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Sufrir el Dakar con altura

La dura lucha contra la competencia, el clima y la altura en Bolivia, relatada por un corredor de Carlos Paz. Su camioneta se dañó y pasaron la noche a 4.200 metros y con nieve.

El Dakar 2017 al extremo. La competencia más rigurosa del mundo le agregó otra dificultad, la altura. Y la padecieron un grupo de pilotos que debieron pasar la noche "en medio de la nada" en el desarrollo de la quinta etapa que unía Tupiza con Oruro, en Bolivia.

Entre ellos, Sebastián Scholz Vergnolle, de Carlos Paz (el de la derecha en la foto inferior), navegante de Martín Maldonado (Bariloche). Su camioneta Mercedes del Colcar RT pegó contra una piedra cuando transitaba a 130 kilómetros por hora, y quedó con la suspensión destruída.

 

 

"La piedra era del tamaño de una silla, estaba tapada por la vegetación. Comenzamos a reparar la camioneta y empezó a llover. Y después a nevar. Estábamos a 4.200 metros y con menos de cuatro grados de temperatura. Tuvimos que quemar una cubierta para darnos calor y para evitar la hipotermia", relató el Pitu Scholz.

Un helicóptero de la organización del Dakar los fue a rescatar, pero eso implicaba abondonar la competencia. Y se negaron, por el espíritu de supeación y el amor propio.

"Vinimos con la idea de terminar la carrera, nos mentalizamos para eso. Estábamos dentro de la camioneta, dispuestos a pasar la noche ahí, pero pasó un lugareño y nos invitó a su casa. Se llama Willy y cria llamas. Estaba recorriendo la zona buscando a los animales", detalló.

"Vive en un pueblito de 40 familias llamado Polulos, en una casita de adobe a ocho kilómetros de donde estábamos. Nos prepararon dos camas. Una familia muy humilde y hospitalaria, y un lugar como esos que podés ver en un documental por la tele, hasta que la realidad te golpea de cerca", describió.

"Quemamos una cubierta para darnos calor y evitar la hipotermia. Después un lugareño que cría llamas nos invitó a su casa".

Por la mañana lograron reparar el vehículo y completar la etapa a tiempo para reengancharse, con la fortuna de que la sexta etapa, prevista para el sábado, se suspendió a causa de la lluvia. Este lunes volverán a la carrera.

El corredor destacó además como les sirvió el entrenamiento para hacer frente a condiciones tan adversas. "Hace cuatro meses que venimos entrenando, una o dos horas por día. No sentí tantos los efectos pero estábamos un poco apunados".

 

 

En cuanto al equipamiento, también les resultó indispensable. "Llevábamos la ropa ignífuga y el buzo antiflama. Por reglamento, para estos tramos también era obligatoria la campera de abrigo y la manta térmica", completó.

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