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El bosque embrujado que hechiza a suicidas

Japón. El bosque de Aokigahara es el lugar elegido por cientos de nipones para quitarse la vida. El país tiene una de las tasas más altas.

Por año, 100 personas van al bosque de Aokigahara para terminar allí con su vida. Y pese a la densidad de la vegetación (antiguamente lo llamaban “mar de árboles), basta adentrarse unos metros para encontrar señales de muertes masivas.

El bosque se encuentra al pie del emblemático monte Fuji, en el centro de Japón, el territorio con la mayor tasa de suicidios del país que a su vez es uno de los que registra los promedios más elevados del mundo.

Una vez adentro de la espesura, un cartel previene contra el suicidio a los que recién ingresan: “Su vida es un regalo precioso de sus padres. Por favor piense en ellos, en sus hermanos e hijos. No se guarde lo que le pasa. Hable de sus problemas”. Debajo aparece el número de teléfono de la Asociación de Prevención del Suicidio.

La relación del bosque con la muerte comenzó en el siglo XIX, cuando en una época de fuertes hambrunas cientos de familias dejaban allí a niños y a ancianos que no estaban en condiciones de mantener.

La mitología que se fue construyendo a su alrededor con el correr de los años terminó de consagrarlo como un centro de atracción para matarse en 1993, con la publicación “El completo manual del suicidio”, de Wataru Tsurumi. En esta especie de guía para quitarse la vida, el autor recomienda a Aokigahara como el sitio perfecto para suicidarse.

Entre las muchas cosas que se encuentran entre los árboles, dejadas por los que entraron con la intención de matarse, hay muchos ejemplares del libro. También es escalofriante ver a los vehículos abandonados de quienes entraron y ya no salieron. También es común toparse con tiendas de campaña, llevadas por quienes prefieren tomarse días y hasta semanas para tomar la decisión fatal.

Lo que sin dudas paraliza a cualquiera que visite el bosque es encontrarse directamente con la muerte. Desde horcas cortadas hasta esqueletos con rastros de la vestimenta y amontonados, porque las autoridades rastrean el bosque sólo una vez por año. En un intento por detener la tendencia, el Gobierno nipón dejó de difundir estadísticas. Igual se sabe que la mayoría se mata ahorcándose y, en menor medida, con una sobredosis de pastillas para dormir.

Al tope. El número de suicidios en Japón superó los 30 mil por 15º año consecutivo, según datos de la Agencia Nacional de Policía. Con una tasa de 28,3 por cada 100 mil habitantes, Japón ocupa el tercer lugar entre los países de Asia y el séptimo en el mundo, con mayor índice entre las personas que deciden quitarse la vida.

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