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La escuelita de básquet en silla de ruedas del Parque Educativo Sur

La historia de estos luchadores que quieren que otros se sumen a practicar con ellos. Un ejemplo.

“¡Buena, Nahuel, así se tira, así, así!”. “Diego, por atrás, por atrás tirálo, no por el costado”. “Ya va a salir Josué, ya va a salir, tranquilo, tranquilo”. “¡De frente al aro Mateo, de frente siempre!”. La voz ronca, áspera, perfora y retumba dentro de la cancha techada de básquet del Parque Educativo de la Zona Sur de la ciudad. Le pertenece al “profe” César Castro,  quien da indicaciones en un entrenamiento donde además de sus palabras, el otro sonido que domina la escena es el del pique de “la naranja”, tan característica respecto de cualquier otra pelota. 

Si alguien escucha de lejos, podría pensar que es cualquier entrenamiento de uno de los tantos equipos de básquet de barrio preparándose para un partido o torneo. Pero, no. Algo no cierra. La voz del profe no tiene esa “imposición” tan propia  de cualquier entrenador. Suena más bien casi a un padre enseñando al hijo. Tampoco se escucha el rechinar en el piso de los movimientos de los jugadores. El sonido es otro, y la explicación es una sola.

En esa cancha no está uno de esos tantos equipos de básquet entrenando. En esa cancha, Nahuel, Diego, José y Mateo, no hacen chirriar zapatillas, hacen girar ruedas. Las de esas sillas que les permiten recorrerla de aro a aro practicando el deporte que tanto aman. Ese deporte que aprendieron a abrazar de la mano de los jugadores de la Generación Dorada. Son sólo cuatro, pero con un corazón y una voluntad tan gigante que en el rectángulo de juego parece que hubiera dos equipos de cinco jugadores cada uno y un banco de suplentes alentando cada movimiento.

Estos cuatro pibes, cuya edad no supera los 15 años, son parte de una flamante escuela creada dentro del ámbito de un predio municipal, el Parque Educativo de la zona Sur, en barrio Congreso. Ellos (y sus papás y mamás) no sólo son el vivo ejemplo de la superación, son también la muestra de que, cuando se articulan los esfuerzos en el ámbito público y el privado, ninguna iniciativa suena como imposible. Hasta aquella que les permite entrenarse y practicar el deporte que les gusta sin poner un peso y con todos los insumos que necesitan, hasta la silla de ruedas necesaria para jugar al básquet.

¿Cómo se logra esto? La Muni pone el lugar, le paga al profe y cede la infraestructura necesaria. El club Sica, de Villa El Libertador y pionero en la práctica de básquet en silla de ruedas, se suma aportando estos aparatos especiales y la asistencia logística para que se lleve a cabo. Además, muy seguido, pasan por el lugar los jugadores que militan en la Primera de ese club, como para motivar aún más a estos chicos.

Nahuel, Diego, Josué y Mateo tienen un “aguante” bárbaro. tanto, que quieren contagiarlo, no se lo quieren quedar sólo para ellos. Si, en definitiva, jugar al básquet es hacerlo en equipo. Es sumar todas las voluntades posibles. ¿O ese no ha sido el mensaje de toda la vida de un tal Manu, o Scola, o Delfino, o Nocioni? Ellos, y todo el movimiento que se ha generado a su alrededor creen que esto hay que compartirlo. Y, mientras más sillas rueden en ese campo de juego, mejor para todos.

Por eso, nos pidieron dar a conocer este proyecto, esta iniciativa. Para que más y más se sumen. Para que aquellos que crean que no pueden cambien de opinión. En este gimnasio de Río Pinto y Ballesteros se habla, se juega y se respira básquet. Y estos cuatro que hacen rodar las sillas y su entrenador que los guía te invitan a sumarte si amás este deporte. ¿Pasás, o todavía buscás una excusa?

Las luchadoras silenciosas

Ellos van y vienen en sus sillas de ruedas. La “naranja” pica, se eleva, busca el aro, “boquea” sobre los bordes y finalmente la red se hincha para dar paso al doble. Nahuel, Diego, Josué y Mateo están metidos en su mundo, el del básquet. Miran al profe, se observan entre ellos, buscan mejorar en cada movimiento. A su alrededor suceden muchas cosas. El Parque Educativo de la zona Sur está poblado de otras actividades, pero ellos sólo se deslizan y sus manos van adquiriendo ese marrón tan característico de aquellos que practican básquet.

En un rincón, tratando de ser casi invisibles ante la vista de todos, están Pabla y Analía. Una es la mamá de Mateo, la otra, de Josué. Nos sentamos en el piso con ellas y comienza una charla distendida, rodeados por los hermanos de ambos que requieren también atención. “Se hace difícil, saben que sobre ellos (Mateo y Josué) tenemos una atención especial, por eso nos demandan también su cuota de ‘mamá’”, dice Pabla entre risas. Las dos mujeres tienen en claro de qué se trata la palabra lucha. Sus pequeños padecen de espina bífida, una malformación congénita en la que existe un cierre incompleto del tubo neural al final del primer mes de vida embrionaria y posteriormente, el cierre incompleto de las últimas vértebras. Esa es la causa por la cual sus hijos están en una silla de ruedas. “Fue y es muy duro, pero aprendimos a sobrellevarlo, ellos hacen una vida normal nosotros tratamos de que así sea, y el deporte está en ese plano”, dice Analía. “Nos encantaría que vengan más chicos, les pedimos a los papás, que se animen y los traigan”.

¿Cómo sumarse?

Las prácticas de esta escuelita de básquet son los martes y jueves, a partir de las 16.30 y no hace falta inscripción previa para sumarse. 

Con el Parque Educativo Sur te podés contactar de la siguiente manera:

* En Facebook: www.facebook.com/parqueseducativoscordoba

* Por teléfono y whatsapp. Al número de celular: 351- 155376418

* Por correo electrónico: parqueseducativoscba@gmail.com

* Dirección: Río Pinto y Ballesteros, en barrio Congreso. 

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