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Pablo Guiñazú: mi título con Talleres fue más que haber ganado la Libertadores

MANO A MANO. Pablo Guiñazú habló de su año inolvidable con Día a Día. Contó que se había retirado en junio, pero su esposa “lo devolvió”. El Cholo, el futbolista en actividad de más impacto en 2016.

La puerta del departamento se abrió y, como en un ensayo de violines en el terciopelo de un teatro, la señora se movía con cadencia suave de derecha a izquierda. De un costado hacia el otro. El brazo iba y venía de extremo a extremo sobre la mesa.

Estaba de espaldas y la luz que se veía chocaba con su propia sombra. Doña Gladys planchaba en silencio. “Venga por acá maestro”, invitó Pablo Guiñazú, el capitán de Talleres a Día a Día. Pero, antes, el niño Cholito presentó a su mamá.

El abrazo a su madre fue inevitable. Se destacaban dos cosas en ella: sus ojos serenos y el doblado de las camisetas deportivas tenían un cuadrado perfecto, apiladas como cajas de pizza. 

Guiñazú tiene a sus hijos y esposa en Brasil. Erica cuida de Matías (16 años) y de Lucas (10) en Porto Alegre, donde cumplen con la escuela y donde ya están haciendo con tranquilidad y comodidad sus vidas. "Me cuesta estar lejos de ellos, por eso me la traje a mi vieja", dice Guiñazú pensando que los lazos sanguíneos son fundamentales. La mamá dejó el pueblo temporalmente para acompañar al hijo.

Gladys, la mamá con Pablo en el departamento de Córdoba. (Nicolás Bravo)

"La tengo a mamá conmigo, viviendo. Por suerte ella se siente bien acompañándome", agrega.

Observar a Gladys, la mamá del capitán de Talleres, es una de las muestras elocuentes de que en una gran ciudad, en la intimidad del buen pasar, aún se puede vivir con el olor al limón, con el tibio sabor de un mate goteando sobre el repasador y con esa tonada campo adentro.

Y Guiñazú, el Cholo, ha paseado esos rasgos como un estandarte en Independiente, Rusia, Italia o Brasil.

Desde el balcón del sexto piso de la torre de hormigón se ve el vapor humeante de la Córdoba ciudad, chamuscada por un sol de 35 grados.

Con el aire fresco, puertas adentro, Pablo habla a sus 38 años como Pablito.

Guiñazú siente que tiene cuerda para un poco más. Está feliz de jugar a la pelota. (Nicolás Bravo)

“Yo le decía a Gonza (Klusener) y le digo: ‘yo tengo 20 años ya, es media vida en el fútbol’. Pero no me acostumbro a mirar para atrás porque estoy todavía en actividad, estamos en busca de un objetivo y estoy en un lugar que me calzó justo, perfecto. Me quedan cosas por pelear en Talleres”, dice como emocionado aún por la bendición del propio fútbol.

Guiñazú parece un guerrero ancestral. De hecho, con la pelota lo es. Siempre. Es como los viejos equipos valvulares, en plena era digital. Funciona de otra manera pero brilla aún en medio de la marea de botines multicolores, de remeras apretadas y peinados extravagantes.

Su nariz es aguileña y las arrugas de ojos y comisuras denotan que es un tipo que sonríe a menudo.

La calvicie evidencia la falta de fertilidad capilar de aquellos primeros años. El Cholo habla de fútbol, de los chicos, contagiado de juventud, salpicado de entusiasmo.

Y la charla es un escenario propicio para conocerlo un poco más. Es muy convincente con sus ideas, con su forma de mirar al fútbol de hoy. Pero así fue siempre.

“Acá nadie llega y aprieta un botón y dice: ‘ahora voy a jugar’; no estamos en el barrio. Hay que prepararse, tenemos un club, defendemos una camiseta, defendemos a los hinchas y a nuestras familias”, sintetiza.

Guilazú habla como un verdadero capitán, como si esta nota fuera la salida previa al campo de juego, una charla con frases entrelazadas para una rápida asimilación.

