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Rodrigo Escribano: A esto no lo hago gratis, lo hago por mi hermano

Habla Escribano. El titular del Fondo cuenta cómo llegó a Talleres, sus sueños y la dedicatoria a su hermano Ramiro, que falleció hace 4 años.

Tuvo incontables oportunidades para llegar a Talleres. Pero arribó al club por accidente. O mejor dicho por un accidente. O más aún por la peor desgracia que le ha tocado vivir. Rodrigo Escribano apareció en el club tiempo después de que la peor tristeza lo abrazara: la muerte de su hermano Ramiro. Y se lo confiesa a Día a Día.

Había sido un día inolvidable para él en una reunión familiar. “Tenemos que hacer algo Rodrigo. Talleres tiene que salir de esta situación y tenemos que entrar al salvataje, puede ser sustentable el club”… Esas fueron las últimas palabras en vida de su hermano, que rozaba los 33 años como padre de dos hijos, contador, y que el hoy máximo dirigente albiazul cuenta que escuchó.

Después, la tragedia. Un teléfono que sonó a las 6.45 de la mañana. La noticia fatal de un accidente saliendo por la colectora de la autopista de Carlos Paz. “Habíamos comido un asado. Él se quedó con mi papá y unos amigos en una casa de Icho Cruz y seguía machacando con Talleres, convenciendo a mi papá”, recuerda y agrega: “Él era pasional, de llorar. Si Talleres perdía, se volvía loco”. Se cruzó un taxi con su conductor, que se había dormido, e impactó en el auto de Ramiro, que iba con dos acompañantes, quienes resultaron ilesos.

Escribano está triste porque en el momento de la nota cuenta que justo es el día (el viernes) del aniversario (4 años) de la desaparición de Ramiro. Eso cambia la tonalidad de las voces. Las del entrevistador y la del entrevistado. Y también la de la fotógrafa que deja el lente para observar por encima de la máquina. “Me mandó un último mensajito, que aún tengo en el celular, como a las 3 de la mañana. ‘Viejo’ me decía, que me quería y lo que algunos dicen en los momentos previos a esos hechos”, agrega.

La nota había trasuntado un trecho en la que se habló de todo y de todos. Pero con este cruce se produce un quiebre y una exhalación albiazul que nace del corazón y corre por las venas.

–¿Cómo llegaste a Talleres?
–En 2005 hicimos algún trabajo con Los Notables. Desde la quiebra del 28 de diciembre hasta junio de 2005, en la que no nos pusimos de acuerdo con Tale. Y ahí el juez decidió darle la concesión a Carlos Granero, quizás mal asesorado por el Fideicomiso de ese momento. A partir de allí hice un control de la quiebra. Y lo hacía además por mi relación personal con Aldo Roggio (máximo inversor de la T), que me pedía que lo mantuviera informado. Después, Aldo me pedía que buscáramos, tras la administración de la Fundación Azul y Blanco, una figura jurídica. Trabajamos en 2010 y convencimos a los inversores a que bajo una estructura le propusiéramos una coadministración al juez sin correr al Fideicomiso pero diferenciando las funciones. Y firmamos el contrato que nos liga hasta 2014.

–¿Quién es Escribano?
–Soy socio desde los 8 ó 9 años. Mi viejo (Florencio) me decía que para ir a la cancha había que ser socio. Salvo las épocas de (Carlos) Granero y de (Carlos) Ahumada no pisé la sede, pero iba a la cancha. Y siempre tuve la posibilidad de formar parte del club. Pero nunca se dio porque lo rechazaba por mi actividad privada, siendo abogado que asesora a empresas.

–¿Lo que logres con Talleres va para Ramiro?
–A esto no lo hago gratis y no estamos hablando de plata. Por eso, con esto que me pasó la paga será de un valor incalculable.

–¿Tenés tiempo para trabajar además de Talleres?
–Trabajo a toda hora. Por suerte mi señora (Paula) me banca.

La tristeza se le irá cuando llegue a su casa luego. Baltazar (7 años), Benicio (5) y Cristóval (1) lo esperan en el hogar.

–¿Es verdad, Cristóval anotado con “v” corta?
–Jaja, sí sí, puro Talleres, aunque me den con un caño. Cristóval, con “v” corta.

"Sólo espero clasificar"
Todo está dado para que Talleres comience de la mejor manera, tras una pretemporada casi impecable y con el club con absoluto orden institucional. Queda esa variable que explica bien Rodrigo Escribano, la de los resultados. “Creo que tratamos de que no haya margen de error. Y hay cosas que acá no se pueden medir mucho. Yo como acostumbraba a manejar empresas en crisis, la gran diferencia que tiene Talleres con una empresa en crisis, es que en una empresa podés medir las variables de por qué gana y por qué pierde y reducir el gasto, el costo y la pérdida. En un club de fútbol hay una variable que es imposible medir, la del resultado deportivo. Es lo que marca el éxito de una gestión y no se puede manejar. Hacemos todo para que los jugadores sólo se preocupen por ganar.

