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Deportes

Suena a básquet

Las Águilas. Esta es la historia del único equipo de básquet para ciegos del país. Pelean por mantenerse y sumar jugadores a una actividad que se hace a pulmón y amor.

El ringtone del celular comenzó a hacer de las suyas. Wilson Jerez atendió el llamado y sintió la voz de una amiga que le contaba que buscaban un profe de básquet. Eran los inicios del 2011.

Y allá fue: al Centro Deportivo Güemes, en donde comenzó a formar parte de una particular historia. Este profe de educación física se reunió con Ricardo Moyano, un no vidente al que el glaucoma le sacó la vista. Pero no las ganas. Y, con su impulso y la llegada de Jerez, le dieron forma a Las Águilas, el único equipo de básquet para ciegos del país. Y es cordobés.

Sobre aquel primer encuentro, Wilson recuerda: “No supe hasta que lo vi a Ricardo que se trataba de básquet para ciegos. Cuando nos juntamos le dije que de básquet sabía, pero que de básquet para ciegos no sabía nada. Era una cosa que íbamos a tener que trabajarla juntos. Ellos me tenían que enseñar sobre su discapacidad y yo enseñarles lo de básquet.

Y empezamos la primera clase en la que me vendaron los ojos y ellos me guiaron a mí por el gimnasio. Fue todo una cuestión de prueba y error. Pero me ayudó mucho que mi esposa es profesora de educación especial”.

Iguales y diferentes. Distintas historias se cruzan entre los integrantes de Las Águilas. Por ejemplo, Jorge Planes es de Trenque Lauquen. Pero se vino a vivir a Córdoba cuando se enteró que estaba éste equipo.

El día que no existan más Las Águilas, se mudará de nuevo al sur. O Isabel, que tiene un puestito ambulante en el centro. Ella nunca había hecho ningún deporte en su vida. Pero se animó y avanzó notablemente en la técnica de sus movimientos. También Pepe que, de grande, quedó ciego a causa de un accidente. Pero salió adelante, por él, y ahí anda picando la pelota, tras encontrarle otro sentido a la vida.

Los jugadores se acomodan en la cancha y los movimientos empiezan. De fondo, se siente una sirena. Es la que se ubica detrás de los aros y les sirve para saber hacia dónde tienen que ir y lanzar. Sí, es el básquet sonando.

La génesis. En 2011, se dictó el primer campus de básquet para ciegos en Tanti. Allí fue Moyano con otros no videntes (totales y parciales). Y les gustó. Entonces, se plantearon seguir con la actividad y armar un equipo en Córdoba. Y se unió ese camino con el de Wilson. “Fueron una serie de casualidades para que se diera todo esto”, contó Jerez.

Las Águilas trabajan los miércoles, a las 10, en la cancha de básquet de Talleres. También utilizan las instalaciones del Centro Deportivo Güemes. Allí se juntan entre cinco y siete jugadores para trabajar bajo la batuta de Wilson Jerez. Se hacen cargo de todo. El propio profe se encargó de armar los aros especiales. Utilizan los de minibásquet (son más bajos) y también la pelota de mini (una número 5, del tamaño de un fútbol; el básquet tradicional mayor usa la 7).

A todos los implementos los compran entre ellos. De a uno. De a dos. Como se puede. Pero para algunas cosas no alcanza.

El año pasado, Wilson recibía de la Agencia Córdoba Deportes una beca mensual de 800 pesos. Todo suma. Su señora Pamela (que es profe de educación especial) lo acompañaba siempre y, entre los dos, cuidaban y educaban deportivamente a Las Águilas. Pero este año hubo cambios. A Jerez, la Agencia le quitó la beca. Y Pamela fue mamá. Así que ahora se hace cargo de Maitena, la nueva integrante de la familia Jerez.

En relación a esta situación, Moyano explicó: “Le pedimos a la Agencia que revea su decisión. Necesitamos que nos ayuden, que nos den la beca para el profe. Es todo lo que pedimos. Todo lo demás, lo compraremos nosotros. No tenemos ni camiseta de Las Águilas porque no las podemos comprar. Pero nos basta con esa beca para él”.

Y amplió: “El profe nunca bajó los brazos y se adaptó a todo. Siempre tuvo ganas de aprender y de dar. Por eso trabajamos tranquilos y felices. Esto nos mantiene vivos. Nosotros no estamos en condiciones de pagarle los 800 pesos. Pero para el Estado me parece que no es mucho dinero”.

De acuerdo a lo explicado por los integrantes de Las Águilas, la Agencia les exige que tengan al menos 25 alumnos por profesor. Y por ser una actividad tan novedosa y que tiene poca difusión, les cuesta acercar nuevos integrantes a la actividad.

Ganan todos los días. Las Águilas no se guardan nada. A cada clase-entrenamiento le dan todo. Y el profe Jerez lo reconoce.

Y se reconforta: “Es impresionante ver las ganas que le ponen. Conmueve ver cómo atienden y aprenden. Tienen mucha perseverancia y eso contagia. Te llena verlos entrenar. Con mi señora siempre decimos que terminamos cansados físicamente. Pero no mentalmente. De la cabeza salgo bárbaro, con ganas de volver y de mejorar cada entrenamiento”.

Existen dos instituciones provinciales dedicadas a trabajar con no videntes. Una es la Julián Baquero, que es un Centro de Rehabilitación para Ciegos Adultos, en donde aprenden a desenvolverse con sus problemas de visión. La otra es la escuela Hellen Keller, que se encarga de lo mismo, pero con niños. Pensando en un semillero de futuros jugadores, quizás allí esté el futuro de Las Águilas.

Y ahí están. En su lugar en el mundo. Qué bueno tenerlo. Qué bueno que a través del deporte (en este caso, con el básquet) hayan encontrado un espacio que ellos mismos salieron a buscar. A este equipo lo parieron, le dieron entidad y lo bautizaron. Un sentido de pertenencia indiscutible. Y con inestimable valor. Primero, porque es de ellos. Y, segundo, por todo lo que significa, les gratifica y les da. Mientras, ellos le dan al deporte. Que no paren de jugar.

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$ 800

Por mes es lo que Las Águilas le piden a la Agencia Córdoba Deportes. Es para la beca del profe Jerez.

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