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Instituto sos un huracán

Instituto venció al Globo, en su segundo triunfo consecutivo, y quedó a un punto de la zona de ascenso. Fue por 1 a 0, con gol de Juan Martín.

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Los pronosticadores del clima que tanto erran, anoche saltaron de la silla pasadas las once de la noche. Es que observaron que algo crecía en barrio Alta Córdoba. En el corazón mismo del barrio ferroviario y luchador. Ahí, en Jujuy y Calderón de la Barca se levantaba algo extraño. Un fenómeno natural que amenazaba a toda la ciudad.

En esa cancha mítica y con tribunas hechas de cemento y llanto, algo crecía. Como un nubarrón que emergía desde las entrañas de la misma cancha y se empezaba a levantar hacia el cielo. Amagando con tapar a toda la ciudad. Es que por si algunos no lo sabían o todavía tenían dudas, anoche lo terminaron de confirmar. Instituto es esto: un Huracán.

Una fuerza centrífuga que se empieza a chupar a todo lo que hay alrededor, que lo absorbe para sí. Lo vuelve glorioso. Y tanto en la buena como en la mala, te atrae. No te suelta. Hace que te metas en ese quilombo demencial (y especial) que es ser de Instituto.


Anoche, el equipo que conduce Daniel Jiménez brindó una de esas actuaciones que hacen temblar las chapas y las tejas de las casas colindantes al Monumental que, los días de partido, deben cerrar puertas y ventanas. Porque a veces sucede esto. Que se desate el Huracán. Y ojo, Instituto puede llevarse todo puesto.


Un pasito adelante más esta B Nacional que ahora lo encuentra al Albirrojo con viento a favor (44 puntos, y en cuarto lugar). Anoche le ganó (1-0, con gol de Juan Martín) de la forma que ganan los equipos que merecen ser llamados equipos. Y justamente fue ante el mismísimo Kudelka, el DT que empezó a acomodar las piezas y eligió a estos propios jugadores. Pero se fue. No pudo bancarse la peor tormenta que vivió y aún sigue rondando Alta Córdoba.


Pero acá están los que soportaron el temporal. Los que pusieron el pecho a los rayos y los truenos. Está Julio Chiarini en el arco, esperando que del cielo caigan piedras. También las va a atajar. Hay un equipo que más allá de sus limitaciones y sus lagunas en el torneo, ha demostrado tener sangre. Sino miren a Maxi Correa en el medio. El negrito que esperó pacientemente su lugar. Y que ahora, después de cada partido, tiene un moretón nuevo en el cuerpo. Porque se entrega completo. Y como él, el resto. Todos intentando llevar la bola para que el grandote de Juan Martín desate el Huracán con esos gritos de gol que despiertan a las viejas que se acuestan a las 10, después de la novela.


Y ante todo los (malos) pronósticos, acá estás Instituto. Calladito y en silencio apuntando a la meta de los 60 puntos para no sufrir la próxima temporada. Es lo mejor, en un club que tuvo tres presidentes y tres técnicos en una misma temporada: cordura y humildad. Los pies en la tierra.


Sea como sea, que los meteorólogos no teman. Se desató el fenómeno climático que se llama Instituto. En Alta Córdoba ya lo conocen. Y cómo no van a querer estar metidos adentro de este Huracán que es la Gloria, si ahí viven.

Martín y adentro
“Había que revalidar el triunfo en Mendoza y lo conseguimos”, sintetizó Juan Martín. “Por suerte, pude volver a convertir y sirvió para ganar”, añadió el delantero, que ya le había anotado un gol a Huracán en Parque Patricios.

Federico Vismara, otra vez figura, aportó: “Fue difícil y trabajamos muy bien el partido. Faltó tener la pelota más pero al principio hicimos el desgaste”.

Pablo Frontini, quien salvó a la Gloria del empate en un cruce providencial ante Wanchope Ábila, completó: “Quedan 13 finales y para seguir prendidos había que sumar de a tres. Se lo dedic amos a Raúl (Damiani), que hoy no pudo estar”.

La figura
Pablo Burzio. El delantero armó el desborde por izquierda para el gol de Juan Martín y complicó siempre con su ímpetu. Federico Vismara, con su habitual despliegue, también entre los mejores.

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