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Brasil se devoró al fútbol

Fifa. El lunes desde la organización habrá un pronunciamiento oficial de cara al Mundial. El mensaje de Dilma calmó los ánimos.

Por Julio Moya / Especial desde Brasil

En Fortaleza, ciudad del estado de Ceará, al norte de Brasil, las calles diagonales terminan en una avenida costera, a dos cuadras de La playa. Por allí, los comercios anuncian su bienvenida al público en ocasión de la Copa de las Confederaciones.

Sin embargo, en la tarde del viernes, esos comercios están a oscuras detrás de sus persianas estampadas contra el piso. Nada de la felicidad brasileña puede vislumbrarse en consonancia con la espera de los turistas. Es uno de los últimos días de protesta popular.

"Vengo aquí con mis amigos a protestar en paz. Nosotros sí queremos la copa en Brasil, pero primero que nada queremos que los hospitales funcionen y que en las escuelas haya material", dice Maia una adolescente de 20 años con una pancarta que dice: "O clima ta tenso".

Mientras no se producen incidentes, las imágenes de la TV devuelven más caos en San Pablo, después de dos jornadas en las que también Río de Janeiro se vio convulsionada.

Más de 1,5 millones de personas en 388 ciudades de todo Brasil han sostenido a lo largo de casi dos semanas una protesta férrea que en la noche de este viernes obligó a la presidenta Dilma Rousseff a enviar un mensaje a todo el pueblo.

"Compromiso, mejoras y diálogo", dijo la mandataria que además confirmó que se anunciará un plan de mejoras públicas y que dialogará con los líderes sociales. Las protestas se hicieron sentir.

Y la consecuencia es que el pueblo consiguió ser escuchado. Mientras, el gabinete de Dilma se vio envuelto también en serios cuestionamientos y, más allá de cierta subestimación que hubo en estos días, hasta la FIFA llegó la preocupación que la mostró débil.

"No hay posibilidades de que suspendamos la copa ni hay un plan B respecto al Mundial", manifestó el secretario general del ente del fútbol Jerome Vackle. En la intimidad del organismo entendieron como ciertos apresuramientos las palabras poco medidas que incluso hicieron que la serie de protestas en las calles se "devoraran" al fútbol.

"Usan al fútbol como excusa para protestar", había dicho el presidente Joseph Blatter de quien demostraron que los hechos fueron tan elocuentes que la Copa está pasando desapercibida.

Mientras, Pelé llamó al pueblo brasileño a dejar de lado las protestas e ir a las canchas. Ambos pedidos quedaron salpicados de torpeza. Las calles se poblaron de cientos de miles de personas día tras día.

Tras ello, después de la conciliación a la que llamó la presidenta Dilma, esperan en FIFA que baje el nivel de protesta y desde el comité local anhelan la clasificación a la final para que todo "sea felicidad".

Mientras, Vackle hablará este lunes ante los medios en Río de Janeiro donde se pronunciarán por todo lo acontecido e intentarán emular una especie de "balance" de la Copa.

Las molestias ya son indisimulables. En la proclamada tierra del fútbol, los partidos de esta copa quedaron corridos, marginados de la agenda de noticias.

La TV, los diarios y las cadenas radiales plantaron intensos operativos para cubrir las protestas en todas las ciudades, mientras que en torno a la Confederaciones lo único "extra" en movimiento ha sido cuando juega la Verdeamarhela, pero el fervor quedó en otro lado y muy lejos del fútbol.

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