Cholo es "T", el jugador del año de Talleres. (Nicolás Bravo)

“Es que capitán no es llevar una cinta. Es entrenar, prepararse, hacer un poquito más de lo que te toca. Hablar, conversar, escuchar, construir”, agrega.

El Cholo conversa como el Hurón. El Hurón es Juan, su viejo, el que vive allá arriba. El que le cacheteó el alma cuando dijo basta. “Él quería esto. Y ese gol, ese final contra All Boys, ese título que gané en Talleres, capaz que él me ayudó a eso. Pero él soñaba con esto que conseguí”, cuenta el Cholo, carraspeando con la voz, aflojando el corazón.

–¿Cómo llegaste a Talleres?

–Estaba en Río de Janeiro (en Vasco Da Gama), me suena el teléfono y era Andrés (Fassi). Me contó que me quería, que deseaba que jugara en Talleres. Y le dije que sí, encantado. Y él seguía tratando de convencerme. “Si voy”, le dije. Y a los tres días arreglé con Vasco, cerré todo y me volvió a llamar Andrés. Seguía tratando de convencerme, jaja, muy gracioso. “Andrés, voy a Talleres, ya se lo dije”, y después de un rato volvió a tratar de que me animara al desafío. Le tuve que decir que si seguía intentando convencerme, no iba a Talleres, jaja. Se hablaba de Atlético Tucumán, por eso él pensaba que a lo mejor me iba para allá. Pero ¿sabés qué? Yo moría por jugar en Talleres.

Guiñazú es de los que dejan que el agua pase. Que el pasado se acumule en un dique lejano y que, por ahora, el presente eclipse los recuerdos: “Yo ya no puedo estar pensando en el gol que le hice a All Boys". 

La verdad, estuve cerca de que ahora estemos haciendo esa nota. Pero no me quiero permitir aún hablar en tiempo pasado.

–Igual, es el hecho más resonante del año para los hinchas.

–Te digo algo. Mi título con Talleres fue más que haber ganado la Libertadores (la logró con el Inter de Brasil). Gané todo como futbolista, me faltó sólo el Mundial de Clubes, pero te juro que cambio todo por esto que pasó. Fue un momento mágico, único, algo que se dio en un estado personal y de mi carrera que entró justo y con todo lo sucedido muy significativo. Es el mejor sentimiento personal que tuve como jugador.

Un comienzo en falso. No todas fueron rosas para Pablo Guiñazú y comenzó casi de la peor manera en Talleres. Llegó en enero de este año y en pocos días, la noticia inesperada: doble fractura de maxilar por un codazo en un partido amistoso.

“Ahí, cuando me fracturé me dije: se acabó. No juego más. No sé, pensé que se terminaba todo. No lo podía creer”, se ríe el Cholo.

No subestima lo sucedido y aporta siempre ese toque “metafísico” a la mirada sobre las cosas, sobre las tretas del destino.

“Entonces, maestro, volvemos a lo mismo. ¿Cómo se hubiera escrito esta historia? Las cosas se dieron así, porque se tenían que dar. Cuando me recuperé, sentí que no podía parar más”, dice y suena el teléfono. Juan, su hermano lo llama desde el pueblo (General Cabrera).

“Me espera un asado y el bar”, se ríe el Cholo. Su hermano tiene un bar, nada más perfecto para la vida de alguien como el capitán de Talleres, allí por donde pasan los verdaderos amigos, donde se escuchan grandes verdades y enseñanzas. Guillermo, su otro hermano también lo mensajea. Todos sus afectos, el nombre de cada uno de ellos los tiene tatuados en su cuerpo. Están presente en todo momento. El hijo de Juan y de Gladys; el marido de Érica, el papá de Matías y de Lucas y amigo de una pila de personas de una lista interminable. 

–¿Entonces, qué hacemos?

–No sé, yo no paro. Como le digo a los pibes en el club: ¿Están locos? ¡No podemos parar.

 

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Mi mujer me dijo: no te creía tan cagón para retirarte así

Después del ascenso de Talleres a primera división a mitad de este 2016, Pablo Guiñazú le dijo a su esposa que sacara las vacaciones que quisiera, que él ya no volvería a jugar al fútbol. “Le había dicho a Fassi y a Kudelka incluso. Mi idea era volver a saludar a los muchachos antes del torneo”, le confiesa el Cholo a Día a Día.

