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Jugaba en la Liga Cordobesa, se fue a probar suerte a España y fichó en Málaga

Jugaba en la Liga Cordobesa de Fútbol y se fue a probar suerte a España. Sin debutar, quedó sin club. Una mano lo salvó: fichó en el Málaga “B”.

Hubo una conexión mágica. Una de esas “manos” que viene desde arriba. Bien arriba. Y seguramente Sebastián Viberti se metió para escribir una página del destino de un joven cordobés que necesitaba esa ayuda “divina” más que nadie.

La historia suena increíble pero no lo es. El protagonista es Maximiliano Guarino, un futbolista de la Liga Cordobesa como los tantos que la reman sábado a sábado. Sin un mango. Dejando horas de familia/novia/amigos. Todo por un sueño que quizá ya no lo sea. Porque el tiempo ya pasó. 

Pero así y todo, siguen.

Guarino (tiene 27 años, nació el 1 de noviembre de 1988), quien toda su vida trabajó en el bar familiar de lunes a lunes, le entregó su vida al fútbol con el anhelo de ser profesional. Así lo vivió, más allá de jugar en la Liga Cordobesa, donde nadie gana un sueldo.

Este lateral izquierdo “aguerrido y temperamental” arrancó en Talleres donde estuvo hasta los 16 años. Luego pasaría por Ben Hur de Rafaela. A los 21 volvería a Córdoba y vestiría las camisetas de Los Andes, Libertad, Racing y Las Flores. Pero a fines de 2015 decidió ir a probar suerte a España. El club Tecnofútbol de ese país, equipo que milita en la Liga Catalana y pertenece a la Fundación Marcet, le abrió una oportunidad y no lo dudó. Pero las cosas no salieron como esperaba. Ya en Barcelona y sin siquiera debutar, el DT de su nuevo equipo fue despedido. Cosas del fútbol.

Y lo mismo sucedió con Guarino, que tuvo que dejar la pensión donde vivía y prácticamente se quedó en la calle.

Así pasó el 30 de diciembre, sólo en España y lejos de su familia.

“Llegué a España el mes pasado para sumarme a un equipo de Barcelona que milita en la Liga Catalana, teníamos el campo de entrenamiento enfrente del Camp Nou. Era un sueño... Fueron dos semanas muy buenas, pero el equipo venía acumulando una racha de resultados negativos y tras una goleada en contra la Comisión decidió echar al técnico y como yo había llegado gracias a él, también me limpiaron sin siquiera haber jugado un solo partido... No sabés lo que fue ese miércoles 30. Era víspera de año nuevo y yo quedaba en la calle... Eran las 19 y me iba caminando del club con los ojos llenos de lágrimas. Acá en Barcelona a esa hora es de noche y hace frío, no hay muchas cosas para hacer. Yo tenía dos opciones: ir a la residencia a llorar o ir al gimnasio a entrenar... Elegí la segunda”, cuenta Maxi desde España.

Es que sin saberlo, lo mejor estaba por venir. Desde Córdoba, el entrenador Elvio Agüero se enteró de su situación y le dio el dato que cambiaría todo.

“Estaba en el extranjero y solo... Me había replanteado largar todo y volverme. Pero nunca dejé de entrenar, iba al gimnasio y a correr a la playa y así se me pasaban los días... Hasta que recibí el llamado desde la Docta de Elvio Agüero quien me dio el numero de Martín Viberti, hijo de Sebastián y reclutador del Málaga... Ni lo dudé. Lo llamé y me hizo viajar para hacer una prueba en Málaga”, relata Guarino, un luchador de los que no baja los brazos.

Así, el jugador que hasta hace unos meses se raspaba las rodillas en la Liga Cordobesa y atendía un bar, estaba en la mismísima cancha del Málaga, donde supo brillar Sebastián Viberti, para dar la prueba de su vida.

“Acá quiero rescatar la calidad de persona de Martín que desde el primer momento se puso a mi total disposición en todo lo que me hiciera falta y fue el mismo quien me guio en la ciudad y me ayudó en todo. Acá Viberti, su papá, es un ídolo histórico. Lo aman. Es el símbolo del club. Así que imaginate lo que es para un cordobés estar acá”, cuenta.

Lo cierto es que tras la prueba, Guarino quedó seleccionado, en principio, para jugar en el Málaga B. Y ahora las lágrimas son de felicidad. “Por el cupo de extranjeros todavía no sé si voy a jugar en el Málaga B (Tercera División) o si me mandan a la filial en Sant Boi de Llobregat (Liga Regional). A donde me toque iré. Estoy muy contento de poder formar parte de esta gran institución”, relata Maxi casi sin poder creerlo.

“La familia siempre está presente, tengo mis tíos en España, eso me ayudó mucho. Pero imaginate que no pasa un día que no extrañe a mi hija Geraldine. Déjame mandarle un saludo grande a toda mi gente y en especial a Luis Durán, el DT que me llevó a España. Sin él no estaría acá”, cierra Maxi. Un cordobés que se fue a España a desafiar su suerte y a seguir, sin saberlo, los pasos de gran Sebastián Viberti. Seguramente, el Pelado habrá estado sentado en el una butaca de la cancha del Málaga moviendo los hilos para que esta historia tenga un final feliz.

Viberti, un ícono del Málaga

“El Pelado”, exfutbolista de San Lorenzo de Córdoba, Huracán, Belgrano, entre otros, dejó una huella muy grande en ese club de España.

Fue jugador y entrenador del conjunto blanquiazul, con el cual ascendió a Primera división. Como futbolista jugó con el Málaga las semifinales de la Copa del Rey. Es un prócer después de su paso por la entidad entre 1969 y 1975.

Martín, el hijo mayor del ídolo malagueño, es reclutador en Europa y Sudamérica. “Es un cable que me tira mi viejo desde el cielo”, supo decir.

En esta ocasión, los Viberti ayudaron a un cordobés que encontró su lugar en España.

Viberti, un ícono del Málaga

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