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González y el gol en Instituto, con un pan bajo el brazo

El zaguero convirtió por segundo vez con la albirroja y repitió el ritual. Llevó a su pequeño hijo Thomas, de un año y cuatro meses, al entrenamiento. "Se porta bien, los muchachos le ponen cuarteto en el vestuario y baila", comentó. Eso sí, hubo que cambiarle pañales... 

Con año y cuatro meses, Thomas va camino a convertirse en amuleto. Es el hijo de Ramiro González Hernández, quien lo llevó a la práctica previa a Crucero del Norte, y en ese partido convirtió el primer gol con la casaca de Instituto.

El miércoles, el pequeño se dio otra vuelta por La Agustina de la mano del padre y tras la victoria sobre Atlético Paraná. Y pinta para cábala.

"Se portó bien. Los muchachos le ponían música y bailaba cuarteto. Con Rosales y Olivera se dio más y no lloró. Lo llevé porque mi señora tenía un curso. Ya se había tomado una mamadera, se hizo pis y tuve que cambiarlo en el vestuario", recapituló el zaguero, goleador en la noche del martes.


–¿Es más difícil cambiar pañales que hacer goles?

–Yo prefiero hacer goles, je. Llevó ocho. Hice cuatro en Unión Aconquija en el Federal A, el año en que fuimos rivales de Talleres. También hice para Alvarado en el clásico contra Aldosivi y uno para Juventud Unida ante Nueva Chicago. Ojalá pueda convertirle otro en la penúltima fecha. 

 


–¿Recuperaron la fe para dar pelea arriba?

–Queremos agarrar una racha y los de arriba están perdiendo puntos. Con varios de esos equipos nos tenemos que encontrar y podemos acortar la distancia. 

–¿Qué cambió de Delfino a De María para que el equipo se reencontrara?

–El DT influye pero los que entramos a la cancha somos los jugadores. Y cuando asume un cuerpo técnico todos nos queremos mostrar, es como empezar de cero y todos tratamos de dar algo más. Un caso es el de (Matías) Nizzo. A mi me encanta como juega, había perdido su lugar y ahora está de nuevo en el equipo. 

"En el festejo del gol hice un corazón y la seña del dos. Algunos pensaban que era por los dos goles que convertí hasta ahora, pero fue una dedicatoria para mi esposa Jazmín y mi hijo".

 


–¿Sienten más confianza?

–Las victorias cambian el ánimo. Estamos bien y cuando eso sucede el jugador prefiere que no le cambien nada. Ahora vamos a Adrogué, rival complicado y cancha difícil, con un perímetro chico. Hay que ser inteligentes. 

–Pero contra Atlético Paraná no jugaron como se esperaba...

–En el primer tiempo estábamos ansiosos. En el segundo mejoramos, nos tomamos más tiempo para resolver y creamos más situaciones como para ganarlo. Ellos tuvieron una sola, la que salvó en la línea el Chavo (Endrizzi). 

–Y convertiste en un área llena de delanteros...

–Porque me desmarqué bien. El centro del Gato (Yabale) fue bárbaro, la peinó Magnín y me quedó justa. El arco de la “máquina de escribir” me trae suerte, como mi hijo. 

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