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Gestión Zielinski

Ruso puro. El conductor que llevó al Pirata a la Copa, en una travesía de dos años y medio. De logro en logro.

Hace mucho y no hace tanto. Hace dos años y medio, Ricardo Zielinski desembarcó en Alberdi y tomó el timón de un Belgrano a la deriva, naufragando en los últimos puestos de la B Nacional. No hace tanto. “Había que sacarlo a flote”, miró en retrospectiva el Ruso, quien lleva 99 partidos dirigiendo al Celeste. Hace mucho.


Aquel ex volante de aspecto recio se convirtió en el timonel del Belgrano que llegó a Sudamérica. Aquel jugador de Chaca, con apariencia de Vikingo, hoy pertenece a la sagrada cofradía Pirata y se metió en la historia grande de Belgrano por derecho propio. Qué Barba Negra ni Barba Roja, ni Sandokán ni Jack Sparrow. El Ruso es Pirata de buena ley.


Zielinski. El que habla poco y hace mucho. El reconocido por propios y extraños. El respetado por los colegas y en cada cancha. El que tenía la brújula para llevar a Belgrano a Primera. El que hizo flamear el trapo Pirata en el Monumental, con el botín más impensado: subir a costa del descenso de River. El que puso a Alberdi en el mapa. El que no se sobrepasa ni se exalta, aún en los momentos cumbres. El que no sacó factureros improductivos cuando llegó al pedestal, dejando atrás la desconfianza inicial. El que no desespera ni da manotazos de ahogado ni cuando las aguas bajan turbias. El que hacía un mohín de disgusto cuando decían que los suyos jugaban mal, cuando en realidad jugaban bien sin ser tan vistosos. El del apodo que es coreado por un estadio repleto. El que no sonríe pero da alegrías. El que no llora pero hace lagrimear. El que parece desprovisto de emociones pero conmovió en lo profundo a todo un pueblo, el pueblo Celeste.


Parecía que nada superaría la gesta de vencer a River y mandarlo al abismo. Y sin embargo, a pulso firme navegó por Primera División llegando a buen puerto.

Mantuvo al equipo sin el temor a los remolinos de los promedios. Armó una tripulación acorde a una nave insignia, sacando lo mejor del Juanca Olave, del Guille Farré, del Gato Turus, del Teté González (al principio resistido y al que bancó), del Picante Pereyra; como antes había contribuido a que el Mudo Vázquez sea crack de exportación; y como ahora consolida al Lucho Lollo y a Melano.


Imperturbable, con ese gesto pétreo que no cambió ni en el éxtasis del Monumental, también puso a Belgrano segundo en 2011 y en la lucha por el título del Clausura 2012. Lo convirtió en uno de los mejores del fútbol argentino, máquina de sumar, lo depositó en la Copa Sudamericana y lo puso a tiro de ser la escuadra cordobesa con más puntos en Primera División.


Imperturbable, el Ruso Zielinski irá por más.

Por más. El Belgrano de Zielinski quedó a cinco puntos de ser la mejor campaña de un equipo cordobés en Primera.

Ruso ganador. En sus 99 encuentros dirigidos en Belgrano, Zielinski muestra cifras impactantes. Por ejemplo, nunca perdió tres partidos en forma seguida.

“Orgulloso de ser parte de este grupo”

Si algo distingue a Ricardo Zielinski es que no le gustan las estridencias, las grandilocuencias. Y es modesto. Por eso, con el objetivo cumplido de ingresar a la Sudamericana, realzó a los jugadores. “El mérito es mayormente de ellos. Son jugadores inteligentes que todos los días dignifican la profesión. Estoy orgulloso de ser parte de este grupo en el que todos van para el mismo lado”, subrayó el técnico celeste.


“Las cosas claras vienen de arriba hacia abajo y uno tiene que acompañar con un logro. Como lo es ingresar a la Copa, que significa mucho para Belgrano”, agregó el Ruso.


“Logramos un buen objetivo. Algo que es importante, con esfuerzo. Es una satisfacción tener continuidad y comprobar como un proyecto se cumple. Ya veremos que equipo se arma para la Copa, para eso tenemos tiempo. Ahora hay que terminar lo mejor posible”, enfatizó.


Sobre el empate con Lanús, resumió: “En un partido parejo tuvimos las más claras, y de haber estado más finos, lo ganábamos. Belgrano es un equipo ordenado, que trabaja bien los partidos. Cuando puede jugar, juega y cuando tiene que trabajarlos, lo hace.

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