a 19 años y medio de prisión efectiva por un hecho de robo y abuso sexual cometido en febrero en Río Cuarto.

Hugo Ernesto “Taiwán” Pereyra (40) fue condenado a 19 años y 6 meses de prisión. ¿Quién es “Taiwán”? Un delincuente todo terreno: ladrón y violador reincidente, que cometió hechos aberrantes en la ciudad de Río Cuarto.

Los delitos por lo que ayer fue condenado Pereyra fueron: robo doblemente calificado (por escalamiento y uso de arma de fuego) y abuso sexual con acceso carnal calificado. Por ser reincidente deberá cumplir toda la pena.

Como admitió la culpabilidad por el delito por el que fue juzgado –un asalto seguido de abuso sexual– se lo sometió a un juicio abreviado. Su propio abogado, René Bossio, lamentó ser su asesor letrado en la causa.

El asalto por el que fue condenado se remonta al 27 de febrero pasado, en una vivienda de barrio Abilene, en Río Cuarto. Por entonces, “Taiwán” gozaba de libertad asistida, un beneficio que le había sido otorgado en la penitenciaría de Bouwer, donde cumplía una pena por el mismo delito que estaba a punto de cometer: asalto seguido de violación. A cara descubierta, entró a una casa de familia, redujo a una mujer y, después de robar, decidió abusar sexualmente de ella. Luego escapó a Córdoba, donde fue detenido.

El hombre del tatuaje. Cuando cometió el hecho en febrero, gozaba de libertad asistida desde septiembre del 2011. Había sido condenado por un caso similar: otro abuso en ocasión de robo cometido en 2004 en Río Cuarto, donde había violado una comerciante a la que estaba asaltando. También aquella vez había escapado a esta Capital, donde fue detenido. Y antes, había purgado una condena de nueve años por 30 robos.

Como actuó a cara descubierta, su última víctima lo describió como “morocho, fornido y con el tatuaje de una lágrima bajo su ojo izquierdo”. Los policías conocían su prontuario y no dudaron el buscarlo: estaba escondido en Córdoba. Su tatuaje tumbero y el examen de ADN no dejaron dudas.

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