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Murió Nelson Mandela, símbolo de la lucha contra el apartheid

Desde junio, la presidencia sudafricana describía consistentemente su estado como "crítico pero estable".

Mandela está en la historia grande. Se ganó un lugar a fuerza de tenacidad, inteligencia y su inagotable capacidad para luchar por la libertad de su pueblo, Sudáfrica.

Este jueves 5 de diciembre, a los 95 años, Nelson Mandela, Madiba, como lo llamará por siempre su nación, murió en compañía de su familia.

“Ha muerto en paz, nuestra nación ha perdido al más grande de sus hijos y a un padre”, informó el actual jefe de la nación, Jacob Zuma Zuma.

Tres horas antes del anuncio, los alrededores de la casa de Mandela se llenaron de ciudadanos y medios de comunicación que se anticiparon a la noticia.


“Sabíamos que este día llegaría, pero no puede disminuir nuestro sentido de pérdida profunda y duradera”, añadió.


Mandela fue ingresado en estado grave el 8 de junio por una recaída de una infección pulmonar, y su estado pasó a ser crítico el 23 de junio.


Mandela se convirtió en 1994 en el primer presidente negro de la historia de Sudáfrica y lideró, junto a su antecesor en el cargo y último líder del “apartheid”, Frederik De Klerk, una transición democrática que evitó una guerra civil entre blancos y negros en el país austral.


Había salido de prisión cuatro años antes, tras pasar encarcelado 27 años por sus actividades contra el régimen segregacionista, en cuyas cárceles contrajo los problemas respiratorios que le provocaron la muerte.

Profeta del amor y la unidad
Nelson Mandela fue un luchador incansable contra el apartheid, desde antes de haber estado preso durante 27 años y luego de haber sido presidente de su país y activista humanitario.

La vida de Mandela, libertador de los negros de Sudáfrica, fue una epopeya de triunfos frente a obstáculos monumentales.

A pesar de haber estado 27 años prisionero del régimen segregacionista blanco del apartheid, Mandela emergió de la cárcel con gestos de reconciliación y buena voluntad: almorzó con el fiscal que le dictó sentencia, cantó el himno de los blancos durante su juramentación y viajó cientos de kilómetros para reunirse con la viuda de Hendrik Verwoerd, quien fuera primer ministro al momento de su encarcelamiento.


Quizás uno de sus momentos más memorables fue en 1995 cuando entró caminando al campo de rugby de Sudáfrica vistiendo la camiseta del equipo nacional, al que iba a felicitar por haber ganado la Copa Mundial.


La multitud de unas 63 mil personas –en su mayoría blancos– rugió “¡Nelson! ¡Nelson! ¡Nelson!” Mucho había cambiado.


Fue en 1964 cuando lo declararon culpable de traición a la patria y lo sentenciaron a cadena perpetua en la notoria cárcel de la isla Robben.


Con el paso de los años crecía la conciencia internacional sobre las injusticias del apartheid y para cuando cumplió 70 años, Mandela ya era el preso político más famoso del mundo. Recién fue liberado el 11 de febrero de 1990.


Los gobernantes blancos de Sudáfrica lo tildaban de agitador comunista y decían que si los negros llegaban al poder el país se hundiría en el caos y en un derramamiento de sangre similar al de otros países de África. Nada de eso sucedió.


“Hemos desmentido a los profetas del desastre y hemos logrado una revolución pacífica. Hemos restaurado la dignidad de todos los sudafricanos”, expresó Mandela poco antes de abandonar la presidencia en 1999, a los 80 años.


Su última aparición pública fue el 11 de julio de 2010 durante la ceremonia de clausura del Mundial de Sudáfrica.

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