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Rally Argentina 2012: Sebastien Loeb y muchos más

Detrás de un campeón, hay un gran equipo. Día a Día en la carpa de Citroën en el Parque de Servicio. Mirá el video.

¿No lo vite’ al príncipe? Nosotros nos estábamos sacando fotos con el príncipe”. Enamorados del deporte que hace 32 años visita Córdoba, un puñado de fanáticos del rally tuvo la chance el sábado de un encuentro “cercano” con los pilotos en la carpa- comedor de Citroën.

Estar “del lado de adentro” de la valla no es algo que te pase siempre. Es por eso que aún tiritando le sacaron fotos a todo mientras esperaban la llegada del campeón. A las 19.20, exacto como lo anunciaba un monitor negro en primer plano dentro del box, apareció rugiendo el auto de Mikko Hirvonen.

Dos minutos después, Sebastien Loeb dio un coletazo y entró al box de al lado. Grititos de euforia de los fans: “Fuáaaaa!”, se escuchó. Adentro se servía una merienda sin café ni criollitos: había rodajas de morcilla con daditos de manzana, tostadas con atún y berenjenas, vino y cerveza. Una pizarra con los horarios y mensajes en francés para el equipo y, entre la gente, el piloto qatarí Nasser Al Attiyah, cuyo abandono temporal brindó a los fans la posibilidad de una charla, un saludo y una foto con destino seguro a Facebook.

En los 28 minutos que la troupe de mecánicos tenía para hacer su trabajo, había que cambiar la trompa del Citroën y poner las luces aptas para correr de noche, mudar amortiguadores, limpiar vidrios embarrados, ajustar lo que estuviera flojo y salir a horario. Desde temprano, un hormigueo de hombres puso a punto las piezas y la maquinaria mecánica necesaria para “desarmar” el coche del campeón en cuestión de segundos.

Saltando por el frío y bromeando en francés, ante la mirada de los fans, los mecánicos también registraban su trabajo ante el mundo, a través de mini cámaras en sus cabezas que grababan sin pausa aquello que miraban, como en un reality show. Una vez que los dos pilotos oficiales de Citroën se bajaron de los autos, y sin intercambiar muchas palabras, cada “hombre de rojo” se apoderó de uno de los flancos del auto para trabajar. Los casuales observadores opinaban: “Che, viste que faltan 10 minutos para que salga, ¿le habrán avisado?”.

Ansiosos porque en 20 minutos largaba el Súper Especial del Parque Temático y el auto estaba sin ruedas, algunos se perdieron el veloz regreso de Mikko y Sebastien a los autos, aunque un osado se animó tomar al campeón de los hombros y disparar una autofoto, ¿cuándo si no? Con otro rugido que despejó el viento gélido, Loeb salió del parque para seguir en carrera. Una hilera de bocas abiertas y ojos admirados lo acompañaría hasta el próximo podio.

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El texto original de este artículo fue publicado el 29/04/2012 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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