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Deportes

Piñón Fijo antes de ser Piñón Fijo

Su sueño de ser jugador. La infancia en Deán Funes. Su padre futbolista. Las pruebas en Talleres y en Instituto. Y el día que supo que lo suyo era “ser otra cosa”.

–Piñón, ¿hablamos de fútbol?
–Claaaaaaaaro. Soy el payaso más futbolero... o el futbolero más payaso, ja, ja. Tengo una historia de jugador de fútbol, eh...

Antes de Piñón Fijo hubo un chico que soñó con ser jugador de fútbol. En el terreno baldío que había al frente de su casa en Deán Funes, el pequeño Fabián Gomez encontró las primeras verdades de su vida.

“La cosa es que yo como futbolista no era un gran machista, ja, ja. Porque en ese tiempo, cuando era chico, estaba la antinomia deportiva Fillol-Gatti. Para mí, Gatti era Superman. Viste que el Loco era un tipo de vestirse de manera transgresora. Se diseñaba un personaje, prácticamente. Como a mi me gustaba Gatti, yo me hacía la ropa también je, je. Y me quería hacer el Loco. Cortaba pantalones, vinchas y guantes y me encantaba parecerme a él. Y jugaba de arquero por él. De chico, jugaba al frente de casa. Era un potrero, literalmente. Ese potrero me parecía el Nou Camp o el Kempes cuando tenía unos cinco o seis años. Y, de grande, volví al potrero y me di cuenta que era esto (hace el gesto de chiquito). A veces, las cosas se magnifican con el recuerdo...”.

Habla Piñón. También Fabián Gómez. Los dos son uno, que no queden dudas.

Piñón Fijo es mi nombre. Es martes a la siesta y Piñón recibe a Día a Día en unos estudios de barrio Pueyrredón, justo donde está grabando “algunas cositas”. Se sabe que además sigue metido a full en la película que se estrenará en breve. En el lugar están todos los ayudantes de Piñón, que llevan y traen elementos varios. Por ahí se ve el saxo cloacal. También la bici (la que tiene piñón fijo, obviamente). “Ya los atiende; pasa que tiene que maquillarse y ponerse su (particular) traje”, explica Néstor Pérez, su colaborador más estrecho. Nico Bravo, el reportero gráfico del diario, recibe sólo un pedido: “Imposible fotografiar a Piñón si no está maquillado”. Y eso que en ningún momento se sugirió retratar el rostro “despintado” de Piñón. Pero, se sabe, cuidar lo del rostro no es una cuestión de mala onda, como dirá el mismo Piñón minutos después. Se trata de “no romperle la ilusión a los chicos”. Y agrega: “Además ¿¡qué sentido tiene publicar mi cara!?”. Tiene razón.

Aparece Piñón Fijo, vestido de Piñón Fijo, como decían los viejos relatores de fútbol. No hace falta que se pinte una sonrisa para que se vea que tiene una sonrisa. Invita a pasar a un camarín, se sienta y dialoga. Y ahí comienza a relatar recuerdos como para hacer un documental. Antes de todo, se autodefine: “Me defiendo jugando; si hay picado, juego”.

Lo que dice Piñón de que “algo sabe” con la pelota se vio en la Boutique de barrio Jardín. ¿Se acuerdan? El partido de Un Techo Para Mi País lo convocó en diciembre para fines solidarios. Y Piñón fue para jugar al fútbol. Tiró paredes con los Pastore, Vázquez, Dybala y otras estrellas del fútbol nuestro. “La pasé espectacular. Ese día me hicieron un penal. Penalazo, eh. Fue lindo estar en el vestuario con los muchachos que juegan al fútbol y tienen la suerte de vivir de esa profesión”, recuerda.

Y con la mente vuelve a Deán Funes, su ciudad natal, donde comenzó todo para él. “Jugábamos con dos piedras y con eso hacíamos el arco. Pero ese campito fue escenario de grandes cosas para mi infancia. En ese baldío yo era, no sé, uno de los de la serie de Swat, ja. Era el teniente Harrison ahí, ¿viste?, ja. Y jugaba al fútbol y era el Loco Gatti, ja”, recopila.

