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Córdoba

¿Tenés una silla que “baila”?

Es muy simple arreglarla vos mismo. Aquí, un instructivo para reparar esas sillas que demuestran en su inestabilidad el paso del tiempo.

Siempre hay una silla de madera en la casa que pareciera que está “viva”. Los años han pasado para ella, las uniones se aflojaron y ahora “baila” como loca cada vez que te sentás. Por eso, antes de que esa vecina un poco excedida de peso se caiga de traste al piso cuando se siente en ella, ponete las pilas y arreglala.

Para que sea un arreglo “feten-feten”, lo mejor es desarmarla por completo. Para ello, sacá con una pinza los clavos que unen las patas con los faldones del asiento, o los posapié con cada pata. Lo mismo hacé con los travesaños del respaldo.

Por lo general, en cada una de esas uniones las sillas llevan unas espigas de madera encastradas que deberás separar con sumo cuidado para que no se rompa la espiga y queden dentro del encastre.

Cuando hayas desarmado la silla, quitá con una lija los restos de cola vieja. Volvé a encolar las espigas y encastralas de nuevo en su lugar una a una, ayudándote con un golpe martillo sobre un taco de madera para no dañar la estructura. Cuando haya quedado bien encastrado, prensá la unión colocando un peso considerable por encima.

Dejá secar por lo menos dos horas, y luego clavá por cada costado del encastre uno o dos clavos sin cabeza de un largo menor al del ancho de cada pata. Si hiciera falta, y para mayor seguridad, podés colocar con tornillos pequeñas escuadras de metal en las uniones que hacen más fuerza.

Repetí la operación de encolado y clavado en cada unión, hasta que la silla quede armada por completo nuevamente. Ya que la dejaste firme, aprovechá y pegale una lijadita completa y pintala de nuevo con impregnante, laca o pintura de color.

Y ahora, que venga y se siente tranquila esa vecina de traste prominente...

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