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Guiñazú y Klusener: queremos darles una fiesta a los hinchas de Talleres

Referentes de Talleres. En la previa del clásico ante Belgrano, un mano a mano íntimo con Guiñazú y Klusener, dos emblemas del equipo albiazul.

Casi una historia de dos chicos. Casi la de dos amigos que juegan a la pelota. 

Más allá de la pelota y de lo andado hay una vida. Otra quizás. La de las bromas, la de los tipos comunes, la de dos personas que tienen más motivaciones más allá del fútbol. Pablo Guiñazú juega con el control remoto del equipo musical. Gonzalo Klusener le hace chistes al paso. Guiñazú le replica con otra broma y el 9 de la T espera que el almuerzo llegue a su turno.

El encuentro de Día a Día con Pablo Guiñazú y Gonzalo Klusener fue entre milanesas y papas fritas. La cocinera fue la mamá del Cholo: Doña Gladys. Es la casa del capitán albiazul, que gentilmente invitó para estar en otro entorno, para charlar más relajados.

“Meta maestro, lo estamos esperando que acá la Gladys está a full con las papas fritas”, avisa por mensajito el capitán de Talleres.

La llegada a la vivienda de Guiñazú en una zona campestre, sin ruidos externos (aunque diferente en el living con los estribillos de la Pepa Brizuela), es un espacio para ir más allá de una nota previa de clásico. La comida es riquísima. Y la insistencia es interminable.

“Acá traje el postre, me la pasé toda la tarde decorando ayer”, dice el misionero, mientras el Cholito suelta su risa. No es menor el entorno, íntimo, privado y muy ameno. Más allá de las fotos familiares, resalta la del festejo del ascenso: el Cholo y el Gonza, felices, tras aquella gloriosa epopeya ante All Boys para el “Talleres de Primera”.

Klusener y Guiñazú, dos amigos de este Talleres que juega un clasicazo. (Nicolás Bravo)

–¿Cómo se forjó esta amistad tan fuerte? 

– Guiñazú: Con Gonzalo desde el primer día nos llevamos re bien y te firmo que es un amigo del fútbol. A veces vos necesitás muchos años para querer y apreciar a alguien y a veces nada. Así que con el Cabezón (Klusener) a muerte.

–Klusener: Yo vine casi a último momento y el Cholo también llegó por ahí. Cuando se anunció que él venía, obviamente vería con qué me encuentro ante un tipo con mucho nombre y consagrado. Venir a un club de segunda división en ese momento. Pero el primer día nos sentamos al lado y hubo un cierto feeling y con el paso del tiempo se forjó una amistad. Yo lo disfruto, aprendo mucho, aparte que me lleva muchos años (risas)...

Muchas bromas. Un clima ideal para hablar de fútbol, del equipo, del bajón, del rival, del momento de Talleres. “Todos los partidos son distintos, disputados. Ellos vienen con ganas de llevarse todo, como debe ser”, dice el Cholo.

Mientras, Klusener advierte: “Va a ser complicado, lo sabemos, pero en este momento no nos podemos desviar del primer objetivo que es el de afianzarnos en la categoría. No hemos cumplido ese objetivo aún y es el principal. Contra Belgrano tenemos que ganar porque también serán tres puntos fundamentales”. Al lado de Klusener está Sabry, su novia, que corta el postre mientras el 9 frunce el ceño. Gladys ofrece café. El Cholo dice que quiere un té, pero invita todo: “lo que usted quiera maestro”.

Y aparecen unas camisetas y los disparos del fotógrafo Nico Bravo. Posan, se ríen y patean la pelota. Klusener hace una pirueta con el balón y el Cholo lo aplaude, se ríe y dice que cómo puede clavar la pelota así. “Es una jugada que la vengo practicando por años”, dice el Kluse.

Una red para fútbol-tenis los separa en el patio de la casa. Y una pileta en mantenimiento del agua hace la espuma en la superficie. Guiñazú saluda a los muchachos que le trabajan en la piscina y los llama por sus propios nombres. Ese detalle de no perder lo cotidiano y familiar. La pelota va por el aire. Sabry, la novia del 9 los mira y les saca fotos.

“Nosotros tenemos un plantel en el que los jugadores tienen que estar 110 por ciento”, dice el capitán y agrega: “pero si el profe lo pone a Gonzalo estaría bárbaro, pero que él decida”. Igual, el Kluse banca al que juegue: “Queremos darles una fiesta a los hinchas, ojalá”. 

La charla sigue, muy larga, esperando que sea interminable. 

Gladys, la mamá del Cholo Guiñazú, le sirve el postre a su hijo y a Kluse. (Nicolás Bravo)

Dos nenes de mamá

Gladys se volvió del pueblo. Y está en Córdoba. No para “controlar” al Cholito Guiñazú, sino para darle con todos los gustos. El capitán de Talleres tiene a su esposa e hijos en Brasil, donde residen. Y el veterano volante no “aguanta” por eso pide auxilio: “noooo, yo me la traigo a mi viejita. Además, no sabés, soy un perro en la cocina. Y extraño horrores la comida de mamá. Así que acá la Gladys es la capitana de mi casa”.

Las palabras del Cholo obligan a la premuna y él mismo “torea”. Preguntale a mi mamá qué tal era.

–¿Doña Gladys, ¿qué tal era en la escuela su hijo?

–La verdad, excelente. Nunca tuve un problema. Siempre con buenas notas. Pero él soñaba con esto y con la escuela cumplió.

No se agranda el Cholo, pero es casi parecida a la historia de Klusener, hijo de maestro, el hijo de Yiya no tuvo nunca problemas con la escuela. Es que la charla derivó para ese lado por la revalorización de los afectos. Sabrina es la novia de Gonzalo que lo acompaña de un lado a otro.

“Son como chicos”, dice. Y no es para menos. Al menos lo demuestran frente a Gladys, que a cada rato les ofrece lo que no tiene. “Y cuando vayas para el pueblo maestro no parás. Allá te instalás en el bar de mi hermano, jaja”, dice con orgullo el Cholo.

Llegan los postres, un cafecito, un té y el televisor empieza a ganarle volumen al equipo de música. Se viene Atlético de Madrid-Real Madrid, por la Champions League y no hay mejor manjar que cerrar la tarde con semejante plato fuerte. “¡Mirá, mirá!” dice mientras Gonzalo saca el auto porque tiene que llevar a su novia a un compromiso. “Pará Gonza, hay penal. No te vayas. Ya te digo cómo lo patea”, le tira Guiñazú. Como dos chicos, así terminan la tarde, después de pensar que el día de hoy con Belgrano ya está más cerca.

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