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Mundial Brasil 2014: Invasión argentina en Porto Alegre

Locura en Brasil. Porto Alegre rebalsa de argentinos que cumplirán su sueño de estar en un Mundial. Igual, la mayoría no tiene entrada para ver en vivo Argentina-Nigeria, que juegan a las 13.

No son extraterrestes. Son bien terrenales. Y hoy, adentro o afuera, estarán en la “vecina” Porto Alegre para darse el gustazo de alentar a la Selección in situ. Serán 100 mil... serán 120 mil... ¿Importa el número? Importa la pasión. Importan las ganas de lanzarse a la aventura, aún sin entrada. Lo que vale es estar. Es hacer el aguante. Ser parte. Hacerse dueños de lo que será un recuerdo y, seguro, se contará en miles de asados o en domingos familiares por venir. Dirán que estuvieron ahí. Que hicieron cola más de tres horas en la frontera. Que les incautaron el ferné, pero no los salames escondidos dentro de la auxiliar en el baúl. Contarán historias, inventarán otras. Todo valdrá. Nadie podrá desmentirlos. Son/serán para siempre parte de la INVASIÓN.
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Cargadita como la autopista Córdoba – Villa Carlos Paz en el primer finde de enero. Así lucieron ayer durante todo el día la BR 290 y la BR 293, las anchas rutas que unen Uruguayana (la primera ciudad brasileña tras la frontera, en Paso de los Libres) con Porto Alegre, sede del choque de hoy por el último juego de la fase de grupo entre Argentina y Nigeria (ver página 4)..

El acceso fronterizo Paso de los Libres fue, desde muy temprano y seguía siéndolo anoche, un hormiguero de vehículos repletos de hinchas argentinos que cumplirán su sueño de estar en un Mundial. En su horizonte, Porto Alegre, la capital del estado (provincia) de Río Grande do Sul, su lugar en el mundo por unas horas.

“La mayoría de los que están pasando son autos particulares, cada uno con tres o cuatro personas abordo”, contaba ayer el director de Migraciones de Corrientes, Carlos Odena. Hubo demoras, claro.

Odena aportó que la mayoría de las personas que cruzaban el puente internacional “Getulio Vargas”, que une a Paso de los Libres con Uruguayana provenían, en su mayoría, de Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Buenos Aires.

Quienes no pasaron a lado brasileño fueron 32 barras, que fueron enviados de vuelta a Argentina. El filtro se produjo en el paso fronterizo entre la ciudad uruguaya de Rivera y la brasileña Santana do Livramento.

Hernán Palavecino, amigo y hombre de confianza de Pablo “Bebote” Álvarez, el jefe de la barra de Independiente, intentaba ingresar con otros cuatro barras del rojo pero fue detenido y obligado a pegar la vuelta.

Todo por una entrada. Mientras tanto, los que fueron arribando a Porto Alegre, junto a otros miles de argentinos que ya estaban allí y no tienen boletos para el partido, deambulan ayer por la ciudad, pero sobre todo en los alrededores del estadio Beira Río para tratar de comprar en la reventa.

Se estima que los albicelestes adquirieron apenas 18 mil de las cerca de 50 mil localidades que se pusieron a la venta.

Las zonas aledañas a la cancha se poblaron desde temprano por simpatizantes que no solo alentaron al seleccionado cuando pasó en el ómnibus para realizar su último entrenamiento, sino que también aprovecharon para tratar de comprar entradas.

“Es ahora o nunca, porque siguen y siguen llegando argentinos. Está muy difícil, hay entradas pero piden más de mil dólares. Sabemos que en Río y Belo Horizonte se pagaron menos. Veremos, pero lo tenemos que solucionar hoy”, comentaba un argentino desesperado por no quedarse afuera, pero al que le dolía en el alma pagar 10 mil pesos por un pase.

En el debut de los de Messi en Río de Janeiro las entradas se pagaron en la reventa entre 800 y 1.200 dólares, según la ubicación, mientras que en Belo Horizonte, se consiguieron un poco más baratas entre 600 y 800 de la moneda norteamericana, o mismo entre 1.200 y 1.600 reales.

En cambio, como en Porto Alegre hay invasión de albicelestes los precios se fueron a las nubes. “Acabamos de comprar tres entradas a 3.500 dólares. Ya sé que es un dineral pero sabíamos que nos iba a salir eso. Es la única vez que vamos a poder ver a Argentina en un Mundial”, contó Matías, un dentista, que llegó desde Buenos Aires.


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