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Tensión en San Pablo a horas del Mundial

La organización de la Copa minimiza el conflicto social que recrudece en las calles. A los trabajadores en huelga se suman estudiantes universitarios.

Para los brasileños, el futuro no será mejor: el 36 por ciento cree que la situación económica empeorará en los próximos meses, según las principales encuestadoras del país. Ese es el trasfondo de las protestas sociales que van en aumento, y que la fiebre por el Mundial que iniciará el próximo jueves 12 no puede aplacar.

El foco del conflicto está en San Pablo, la ciudad donde se dará el puntapié inicial al campeonato mundial.

A los trabajadores de tres líneas de subterráneos de esa ciudad que están en huelga se sumaron ayer los estudiantes universitarios, quienes protestaron por la utilización que hace la Fifa (Federación Internacional del Fútbol Asociado) de los predio de la Universidad Federal de San Pablo.

Para dimensionar el caos que provoca la huelga de los trabajadores de los subtes, quienes reclaman una suba salarial del 12,5 por ciento, vale mencionar que el viernes último, de acuerdo con los datos oficiales, se registraron embotellamientos por más de 240 kilómetros en avenidas y autopistas de San Pablo, la sexta ciudad latinoamericana.

Ayer, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) salió a minimizar el impacto que tendrá el conflicto en los subtes: Marco del Nero, presidente electo de la CBF calificó al paro como “un pequeño problema”, y dijo que si el conflicto sindical no se resuelve los espectadores podrán ir al estadio del Corinthians –donde se disputará el primer partido– en ómnibus o auto.

Hasta ese estadio llegan cinco líneas de subte, que ayer funcionaban sólo con personal jerárquico, mientras los trabajadores realizaban el tercer día de huelga, informó Maria Figaro, vocera del gremio. “Nada ha cambiado en cuanto a las propuestas salariales de la compañía, de manera que la huelga continuará hasta que se satisfagan nuestros reclamos”, dijo Figaro.

Desde hace más de un año se ven en las calles de Brasil protestas de distintos grupos contra la organización del Mundial.

Sindicatos en todo Brasil han usado la Copa del Mundo como elemento para ejercer presión a las autoridades y hasta el momento, con frecuencia ha funcionado, como en el caso de los agentes de la Policía Federal y de los trabajadores del sistema de recolección de basura en Río de Janeiro que obtuvieron un aumento de salario recientemente.

Los trabajadores sostienen que el impacto de la inflación se come el salario. El “Indec” brasileño informó el viernes que el índice de precios al consumidor creció 6,37 por ciento en el último año.

Otras protestas. El jueves pasado, profesores en huelga en Río de Janeiro bloquearon las calles principales de la ciudad durante las horas vespertinas de mayor tráfico vehicular en la tarde, generando un congestionamiento en las complicadas avenidas cariocas.

Como se recordará, en abril hubo una ola de asesinatos, robos y saqueos a negocios en el marco de una huelga de policías de distintos estados.

En tanto, el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo movilizó unas 10 mil personas en una protesta realizada el miércoles pasado, amenazó con “cercar” el estadio Morumbí. Este importante grupo político –socio del PT para que Lula ganara por primera vez la presidencia, en 2002– se queja por lo que considera un despilfarro de recursos del Estado en la Copa.

Ahora, la mira está puesta en la Tropa de Choque de la Policía Militarizada, a cargo de reprimir las protestas que se den en el marco del Mundial.

Las huelgas y protestas estudiantiles fueron condenadas por los principales dirigentes del Gobierno, conducido por el Partido de los Trabajadores (PT).
“Lamentable”, respondió la presidenta Dilma Rousseff cuando un periodista le preguntó el viernes su opinión respecto del paro de los trabajadores del subte de San Pablo.

El ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, apeló al orgullo nacional al pedir a los huelguistas que regresaran al trabajo. “Queremos sentirnos orgullosos de nuestro país. Dentro y fuera del campo de juego, debemos demostrar de qué somos capaces”, declaró.

Entretanto, el expresidente Lula Da Silva criticó los análisis exclusivamente económicos sobre la realización del Mundial y dijo que “una Copa del Mundo y una Olimpiada no sólo implican un rendimiento económico”. “Ahora las personas están con vergüenza de la Copa del Mundo y de las Olimpiadas”, opinó.

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Millones de personas. San Pablo, foco del conflicto, es un país en sí mismo: viven 18 millones de personas. La inflación crece en Brasil.

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