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Instituto, el aire que respiro

Hubo fiesta. Alta Córdoba fue locura y la Gloria quedó líder, hasta que hoy juegue River. La historia de José Linares, su tubo de oxígeno y el amor por el Albirrojo.

“Esto es lo que te da vida”, dice José Linares, de barrio Poeta Lugones. Cierra los ojos. Un segundo. El grito de la popular retumba. Él respira hondo. Exhala. Es libre. Unas lágrimas empujan sus anteojos gruesos. En su mano izquierda descansa otra más chiquita, la su nieto Tobías. En la derecha arrastra un carrito con el tubo de oxígeno. Para pelearle a la vida. Junto a Instituto. Como siempre.

Ahí está el hombre, de 55 años, los ojos gastados por mirar fútbol. De consumir tanto Instituto en exceso. Sentado en la platea. Cerquita de la raya de cal. Donde ya no vuela Kempes pero si López Macri. Y está firme. Como todo el pueblo Albirrojo. Se irá feliz, después del ajustado 1-0 ante el Gimnasia jujeño. Será más feliz hoy. Cuando vea la tabla de posiciones. Va a leer “Instituto puntero”. Al menos hasta que River juegue.

“Muchas veces dije no vengo más a la cancha. Pero a los días te empieza a picar el culo y volvés”, le cuenta a Día a Día mientras la mirada se le pierde en el campo de juego. En un rato saldrá el equipo dirigido por Franco. Se le mueven las cejas. Su cuerpo e Instituto son lo mismo. Por eso no lo abandona. Siempre juntos. Inseparables.

“Hace años que veo a Instituto. Pasé por todas las emociones. Las buenas y las malas. Viví de todo y acá estoy. Quizá no tengamos tantos campeonatos pero lo que ganamos siempre fue en buena ley”, agrega mientras Milena, otra nieta, de cuatro años, gira sobre el cemento con una camiseta de la Glo bailándole hasta los piecitos inquietos. Y la manga se infla. Un pibe hurga la bolsa con los papeles que cortó la noche anterior. Ahí volarán las notas de la semana. Instituto golpea la puerta. En el césped un Lobo feroz lo espera. Pero éste equipo sabe los caminos del bosque frondoso de la B Nacional.

Cerca de José hay carrito con un tubo de oxígeno conectado a su nariz. No se desprende del mismo. “Tengo una fibrosis pulmonar. Trabajé durante mucho tiempo en una fábrica de vidrios y el polvillo se me fue metiendo el los pulmones. Además, fumaba cuando manejaba un taxi y bue...”, suelta con la voz quejosa, pero mierda que se va a quebrar. Busca aire. Lo encuentra. Se lo da Instituto. Es una bocanada mágica.

Barsottini grita. El Pucho motiva tanto como un cigarro colorado en la boca de una mujer con oficio. La Gloria respira y José también. Van a escribir la verdadera historia. Dybala será el cazador para disparar con un penal a ese Lobo decidido a amargarle la tarde.

Entonces viene el grito de gol. Desde las entrañas. A esa altura, a José se le nubla la vista. Son los recuerdos golpeando adentro. “Antes vivíamos por Nueva Italia. En la época del ‘80 se acostumbraba ponerle a los hijos el nombre de los ídolos: Daniel Gasparini, Atilio por Oyola y así. Pero mi hija nació mujer y le puse Gloria”, comenta este hombre que a los siete años jugó en las divisiones inferiores del club que ahora está mirando.

Afuera y adentro. En la cancha Videla corre con el alma y traba con el orgullo. En el arco pareciera que Chiarini le pidió un cristales de la fábrica a Don José porque no entra ninguna. El Sapito Encina sale de las lagunas para transformarse en el generador de juego. La gente se enciende. La chance de quedar solitos arriba es una tentación. Como que la piba que te gustó toda la vida te diga que hoy está sola en su casa. Pero al pibe Dybala no le dan más las piernas. Le ganan los calambres. Pero qué importa. Ahí está José para aplaudirlo hasta el cansancio. Los conductos que transportan oxígeno no son impedimentos para dar una mano. “Tenía dos opciones: o me quedaba toda la vida con este aparato (señala el tubo) o me opero. El lunes tengo un pre-quirúrgico para recibir un trasplante. Un pulmón nuevo”, confiesa, siempre con los ojos brillosos. Emocionado.

Sí, lo conmueve Instituto. Otro nieto que juega en la Octava. Al que sueña con verlo hacer un gol y viéndolo a festejar al alambrado. Pero entre tanto futuro, hay un presente. El presente es Lagos buscando a López Macri o al viento. Es lo mismo. El presente es el Tanito Gagliardi remando con los huevos. Sí, se puede remar con los huevos.

Y el Monumental se desmorona. “Volveremos, volveremos, a ser el Glorioso cordobés” y “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el puntero cordobés”, suena con estruendo en la barriada.

José Linares se va hacia Poeta Lugones pero parte de él queda en la tribuna vacía. “Si no tenés esto, no hay razón de vivir”, dice mientras el nieto le marca la salida. La mejor medicina sos vos: Instituto, el aire que respiro...

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José Linares, un hincha en serio
Tiene 55 años y padece una fibrosis pulmonar. Ayer fue a la cancha junto a su yerno, y sus dos nietos: Milena y Tobías. El lunes inicia un pre-quirúrgico para recibir un trasplante de pulmón. Alentó hasta el final a los dirigidos por Darío Franco. Un capo.

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