–¿Cómo consumías deportes en ese tiempo?
–Tuve una infancia humilde. En Deán Funes sólo se veía Canal 12. Y a todos los partidos los pasaban por Canal 10, ja, ja, ja. No sé, veía la revista Goles. A veces El Gráfico. Y también me enteraba por mi papá, un ferroviario, que jugaba en Sportivo Deán Funes. Era bueno. El fútbol siempre estuvo ahí, cerca mío...

–¿Te probaste en algún club?
–Me vine a los 13 años a Córdoba. Fuimos con unos changuitos que teníamos todos el mismo sueño: que descubran nuestro talento, ja, ja. Lo que se estaba perdiendo el fútbol de Córdoba con nosotros ja, ja. A mí me cayó la ficha que no estaba para jugar al fútbol profesional después de probarme en Instituto y en Talleres. La verdad es que mis amigos y yo entendimos que estábamos a años luz. Pero te cuento una anécdota.

–A ver...
–Una vez me fui a probar a La Agustina. Y en esa época, Dertycia ya era el Dybala de las inferiores de Instituto. Entramos los que estábamos para probarnos. Jugábamos contra la Quinta de Instituto. Como toda prueba, había que demostrar. Ni me acuerdo de qué jugaba si era 9 o no. Entré y no tenía idea ni a quién patearle. Ni quiénes eran mis compañeros, ja. En un momento me quedó una pelota chanchita... y le metí un bombazo para sacármela de encima... se la di en el pecho a uno de la quinta que nos dieron de refuerzo. Le reventé el pecho. Era... Dertycia. Me pegó un insultadón, ja. Si había algo que me hacía falta para desmoralizarme, era eso, ja.

–Y después de ahí, ¿probaste otra vez para ser jugador?
–Nooo, era imposible, improbable que llegara a ser jugador. Y me metí con el tema de la música, el rock nacional. Y empecé a meterme en los pub y toda esa historia. Y me agarró la época del ‘83, la democracia, mimos en la calle, guitarras, artistas callejeros y me picó “el otro bichito”, el que me hizo cerrar la cicatriz del fútbol, ja, ja.

“El otro bichito” fue ser lo que es hoy. Así nacía Piñón...

“Los mundiales me marcan la vida”
El tema es la Selección. Pero hablar de la Selección es hablar de los mundiales. Piñón relata. “Me acuerdo que sufría mucho en el Mundial ‘74. Tenía 9 años. Y el Mundial ‘78 me marcó para toda la vida. El amor por el fútbol que me despertó fue increíble. La pasión. No sé, ese nacionalismo, esa localía, ¿viste? Encima yo era hincha de Talleres y la Selección tenía a Galván, Oviedo, Valencia, Baley. Había mucha gente de Córdoba. Kempes y Ardiles”. Y define: “Los mundiales me marcan la vida. Son como balances. Te cuento...”.

Hace una pausa... se detiene en España 1982. “A ese lo pasé mal. Creo que todos la pasamos mal. Lo de Malvinas. Hasta el equipo jugó feo”. Hablar de México 1986 es un satisfacción. “Me agarró con una banda de amigos que nos juntábamos a ver los partidos en un tele blanco y negro que de vez en cuando había que meterle un bollo para que se viera, ja”. Piñón sigue por los mundiales. “El Italia ‘90 me agarró ya casado y con los niñitos. Mi señora estaba con neumonía. Y yo estaba loco con el Mundial. Ahora me siento mal, ja. Me hacía un pique a un bar de la esquina a ver los partidos. Terminé llorando con Diego en esa final que perdimos. Después, en el ‘94, me agarró laburando en el Garden Shopping. Cuando nos eliminó Rumania tenía estos colores (muestra su traje, con los mismos colores rumanos). Imaginate... Y Francia ‘98 y Corea 2002 me agarraron trabajando. Para Alemania 2006 tenía un plasma y no vi ni un partido porque estaba a full. Y Sudáfrica 2010, una pena”.

–¿Por qué no volvimos a ganar un Mundial?
–Cuando no hay un laburo serio en equipo, estamos en el horno por más que tengamos a Messi. Mirá el Barcelona. Hace mil años que gana porque hay estructura. Capaz el Real con Ronaldo y esos monstruos no le puede ganar.

