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Francisco, el papa de la gente

Belgoglio volvió a romper el protocolo, esta vez, para saludar con afecto a quienes lo aclamaban.

En otro gesto de cercanía con los fieles, el papa Francisco volvió ayer a romper el estricto protocolo y se acercó a saludar a las personas que acompañaron la misa que él celebró por la mañana en la pequeña parroquia de Santa Ana, dentro de los muros del Vaticano. “Son casi las 10. Tengo que ir a la misa. Me están esperando”, les dijo, antes de entrar a la iglesia, pero, a la salida, estrechó manos, besó y acarició a los fieles. Para todos tuvo unas palabras de aliento y les pidió que recen por él.

Todo en un ambiente de extrema cordialidad. “Reza por mí. Pero a favor, ¿eh?, no en contra”, se le escuchó pedirle a un joven, mientras su guardia intentaba contener la emoción de la gente.


La parroquia se llenó de fieles en esta misa, como más tarde se llenó de fieles la Plaza San Pedro, donde el papa rezó su primer Angelus. Allí, cientos de latinoamericanos hicieron escuchar sus loas al nuevo Pontífice, y, cuando éste apareció en el balcón, lo celebraron al grito de “¡Francisco, Francisco!” y de “¡Viva el Papa!”.

Austero hasta en las patas. El calzado de Francisco, otra prueba de su humildad. A diferencia de su antecesor, Benedicto XVI, que usaba unos zapatos rojo de diseño, Bergoglio sigue usando los mismos que tenía cuando era arzobispo de Buenos Aires.

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El texto original de este artículo fue publicado el 18/03/2013 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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