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“Si lo tengo que bajar, lo bajo”

un clásico. Medio broma, medio en serio, Ramos y Canever coincidieron que en la cancha “no hay amigos”. Menos aún si uno queda mano a mano.

Por Gonzalo Golocovsky y Alejandro Chávez

“Alguien lo va  a bajar primero. Y, si soy yo, bueno... en la cancha no hay amigos”. Paul Ramos tira la primera piedra. Franco Canever, lejos de achicarse, se la devuelve: “Obvio, si lo tengo que bajar, lo bajo”. La frase remite a un supuesto: ¿Qué pasa si van 0-0, está terminando el partido y alguno queda mano a mano?

Los pibes ya juegan el partido. En su cabeza, la pelota comenzó a girar con un ritmo incontrolable. Como suele ser en un clásico. Ya se imaginan en esas cuatro esquinas, que no son un ring, pero en el que nadie quiere quedar tirado en la lona.

Jugarán su primer clásico en serio. Han participado de muchos en inferiores, pero no es lo mismo. “El último en el que nos enfrentamos fue el que les ganamos en la Copa Bicentenario. También les ganamos una final en nuestro predio”, sacó pecho el lateral derecho celeste. “Sí, pero estamos parejos en el historial. La mayoría de las veces empatamos, pero Instituto también ganó varios”, retrucó el ahora marcador de punta por izquierda glorioso. No hay chicanas. No hay gastadas. Hay respeto. Hay dos pibes que están creciendo a la par, a un ritmo acelerado, en un ambiente en el que la inocencia se evapora rápidamente. 

Pero, además, hay dos mujeres, sus novias, que miran y evalúan cada una de sus palabras. “Nosotras entendemos de fútbol también, eh. Vamos siempre a la cancha. Sufrimos un poco cuando los insultan, pero bueno es así”, aportan ellas, Candelaria y María, las compañeras de Paul y Franco, respectivamente que los bancan en Día a Día.

El clásico se jugará en Alberdi. Solamente habrá público de Belgrano. Obvio, infiltrados albirrojos no faltarán. Pero, sí faltaran de la boca para afuera. ¿Incide?

“Para mí, la gente no juega. Lo que juega es la cabeza del jugador. Además, todo depende del resultado. Si les hacemos un gol, la gente los va a presionar a ellos. Si no, ellos van a tener todo el aliento”, consideró el jugador que está desde hace 15 años en la Gloria. No tuvo la misma visión quien llegó a los 8 años al Celeste. “La presión va a ser para ellos y el aliento para nosotros. Para mí sí influye en algo”, dijo Ramos.

El partido. ¿Cuáles son esos jugadores que tienen la llave del partido? Sin lugar a dudas, Franco Vázquez se llevó todos los elogios. “Me tocó enfrentarlo al Mudo en un torneo en Bell Ville y era imparable. La rompió, jugaba solo. Pero nosotros tenemos a Lima, que es un jugador muy claro y está pasando por un buen momento”, analizó Canever.

“Vázquez es un jugadorazo. Y, de ellos, me gusta Zapata. Tiene mucho despliegue”, añadió el 4 de la B.

Los primeros minutos serán inolvidables para ambos. No es lo mismo jugar con una familia detrás del alambrado que hacerlo con miles de ellas en un estadio repleto. “Cuando éramos chicos nos veían 10 personas. Ahora, jugamos con 15 ó 20 mil”, sostuvo Ramos, quien admira a Paulo Ferrari, jugador de River. “Esta es la profesión más popular de todas. El reconocimiento es distinto”, agregó Canever, fanático del holandés Arjen Robben y Alejandro Faurlin, ex compañero.

En un país en el que los laterales son especie en extinción, Ramos y Canever saben que tienen una carta importante en su puesto. A sus 20 y 21 años están poniendo su currículum en circulación. El Barcelona y Real Madrid son sus anhelos. Tan rivales como el Pirata y la Gloria. Pero, hoy, no están ni Pep Guardiola ni José Mourinho a sus costados. Están Luis Sosa y Claudio Vivas, dos entrenadores que le dieron su confianza y pretenden potenciarlos al máximo.

La timidez de estos pibes va quedando de lado. “Es raro que te llamen de los medios, salir en el diario”, repiten a dúo. Sus vidas corren caminos paralelos. El sábado esas rutas colisionarán en un mismo carril. Y, si tienen que bajarse... No habrá peaje.

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