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Jugadores: a ver si salen de la burbuja y miran a los hinchas

Aguante. Córdoba volvió a copar el Kempes. La Selección pasó sin enamorar demasiado, pero el amor sigue intacto.

Si vieran lo que son los hinchas. Si vieran lo que es esta gente. Si vieran lo que son las familias, los abuelos, las mamás con los nenes. Si estos jugadores vieran cómo están las cuentas bancarias de más de uno. Si supieran que algunos ya ni bancarizados están, pero que al menos juntan el mango como sea para venir a verlos.

Porque estos ídolos anónimos sí que saben lo que es pasarla feo. Pero bueno, todo se disimula. En la casa, en la heladera vetusta.

En la semana, aflojando gastos para "equilibrar" y hasta zafando con el aliento dentro de un bondi atestado, que los depositará después de más de una hora de viaje en el estadio para verlos a ustedes, jugadores.

Si el Kun Agüero, Di María, Higuaín, Mascherano, Romero, Banega o los que podamos seguir mencionando supieran cuántos pobres hay en Salsipuedes.

Cuandos pibes que jamás en su vida podrán sentarse en una butaca de un estadio de verdad, esos de playstation. Si supieran un cachito de todo esto que los envuelve, qué distinto sería todo.

Si supieran que acá el aliento es lo de menos, porque lo que hay detrás de esos cantos de tribuna son historias, una, cientos, miles de tipos y tipas que se la pasan de acá para allá con la ilusión de sólo acercarse a ellos.

Si tomaran conciencia en serio, si supieran que hasta los cieguitos salen a "verlos", sí, con el alma. Si la vida fuera para ellos una vez de este lado del mostrador, capaz que ahí les caería la ficha de verdad.

No se podrá decir más nada de la banca cordobesa.

De estos cerca de 52, 55 mil hinchas que coparon el Mundialista, que volvieron a darle una lección de "aguante" a los que tienen la chance de "elegir". Acá hay una sola elección, siempre. La misma: La Selección.

Estos locos que aún quieren seguir creyendo volvieron a chocarse con un equipo que está en un "trance", con la escasa identidad de juego sin Messi y con la falta de "contagio" con el hincha.

Pero así y todo, en Córdoba hay razones "ínfimas" para estar al pie del cañón.

La vida de la pelota tiene hoy otros cánones. Ni papelitos ni serpentinas, sólo los brillos de las pantallas de los teléfonos. Euforia en el Himno, amor incondicional en el canto y un tibio desapego obligados por las circunstancias, porque desde el campo hacia afuera no se irradia mucho.

Y, más allá del resultado, este bendito lugar llamado Córdoba, donde el Chori, el cuarteto y el ferné son las credenciales básicas, aún hay clamor hacia esos que salen a la cancha, que no aprendieron a contagiarse de los de afuera.

Entonces, tendrían que salir de esa burbuja y ver lo que son estos hinchas. Si vieran lo que son de verdad, qué fácil que sería para ellos.

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