–¿Cómo fue que te habías retirado del fútbol?

–Después del ascenso, le dije a mi señora que nos fuéramos de vacaciones, que estaba todo bien. Mi señora es muy organizada y le gusta que cumplamos lo pactado, un poco en contra mío ella no estaba de acuerdo. Me decía: “usted vuelve (19, 20 de julio) yo le digo sacá para el 23 ó 24 porque no juego más no vuelvo más, después vuelvo a saludar a los chicos y nos fuimos a Punta Cana que no conocía. Al tercer día le digo a mi señora, como no sacaste tres meses jaja. 

–¿Y por qué ella fue determinante para continuaras? 

–A los tres o cuatro días, mi señora empezó: “no vos no podes hacer eso, llamalo a Andrés (Fassi), llamalo al profe, vos no sos así”. Ella estaba en desacuerdo con mi retiro del fútbol porque me veía bien y conocía ya el club, la gente y todo lo que es Talleres. 

–¿Y cómo lo logró?

–Me dijo las palabras mágicas: “Vos nunca fuiste un cagón”. Fue lo peor que me pudo haber dicho, me sacó lo peor, conté hasta cien y me volvió a decir: vos nunca fuiste un cagón, estás bien, te entrenás, te gusta. Y agarré y lo llamé a Darío (Kudelka) para preguntarle si realmente serviría porque se venía una cosa diferente. Y Andrés (Fassi) me dice: “¿cómo puede ser? y me dio las fuerzas y el convencimiento con el técnico. Y llegué tres días tarde.

–¿Y Fassi?

–Fassi me dijo: te tengo que cobrar los tres días de multa por volver tarde. Jaja, y con gusto la pagué como corresponde.

–¿Y los muchachos?

–Me decían: “hacé lo que quieras, vení cuando quieras, dejá nomás, jaja.

–Y ahora sos el deportista del año (premiado por La Voz del Interior).

–¿Qué me decís? Jaja, así es la vida, las cosas pasan porque así tienen que pasar.

El número 21 para Guiñazú es especial y él contó porqué.

¿Por qué Guiñazú usa la camiseta número 21?

Si uno repasa su palmarés, su recorrido en el fútbol, pocos podrán reparar en Guiñazú el paso de una sola temporada por el Perugia de Italia. Fue en 2000/2001 y para él, es uno de los hechos más importantes que le tocaron en vida. "No, fue lo mejor que me pasó ese año en Perugia", dice y se frota las manos. Habla como un fanático del fútbol y no como un jugador. ¿Por qué? Porque se cruzó con verdareros monstruos de la pelota, artistas del Calcio, ante de la explosión y el éxodo a otras ligas como la española, principalmente. "Estaban todos. Tengo un montón de camisetas, en el museo propio, jaja. Es una locura, Zidane, Trezeguet, Totti, Vieri, Del Piero, Recoba, Ronaldo, Zanetti y una parva de cracks. No sabés lo que fue jugar contra esos fenómenos y la alegría que me da hoy recordar que tengo varias de esas camiseras", dice con la felicidad de los chicos jugando a la Play. El Cholo ahí devela por qué usa la camiseta número 21 en Talleres: “La uso por Zinedine Zidane, un monstruo, mi referente, un fuera de serie. Es la que usó en la Juventus y tengo la bendición de tener su camiseta".

“Leo es el mejor, un fenómeno”

Guiñazú nunca deja de tener palabras elogiosas a su paso por la Selección y a la figura de Lionel Messi: “Es un excelente compañero, humilde. Es un líder dentro y fuera de la cancha. Yo le decía que si no tiene idea de lo que genera, de que es Messi, de lo que representa. Pero es un chico muy sencillo”. El Cholo jugó 13 partidos con la Albiceleste y siente que se perdió la gran posibilidad e haber estado en el plantel del Mundial 2014. "Yo estaba bárbaro, pero tuve una lesión en la pierna que me dejó sin chances. Una lástima, faltaba poco, me tenía fe", dice con cierto dolor.

