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Córdoba

¡No fumiguen! un grito vecinal que se extiende

En varios barrios de la periferia de la ciudad de Córdoba y en muchas localidades del interior, los campos de soja están pegados a las casas, y los productores fumigan violando la Ley de Agroquímicos. Se detectan muchos casos de cáncer.

Juan camina y va contando los muertos y señalando los enfermos de cáncer. Son muchos, muchísimos para un radio de dos cuadras a la redonda. No es Ituzaingó Anexo, pero casi. Villa Inés, un barrio de la localidad cordobesa de Monte Cristo, a 20 kilómetros de la capital sobre la ruta 19 que lleva a San Francisco, es una muestra desesperada de lo que las fumigaciones sin control han provocado en una población acorralada por el cultivo de la soja transgénica. Un negocio que además de mover miles de millones de dólares, crece sin respetar las normativas nacionales, provinciales y municipales en varios barrios de la capital ubicados en el borde del ejido urbano, y en muchas localidades de la pampa cordobesa.

Aunque la Ley provincial 9164 prohíbe que se fumigue por medios terrestres a menos de 500 metros de la última vivienda emplazada en un pueblo o ciudad, o 1500 metros si la aplicación es aérea, en muchos lugares los campos sembrados se extienden hasta las mismas viviendas.

Mi vecina, la soja.  Solo los separa una calle, y a veces ni eso. En muchos lugares de Córdoba, las verdes y rozagantes plantitas de soja llegan hasta las medianeras de las casas, con el riesgo que genera estar expuesto a un plaguicida altamente tóxico como el roundup.

Salvo en barrio Ituzaingó Anexo, donde el fiscal Carlos Matheu prohibió el pasado 30 de diciembre la fumigación en los campos aledaños, las leyes y ordenanzas son violadas sistemáticamente cuando se trata de proteger a los vecinos de los barrios Nuestro Hogar III, Guiñazú y Cabildo, de la capital. O con los que viven en Monte Cristo, Oncativo, Colonia Tirolesa, Sebastián El Cano, San Marco Sud, Alta Gracia, Jesus María, Colonia Caroya, San José de la Dormida, Sinsacate, Marcos Juarez, Cañada de Luque, Oliva, Laguna larga, Devoto, Río Cuarto, Laborde, Las Peñas o Miramar, donde la “lluvia” de roundup cae sobre las cabezas de sus habitantes sin que ninguna autoridad ejecutiva ni judicial intervenga para detener una acción que con el tiempo provoca cáncer, malformaciones hormonales o distintos tipos de alergias respiratorias o epidérmicas.

Roberto Mina, jefe del área de Sanidad Vegetal del ministerio de Agricultura de la provincia, reconoció a Día a Día la gravedad de la situación, pero aseguró que están trabajando para revertirla: “El problema en las zonas periurbanas es cierto. Por eso hemos organizado una comisión técnica para trabajar con los municipios y mejorar la situación, porque algunas ordenanzas intentan ir por encima de la Ley 9164 y del decreto reglamentario 132/05”.

El poder del dinero. “En el interior, muchos de los intendentes son productores, entonces no hacen nada para hacer cumplir las ordenanzas”, cuenta Leandro Primo, integrante de la cooperativa La Minga, de Oncativo. “Le presentamos al intendente Vottero un mapa con la cantidad de enfermos, que es alarmente, y no hace nada. La soja está pegada a los barrios”, dice Primo.

Algo similar cuenta Juan Palacios sobre Monte Cristo: “El intendente es el dueño de 20 mil hectáreas. El campo que está enfrente de mi casa, cruzando la calle, pertenece a una mutual relacionada a Fernando Gazzón”. En Villa Inés, el panorama asusta: “El último relevamiento que hicimos los vecinos, porque ninguna autoridad sanitaria lo hizo, fue en el 2004 y arrojó  63 fallecidos por cáncer, 17 enfermos oncológicos, siete con lupus, 26 con alergias y 10 con Asma o Alzheimer. En total, 123 personas afectadas”, remarca indignado Palacios.

Gabriela, otra vecina, sufrió en carne propia los efectos de las fumigaciones: “Mis dos padres fallecieron de cáncer. Mi mamá en el 2005 y mi papá en el 2007. Cuando llevamos a mi mamá al hospital Córdoba, el hematólogo nos dijo que Monte Cristo estaba más contaminado que barrio Ituzaingó Anexo”.

La situación se repite en Miramar, donde los aviones fumigadores no respetan ni las escuelas rurales, donde los chicos son rociados con agroquímicos. Luis Gaviglio, vecino de esta zona, contó a este diario: “Los productores están en las cooperadoras o son jefes comunales, entonces los docentes tienen conflictos para quejarse. Pero hubo casos en la escuela Mar y Monte que constan en el ministerio de Educación de la Provincia. Otro hecho ocurrió en la escuela rural Brochero, donde tuvo que intervenir la policía para que dejaran de fumigar arriba del colegio”. Aunque no pudieron confirmarlo, los vecinos asocian al intendente con una empresa fumigadora.

En la capi, también. En barrio Nuestro Hogar III, al sur de la ciudad, la soja está pegada a las casas. “Las avionetas fumigan a las 3 de la mañana. Al otro día los chicos andan con alergias, tosiendo o con brotes en la piel”, dice Zulma, mamá del barrio. Adriana, otra vecina, confirmó los sarpullidos y los granitos en la piel, además de los broncos espasmos en los niños. “El veneno penetra los tanques, pero los vecinos no relacionan los daños en su salud con la soja. Yo estoy hace nueve años y entiendo que la única solución es movilizándonos. En la UPAS 15 nos ayudan mucho, pero a ellos tampoco les responden. Esperamos que el fallo sobre Ituzaingó Anexo sirva para que vecinos y autoridades tomen conciencia de este drama”, pidió Adriana.

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