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Talleres, ¡Anticipó Halloween!

De terror, Talleres. El equipo albiazul perdió 4-1 con Brown de Adrogué y coronó la peor producción del campeonato. Noche terrorífica en el Kempes: tercera caída al hilo para los de Sialle.

La lluvia y la tormenta abrieron en Córdoba una jornada de esas que tienen las películas de terror en los comienzos. El castillo a oscuras, con relámpagos por las ventanas.

Como si se tratara de un presagio a una noche olvidable. El Kempes, con refucilos hacia el sur, no sólo abrió un “espanto” hacia el campo de juego, sino que a medida que corrieron los minutos, el terror en el terreno se acrecentó.

Fue una noche de las más desastrosas en la temporada, como si se hubiera anticipado la fiesta que los yanquis celebran como “Halloween”.

Pero hay que decir que la caída 4-1 ante Brown de Adrogué fue anoche una verdadera Noche de Brujas.

Ni el vértigo por las bandas. Ni la contención que se esperaba en el medio, tuvo este Talleres “sin ley” en el medio. Una pobre actuación coronó el Matador, hasta que la visita, Brown de Adrogué, le mojó la oreja. Fue una de las peores media horas que se le vio al equipo de Sialle.

Inconexo, poco laborioso, previsible, frente a un rival que planteó su contención más allá de la zona de tres cuartos. Como consecuencia de ello Juan Tevez (reemplazó a Klusener, suspendido) y por momentos Sanchez Sotelo se veían obligado a retroceder para que alguna bocha les llegara. Ningún acto lo favorecía. Su sustento carecía de concordancia en el traslado.

La relación cabeza-piernas no funcionó en su mayoría. Y, con pocos errores, distracciones, “somnolencia”, Talleres recibió un cachetazo inesperado a los 31 minutos del primer tiempo.

Matías Sproat recibió en soledad una pelota llovida por encima de toda la línea defensiva. Así se acomodó ante la salida de Santillo que nada pudo hacer.

El 1-0 también parecía un excesivo premio para un equipo que sólo fue inteligente para cuidarse, lejos de su valla.

Inmediatamente, en un avance albiazul, recibió Juan Tevez una pelota en el medio del área, que pareció ser trabado “estilo tijera” más un forcejeo con un defensor rival y el juez Lamolina vio penal. Sánchez Sotelo remató abajo, a un costado del ex Talleres Matías Giordano y puso el 1-1.

También, demasiado premio para lo que había hecho la T. Increíblemente, la defensa albiazul dejó un hueco muy fácil en la puerta del área. Eso pasó en minutos.

Y fue Mariano Guerreiro el que facturó. 2-1 para un Brown, vivo. Otro cachetazo para un Talleres somnoliento.

La peor segunda parte. Nada de nada pasó ni cambió en el complemento. Sialle sacó a Brítez Ojeda y puso a Navarro en el medio. Pero el volante poco gravitó para sumar creación. Carabajal, reemplazado por Salmerón y Fredrich que entró por Bazzi para buscar por la izquierda, menos que menos aportaron.

Talleres fue una máscara desdibujada como el esas sagas de películas de terror. Casi que el espanto superó a cualquier indicio de suspenso. Brown jugó sin armas en las manos pero, por momentos, en las estocadas de contra, pareció abrirle el pecho a Talleres con una motosierra.

Fue aplastante, apabullante todo lo que fue sucediendo. Pablo Miranda con un remate tras un centro corto y Martín Fabro por el otro lado, terminaron de coronar la sentencia definitiva. Antes del último cuarto de hora final.

Se juntaron todos. Freddie Kruger, Jason, los más encumbrados asustadores de turno que llevaron esa camiseta casi desconocida de Brown de Adrogué.

Talleres, que hilvanó la tercera caída en fila, lució ingenuo, sin creación y hasta por momentos aferrado a sus inseguridades con un cuchillo escondido que jamás usó. Y así le fue.

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