Guiñazú está feliz por lo que ha pasado, pero mira demasiado hacia adelante. Igual, vuelve a Messi, a la figura del mejor jugador del momento.

–¿Cómo es Messi?

–Y es tan extraordinario que yo le tuve que llegar a decir tomando mate, "¿Leo sabes qué? o me parece o no tenés una idea de lo que vos sos o lo asimilás muy bien porque no tenes ni la mínima idea de lo que vos sos", porque no puede ser que un monstruo de los mejores de todos los tiempos, yo Pablo Guiñazú dice que es le más grande de la historia, para mí, Mundial o no Mundial, le decía eso a Leo. Después que lo conocés es como que te enamorás.

Con Messi en la Selección. Un momento especial para el Cholo.

La anécdota del mate dulce. "Un dia estábamos concentrados y a mí me gusta tomar mate dulce a veces de noche, porque con mi vieja de chiquito tomaba mate dulce, tomo varios termos amargos, pero sí o sí me tomo un mate dulce por mi vieja. Y le paso el mate a Leo y me olvidé de que estaba dulce (cierra los ojos y habla como con culpa, como si eso fuera un error) y estábamos charlando y tomó. Lo veo y me dice: 'Che, qué rico el mate dulce, siempre con mi abuela tomábamos'. Cuando me dijo asi, le digo: 'vos sos un fenómeno'. Y ahí se soltaba y te contaba muchas cosas

Es difícil ser Messi, caminar por la calle, como le pasa al Diego (Maradona). Entonces uno empieza a entender un montón de cosas porque él no tiene ni va a tener nunca una vida normal.

Y a Messi lo ves ahí, lo ves tan simple tomando mate, jugando al truco. Y ahí pensas en que Messi no se da cuenta de lo que es él".

–¿Por qué se lo trata como un chico apático, se lo prejuzga como si no sintiera nada?

-Este país es tan especial. Pero Messi es tan fenómeno que no hay ni palabras para describirlo, esta por encima de todos, muy por encima.

Messi te alienta, es con todos igual, habla, te indica en la cancha, te apoya. Porque sea calladito mirá si no va a poner limites o no decirte que hay que hacer en la cancha.

–¿Y el famoso entorno de Messi?

–Duele que se hable de un entorno de Messi, hay que ver como esos chicos dan la vida y se la juegan por el grupo y queda demostrado lo que hacen para venir. Vamos a disfrutarlo, no lo castiguen con cosas. siempre se lo castiga con la comparación con Diego (Maradona), quien para nosotros es un dios, que tiene su forma de expresarse y de sentir. Y Lionel igual. Ganar un partido es difíil y acá decimos que asi nomas tenemos que ganar un Mundial. Nosotros tenemos a Messi y tenemos que disfrutarlo.

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Después del torneo, en casa de mamá, ya en General Cabrera tomando mates.

El departamento de Guiñazú no tiene un grano del polvo que tendrá su casa en el pueblo. En General Cabrera lo espera el partido que todos los años hace con Julio Buffarini (también es nacido allí) con fines solidarios y rodeado de los amigos de la pelota. La tele lo mostrará luego en el amistoso de Andrés D'Alessandro en Porto Alegre, el abrazo con los amigos, sobrevivientes y familiares de la tragedia de Chapecoense.

El Cholo tiene la gentileza del pibe del pueblo, que adorna un aparador con un botellón de fernet que le regaló un hincha. "Me la consiguió un hincha de Talleres que me apareció con ese regalo, ja". Sorprende que una de las fotos del portarretrato que mira hacia la ventana sea la de su festejo del ascenso de Talleres sólo con Gonzalo Klusener: "El Cabezón (Kluse) es mi amigo, él dice que me habilitó para el gol del ascenso, yo le digo que fue de carambola, jaja, no un crack".

Un beso a la mamá Gladys, las últimas fotos, el saludo cálido, la amalgama de afecto que lo muestran como un anfitrión sencillo, no menos amistoso. Guiñazú acompaña hasta la puerta.

–¿Y al hablar del retiro Cholo...?

–(Interrumpe) No maestro, acá lo único que te digo hoy, mañana, después no sé y para atrás no miro, jaja. ¡Pero no puedo parar, no podemos parar! 

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