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Día Mundial

Invasión de brasileños en la práctica abierta de la selección

muy abierta. La práctica con pública terminó con la invasión de brasileños que le rindieron honores al 10 argentino.

Messi maravilhoso. El 10 argentino fue la sensación ayer en el primer contacto que tuvieron los hinchas brasileños con la figura de la Selección, en la práctica abierta obligatoria que determina la Fifa para todos los equipos.

Ante cerca de unos cinco mil hinchas (la mayoría locales), entre una mezcla de fervor con placentera excitación, podría suponerse que salían a la cancha el Brasil de Neymar junto con la sombra de Pelé. Pero fueron Messi y Cía. los receptores de una inusual e impensada muestra de afecto, si se tiene en cuenta la histórica rivalidad futbolística que los separa.

El entrenamiento, que fue bien livianito, no pudo concluir. ¿El motivo? Las reverencias hacia Leo. Ese final fue acaso la síntesis perfecta de la locura que Messi y las figuras argentinas despertaron. Cuando los jugadores se retiraban del campo, un puñado de fanáticos, encabezados por un hombre de remera roja encaró a Leo y tras agacharse le tocó los pies. Luego, el 10 se dejó abrazar y retribuyó el gesto entregándole su buzo.

Al toque, otro muchacho, cuyo aspecto era sorprendentemente parecido al de Ronaldinho, invadió también el terreno y tras burlar la seguridad se acercó a la Pulga para hacerle un reverencia.

Quién es. El doble de Dinho se llama Robinson Oliveira, tiene 23 años y se dedica a imitar al crack que no fue convocado por el DT anfitrión. El parecido físico es asombroso y él mismo cuenta que hasta le pagan por ser extra del ex 10 de Brasil en publicidades y llega a ganar entre 500 y 10 mil reales al mes.

“Quería saludar a Messi, es mi ídolo, y, por suerte, pude hacerlo. Me metí en la cancha, porque estaba fácil”, contó Robinson, que hasta le hizo soltar una carcajada a Leo, quien no podía creer el parecido con su amigo en tiempos del Barcelona.

Fueron unos pocos segundos de caos, pero el más sano de los caos. Para los jóvenes mineiros fue acaso la única oportunidad de acercarse a su ídolo, ese que, paradójicamente, sueña con quitarles la Copa Mundial en su propia casa.

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