–¿Qué sentiste cuando Maradona le dijo a Batista que ponga a Piñón para alegrar a Messi en la Selección?
–No sabía si alegrarme o entristecerme. Estar en el medio de una agresión... Me hubiera gustado estar en el entorno de algo más feliz...

"El fútbol me emociona"
El sueño de ser un jugador profesional había quedado archivado para Fabián Gómez. Por entonces, los ‘80’s y ‘90’s eran tiempos en los que remaba de lo lindo. Animaba fiestas de cumpleaños o iba a Pekos a actuar ante los niños. También hacía de las suyas en las plazas más emblemáticas de Córdoba y se repartía el tiempo en el recordado programa infantil Pan y Manteca. Ya era Piñón Fijo pero no el Piñón Fijo masivo de hoy. Durante esa construcción del personaje, un amor crecía en él. “Me hice hincha de Talleres en la época de Labruna, en los ‘70. Talleres tenía un equipazo. Mi mamá era de Boca y me influenciaba un poco. Pero cuando me enamoré de Talleres... yo dije dejá... Talleres. Y bueno, mi hijo es... ¡enfermo de Talleres! Por ahí le pido disculpas, ja, ja”.

El monólogo sobre su historia de amor albiazul le hace brillar los ojos. Habla con gestos ampulosos. Junta los labios para darle intensidad al relato. Habla, en definitiva, apasionado. Y se le nota más allá del maquillaje.

“Cuando puedo voy a la cancha. Me gusta eso de revolear trapos y los papelitos y la fiesta... A mí me emociona. Me hace llorar. Yo lloro. Por eso escribí la canción ‘Jueguen, jueguen cordobeses’”.

–Vivís con las emociones de los más pequeños, ¿hay algo en común con esas emociones y las que se ven en el fútbol?
–En el fútbol, parecen niños los tipos. Ves a tipos que te meten miedo y cuando los ves felices, son niños. Y cuando los ves tristes, parecen niños.

–Sos de Talleres, ¿pero seguís a los cordobeses?
–Sí, Instituto juega bien.

–¿Qué te parece Dybala?
–Es una hermosura ver jugar a ese chico. Estaba el día de un Techo para mi País. ¿Viste su cara? Es un bebé. Capaz él me miraba como mirando al payaso y lo miraba como mirando al ídolo, ja, ja. Me pasó lo mismo con Carabajal. Y ese día hice el gol de penal, Dybala me tiró al piso para festejar y me abrazaba.

–¿Y Belgrano?
–Belgrano... Yo no soy miope... ¿Sabés lo que me gustó de Belgrano y de Zielinski? Belgrano le jugó a River de igual a igual pero conociendo sus limitaciones. Belgrano sabe manejar los tiempos, cuándo golpear y tiene un estado físico... En algún punto me hace acordar al Talleres de Jota Jota en la última campaña en la A.

–¿Cómo lo ves a este Talleres?
–Estoy entusiasmado, ja, ja. Pero por eso mismo tengo miedo. Soy como la novia a la que la engañan varias veces, ja, ja. Veo un triunfo y digo “¿acá qué pasa?”, ja. Tiene mucho gol. Es difícil de ver eso.

El Piñón de los chicos. Se termina la nota porque la agenda de Piñón sigue a pleno. Pero ante de irse deja una reflexión: “Somos hijos del exitismo. Hay que ganar ya, si no, no sirve. No. No es así. Hay que empatar, perder. Creo que eso nos quedó a los argentinos después de lo que dejaron los militares. El mambo ese de las Malvinas, ‘que vengan que acá...’ Ese germen de creernos más capos que otros es una equivocación. La vida no es solamente ganar. Hay mucho más. La vida es para disfrutarla”.

Se va Piñón, pero no... No puede dejar a una niña sin cumplir un sueño. Le cuentan que en la puerta del estudio está Sofía, de tres años, y que a ella le encantaría conocerlo en persona. Piñón hace pasar a la nena. Se da el encuentro...

No hay manera de contar lo que Sofía siente al verlo. NO HAY MANERA. Sólo queda pensar que Piñón es pasión de multitudes. Como el fútbol...

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