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Por las protestas sociales, la Copa de las Confederaciones pierde por goleada

Arde Brasil. Las protestas en las principales ciudades jaquearon a la Copa Confederaciones. Cientos de miles de manifestantes aún se organizan y van por más. El foco de las noticias está en ellos.

En la que se autodenomina como una de las grandes capitales mundiales del fútbol, Brasil anochece cada jornada entre el fuego y los gases. Las protestas populares son el escenario principal de las noticias de los diarios y de los medios televisivos. Las grandes cadenas como O Globo siguen el minuto a minuto en diferentes ciudades todo lo que está sucediendo, mientras el pueblo se hace sentir cada día más. Y un condimento se sumó a esta escena de película, en la voz del presidente de la FIFA, Joseph Blatter:  “Usan el fútbol como plataforma de protesta”.

Es como si le hubiera echado nafta al fuego el máximo dirigente del fútbol. Pero eso es apenas un condimento porque la Copa Confederaciones parece corrida de la escena. Un rato de fervor por el fútbol y luego los medios vuelven a ocuparse de la situación que reina y que parece incontrolable para las fuerzas de seguridad. “He escuchado la voz de la calle”, salió a decir la presidenta Dilma Rousseff. Y se prevén para las próximas horas audiencias de los referentes sociales con los altos estamentos del gobierno de Brasil. Por un lado, es un intento para poder aquietar algo que no parece frenarse y por el otro, para tratar de desempañar una copa que ha quedado relegada como principal tema de agenda.

Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte, Recife, Porto Alegre, Fortaleza, Brasilia y Curitiba han sido los lugares donde más se han hecho sentir los manifestantes. Las protestas tuvieron un inicio cuando se anunció una suba en el transporte de 3 a 3,20 reales y comenzó a provocar una ola de indignación. Menos corrupción, gasto desmedido de billones de reales en la construcción de los estadios, inflación y condiciones precarias de agunas escuelas y hospitales son el cóctel por el que los brasileños decidieron tomar las calles.

“Esta es una protesta pacífica, pero ellos (policía) son los que nos provocan con los bastones y las balas de goma”, dice Alberto en Recife, uno de los manifestantes que en la tarde de anteayer se desconcentraban.

Los noticieros y los diarios pusieron toda la atención en Río de Janeiro donde se irrumpió en el palacio legislativo y también en San Pablo que terminó con un fotógrafo herido con una bala de goma en un ojo.

Pero en Río un grupo minoritario incendió coches en las calles, destrozó cajeros automáticos y llenó de piedras y pintadas en la asamblea legislativa.

Fifa, espera. Tal cual lo dijeron en la primera conferencia de prensa en Río de Janeiro, cinco días atrás, en la FIFA aseguraron que “confían” en la seguridad del gobierno en cada sede donde se disputa la Copa Confederaciones (Rio, Recife, Belo Horizonte, Fortaleza y Salvador). Es profunda la preocupación, a sólo un año de la Copa del Mundo, que envuelve en la intimidad a la organización del torneo, aunque el principal objetivo de disuadir la llegada de las protestas a los estadios se ha cumplido de manera parcial. Donde sí ha sido todo muy efectivo fue en Río de Janeiro, la ciudad “fetiche” de los organizadores. Igualmente es una de las que ha mostrado una gran organización en la protesta callejera.

¿Va Dilma? Mientras tanto, ya se maneja como noticia casi oficial que la presidenta Dilma no acudiría al partido final (el 30 del corriente) en Río de Janeiro dado que quieren “blindarla” para evitar que su exposición le quite plafón de cara a las elecciones. En el juego inaugural fue duramente abucheada y la televisación oficial de la Copa evitó a lo largo de todo el juego inaugural de Brasilia (Brasil 3-Japón 0) tomarla con las cámaras.

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