–¿Se puede decir que ese resultado deportivo, cuando Talleres perdió la Promoción con Argentinos en 2004 y descendió a la B Nacional podría haber dado otro destino a todo esto?
–No, era una cuestión de tiempo. Era una bola de nieve imparable y debía 60 millones de pesos, con otro valor del peso. Luego hubo administraciones espantosas que nos dejaron en el Argentino A. Como digo que el resultado deportivo no se puede medir, lo institucional sí se puede medir. Y era un desastre. Creo que para hacer un Pastore hay que trabajar para eso. Si tenés un pibe de inferiores que puede ser un Pastore le tenés que dar todo para que lo sea. Cosa que cuando llegue sea fuerte, no se lesione, esté contento con el club, contenido. Por consiguiente, a todos los chicos del club hay que tratarlos como un futuro Pastore. Porque algunos de esos va a ser, va a llegar. Y te va a cambiar la historia del club. Entonces hay que tener esa visión a mediano plazo. Sabemos de un chico de siete años dónde vive y quiénes son sus padres, qué problemas tiene, colegio, amigos, conducta, sus cualidades. Eso achica el margen de error.

-Si trabajan para conseguir un nuevo Pastore, es un trabajo invisible que se condiciona por la necesidad del ascenso que hoy tiene el hincha…
–Todavía no es visible. Y no es visible para la gran masa. Tiene que pasar un proceso, necesariamente. Y este año que pasó históricamente va a ser recordado. El 2011. Talleres... de deber 28 millones, ya sabemos cuánto vamos a deber: seis, nada más. Se solucionó el 80 por ciento de la deuda de Talleres. Tal vez lo del Argentino no se dio, pero se pagó. Te pido que me nombres dos clubes de la Argentina que deban seis millones y no vas a encontrar más. Esto es histórico. Estamos mucho mejor que la mayoría. Sabemos que vamos a salir, que es una cuestión de tiempo. Hay que ser inteligentes ahora. Éste es ese momento. Y en 2014 vamos a tener una camada de chicos que se vienen con todo.

–Vos, por estar de la vereda para adentro en el club, ¿sentís una injusticia que eso no se comprenda?
–No ahora. Es un proceso que se está desarrollando y como los resultados no están, esto es el resultado. Hay que esperarlos. Entiendo las reglas de juego y las acepto.

–¿Te bancás que te insulten en la cancha por esto?
–Sí, eso no me molesta. Mañana van a darse los resultados y me van a decir que soy el mejor y tampoco es cierto. Éste es un gran engranaje en el que todos cumplimos nuestra función.

–Se recomienza con todo listo…
–Sí, yo tengo satisfacción porque lo vi al plantel laburando en serio. Uno no tiene nada que reprochar ni al cuerpo técnico. Ejemplo de trabajo y de seriedad. Sobre todo de sensatez. Trabajar para ganar y si no se da seguir trabajando.

–¿Te gusta el perfil de Arnaldo Sialle para perdurar?
–Sí, la verdad que Cacho Sialle nos ha sorprendido gratamente con la comprensión del Mundo Talleres y del compromiso que asumió con el club. Es el primero para trabajar, para tratar de mejorar. Ojalá que sea el principio de un proceso largo.

–Tomando el año futbolístico, de junio hasta acá se cometieron errores, ¿qué autocrítica hacés?
–Hubo errores en todos los ámbitos, no sólo en lo futbolístico. Lo que más se nota es en la contratación del técnico y hay que ponerlo en su contexto. Uno, cuando lo eligió (a José María Bianco), estaba convencido que era la mejor opción para el club. Esto es resultado y, si no se da, hay que asumir el error y analizar qué se hizo mal. La frustrada conformación del Comité de asesoramiento fue un error más que importante y que a partir de eso se generó una gran oportunidad en el club. Nosotros veíamos en la conformación del club, como un error, que los dirigentes tomaran decisiones deportivas. No funcionó el Comité y se dio un paso a la gerencia deportiva que entró con una decisión asumida. La llegada de Maximiliano Salas reordenó internamente todo.

–¿Con Diego Graieb (anterior titular del comité) te quedó alguna espina?
–Sí, seguro. En un club así hay que tener mucho cuidado de lo que se dice y se hace, sobre todo cuando se lo representa. Se puede alterar la imagen y la fama de la institución. A Talleres le hizo mal el actuar del Diego (Graieb). Pero no tengo ningún tipo de rencor ni de cuenta pendiente. Quizás algún día lo charle con él. Hay que tener cuidado en cómo se actúa.

–¿Qué esperás de ahora en más?
–Sólo que ganemos y que clasifiquemos. Desde adentro y trabajando desde el club se siente muchísimo cuando la gente apoya. Es un fenómeno social tremendo. En estos momentos de crisis se ven los verdaderos hinchas. Tratemos de ser todos verdaderos hinchas y de sostener al equipo 95 minutos. Después critiquemos lo que sea. Si hay aliento, después pueden decirnos y putearnos lo que quieran que van a ser escuchados y receptados.

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