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Mundial Brasil 2014: Messi siempre te rescata

Dependemos del 10. Leo volvió a ser determinante en el 3-2 ante Nigeria. Dos goles y carácter.

Es el carnicero que el domingo, ya al filo del mediodía y a punto de colgar el cartelito de “Cerrado”, busca en la heladera y te encuentra esa tapita de asado que vas a disfrutar con tu familia. Es ese amigo al que llamás cuando no le encontrás la vuelta a la vida y, con una palabra, un consejo, te acomoda el chasis y te pone otra vez en carrera. Es el tipo que frena y te da una mano en la calle cuando tu bronca de haber cortado el tercer cable del embrague en seis meses te ciega y querés tirar todo a la mierda. Ese es Messi. Un rescatador serial.

Y ayer volvió a serlo en Porto Alegre, en el 3-2 ante Nigeria que sirvió para abrochar el Grupo F. En momentos claves, como con Bosnia y, ni hablar con Irán, metiendo esa bomba atómica a los 91 que desbarató al defensivo ejército persa, la Pulga siempre está. Su equipo estuvo lejos de deslumbrar, pero sí mostró signos vitales, más acordes con lo que se espera: arriba la cosa marcha, atrás, atrás hay que rezar.

LEO te “mata”. Abrió el partido y cerró el primer tiempo con dos goles/momentos determinantes. En el primero eligió la zona del arco menos cubierta y coló la Brazuca con un zurdazo pleno y preciso. El segundo fue una clínica de cómo patear un tiro libre. Enyeama, el 1 nigeriano que lo había alquilado en Sudáfrica, le sacó el primer intento. Pero en el segundo disparo, bien pegadito al anterior, como si se tratara de un polígono de tiro de esos que se ven en las pelis yanquis, Leo ajustó la mira, soltó la zurda y ¡bang! ¡bang!: “caído” Enyeama. Alquiler saldado.

En tres partidos infló sus números en Mundiales: hasta Brasil 2014 sólo había metido uno (el primero en la goleada ante Serbia y Montenegro en Alemania 2006). Ahora ya lleva tres juegos, con cuatro pepas adentro. Y quedó bien arriba en la tablita de los goleadores. Los cracks que pelearán por el Balón de Oro que viene.

Otra marcha. Velocidad se le pidió, velocidad devolvió. Claro que contó con más espacios respecto de los dos primeros choques. Ahí fue cuando pudo conectarse más con Di María –Fideo se mostró, bajó a buscarla, y pareció ese jugador más valioso de la consagración del Real en la Champions. Y Leo hasta se asoció en un tramo del juego con Higuaín, que un cachito mejoró, pero que todavía (se nota mucho) no tiene el octanaje para la combustión que la Selección necesita en ataque.

“Me lo había comentado Alejandro en el entretiempo”, contó el 10 después del partido. “Estaba consensuado con él”, completó el DT. La salida del crack a los 18 del complemento sacudió a todos: primero la sorpresa, la sensación de querer más de él. Pero rápido todos los cerebros hicieron clic y entendieron a Sabella: el grupo estaba en el bolsillo y cuidar al ancho de espadas fue acertado. Claro que el equipo sintió la ausencia. Álvarez saltó a la cancha, en su debut.

Lavezzi, que entró por la lesión de Agüero, colaboró. Con un par de encaradas sumó para que Pachorra lo tenga como opción ante Suiza el martes, si es que el Kun no llega o si el técnico decide meter mano.

El “Meeeeesi…, Meeeeesi…”, esa alabanza que los hinchas multiplican en las tribunas brasileñas volvió a oírse fuerte. Y no es más que la saludable confirmación del liderazgo adentro y afuera de la cancha de Lionel, la gran figura de la Copa. Keshi, el DT nigeriano, lo definió a lo Carl Sagan, el creador de Cosmos: “Messi es de Júpiter”, tiró tras el partido.

Igual, Leo no se sube a ningún planeta. “Vamos con tranquilidad y de a poquito”, aportó ya pensando en el cruce de octavos.
Tres partidos dejaron algo en claro: dependemos de Messi. Es así. Y se viene la definición, los a “matar o morir”. Ya no hay tiempo para ensayar. Por suerte, estamos en buenas manos, tenemos quien nos rescate.


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