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Villarreal: El profe me hace acordar a Boca

Recuerda. Javier Villarreal dice que la exigencia del PF Navarro es tan dura como la que tenía en el Xeneize con el profe Santella: “Nos mata”.

“Yo cebo mates. No me vengas con eso de la Play”, dice Javier Villarreal. El volante y capitán de Talleres interrumpe las frases con el sonido de la bombilla. Como si tuviera algún espasmo que le entrecorta la voz. Pero no, sólo atina a tomar dos mates cada uno que reparte. Sabe esconder y disimular que el segundo sigue siendo el primero.

En el momento de la charla telefónica con Día a Día, cuenta que está sentado de costado hacia los pibes que manipulan el joystick. Se matan, se cargan y se gritan los goles en la cara. Cada tanto engrandecen sus pupilas frente a la pantalla, corriendo con la camiseta de Messi, la de CR7 o la de Iniesta. “Vos dame las cartas, yo reparto y cuando menos te des cuenta te echo la falta”, dice Villa. Que por ser tan especialista en el truco, podría ser un gran “mentiroso”.

Sin embargo, no suele andar con ciertas grandilocuencias. Y cuando se da la ocasión no escatima en comparaciones por más odiosas que suenen. “Navarro no está destrozando”, dice del preparador físico de la T, ese gringo odiable en tiempos de pieles transpiradas. “Cuando jugaba en Boca el profe Santella trabajaba muy fuerte, la exigencia de Navarro es muy parecida a la que teníamos en Boca. El profe en esta pretemporada en Talleres me hace acordar a las más exigentes que tuve en Boca. Hasta cuatro turnos hacemos”, resalta el oriundo de Alta Gracia.

Desde el grito del gallo. El plantel y el cuerpo técnico se levantan a las 6.30. Allí comienza todo en cada jornada en el “búnker” de Arroyo Seco, en la provincia de Santa Fe. Luego comen alguna colación y meten gimnasio que se desdobla luego a potencia, desayunan y los agarra Sialle con ejercicios tácticos antes del mediodía. A la tarde retornan a otro trabajo a fondo con Navarro y es correr y correr. “Comemos y dormimos. Pero siempre tenemos hambre y sueño. Igual, calladitos. Estamos trabajando muy bien con el profe. Sabemos que esto tiene un sentido”, resalta Villa.

Es el momento crucial en Talleres para algunos. Es la época antes de la época. Es el mojón del kilómetro cero que no tendrá retorno. Es la idea clara de que se está cruzando en el barco, en el medio de la tormenta, con posibilidades de dominar la nave hasta la hora de la calma. La T tiene todo para que esta vez no se escape. Por ello, la palabra “ascenso” cada día que pasa se tatúa más en la piel y cada vez que se llega a merodearla casi no hace falta refrescarla.

“El grupo está bien, con ganas y metidos. Cacho (Sialle) tiene que hablar bien con nosotros, no hace falta mucho saber de qué vamos a hablar. Está cantado. Es un momento especial. Acá hay que entrenar y pensar en el objetivo. Hasta que no empiece todo, cuando nos toque jugar, uno nunca sabe qué pasará. Y, más allá de los 11 que arranquen, todos sabemos que hay que ganarse el lugar”. Después de ese monólogo, Javier se puso más serio de lo que sonaba. No es cuestión de hablar a la ligera cuando hay que habla en serio.

“Todos hablamos, está todo muy en claro y los que han venido, se han sumado bien. Nos vamos conociendo más. Creo que tanto Medina (defensor) como Benítez (lateral volante izquierdo) son dos muy buenas incorporaciones y nos ayudarán que podamos llegar a mayo con toda la ilusión que arrastramos”, expresó.

¿Y los pibes? Con los chicos también hay que hablar, que entiendan de qué se trata, qué es lo que se juega Talleres y hacia dónde va. “Los chicos muy bien, se van dando cuenta de la situación en la que estamos, de lo que tenemos que pelear, están entrenando a full. Los pibes que subieron también, pero todo el grupo los tiene que ir llevando”, enfatizó Villarreal.

El volante central dice que está bien. “Cacho me carga, me dice que ahora parezco un jugador en serio, ja. Pero me siento muy bien. Más preparado, con más rodaje y con más ganas”, agrega.

La tarde cae en Santa Fe. Los mates están lavados y es hora de cambiar la yerba. Javier dice que ya tiene la lengua verde. Que volverá al refugio de cada día, de cada instante: La Biblia. “Leo mucho, todos los días. La verdad que es un momento que me calma, me hace pensar, me fortalece, para eso estamos. Para alimentarnos de la palabra. Después leo algún que otro libro y también escucho música”. Cabecea un poco. Espera la cena, la cama y seguir corriendo.

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