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Fabricio Oberto, en el nombre del Juego

Misión JJ.OO. 2012. Fabricio Oberto tiene meta: estar a Londres con la Selección. Conocé cómo es un día de su preparación.

Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes - Sábado - Domingo. Los días no tienen nombre. Sólo pasan. Y los quiere aprovechar. La fría mañana de Córdoba hinca la piel, los músculos, los huesos. Pero no es barrera. Su convicción calienta los sueños y el deseo empuja su osadía.

La avenida Madrid ve cómo una imponente BMW X6 avanza dispuesta a llegar a destino. Como quien la conduce. La dirección asistida vuelve simple la maniobra para estacionar semejante bicho en Unión Eléctrica. Fabricio Oberto ya domina la escena.

Las gélidas nubes lo ven bajar bien abrigado, con gorrito de lana incluido. El bolso sale del baúl y la cancha de básquet lo espera. Como Marcelo Vivas, su preparador personal, su dirección asistida.

Son las 8.05, 10 minutos antes de lo previsto para el inicio del trabajo. Es que el pivot cordobés no sólo no pierde tiempo. También le quiere ganar.

“Ya le dejé a Julia (la hija) en el colegio”, le dice Fabri a Día a Día. Y confiesa: “Me cuesta no entrenar”. Su vida deportiva es trabajo, entrega, dedicación. Y cada movimiento así lo certifica. Hay que ver a un tipo de 2.08 metros y 38 años, que dejó atrás una afección cardíaca y que no viene compitiendo regularmente, estar en esas condiciones. ¿A dónde vas, Oberto?

“Voy a jugar el Sudamericano de Chaco, con la Selección. Después, quiero estar en la preselección. El objetivo es poder ir a Londres 2012. Pero si veo que no estoy bien, me bajo solito”, admite.

Los empleados de mantenimiento del club no paran de saludarlo. Y Oberto, hincha de Belgrano, aprovechó para gastar a uno: “¿Sigue jugando Talleres?”. “Me debés una foto”, le reclama uno.

“Regalame una camiseta”, aprovecha otro. “Es un tipazo. Saluda siempre”, cuentan los muchachos con el mameluco, mientras escuchan a Mario Pereyra a través de una pequeña portátil. El lampazo, bañado en querosén, descansa un ratito. Mirarlo trabajar a Oberto obliga a un recreo en las silenciosas instalaciones eléctricas de Villa Revol.

Las luces se encienden lentamente mientras unos tiritos al aro ayudan a entrar en calor, mientras Cepeda, el vice de Unión, se acerca para ver que no falte nada. Hay gratitud de Oberto. Pescadores de jogging, con calzas térmicas, abrigan sus piernas. “Si se me enfrían las rodillas, ¡chau!”, reconoce. Las zapas albas empiezan a recorrer:

“Son viejitas... Deben ser de 2009. Pero casi ni las usé. Hasta que no las destruyo, no las cambio”.

En medio de la rutina, alguna charla se filtra entre Oberto y Vivas. “A las 6 de la mañana estaba en la montaña por el rally”, cuenta de alguien el pivot. Pero trabaja. Corre de aro a aro, dribleando la pelota y definiendo en bandeja. Elonga y sigue con fundamentos. Prueba tiros en el poste bajo. Adentro. Después, apunta a la tabla con una mano. Y también entran.

Se suman elementos a la cancha y unas sillas cobran protagonismo. Son obstáculos, referencias. Fabricio esquiva una, queda de frente al aro y tira. Después, la rodea por el otro lado y van los ganchos. Mientras, Vivas corrige la técnica: “¡Con los dedos, Fabri!”. Luego, explica: “Ahí está la clave del tiro. Hay que sentirlo en la yema de los dedos”.

También la muñeca. Hay que quebrarla bien para que la bola haga la parábola necesaria.

Pasan los minutos. La intensidad sube. Los ejercicios se suman y el interno busca ganar confianza con la pelota. Sí, Fabricio ataca. En su último tiempo en los Spurs le criticaron no tomar decisiones en ataque. Pero aclara: “Era mi rol en el equipo. No me molestan las críticas. Acá somos de criticar muy fácilmente. Siempre tenemos un pero los argentinos. Yo estoy listo para hacer lo que tenga que hacer. Varias veces hizo falta que fuera determinante en ofensiva y demostré que puedo hacerlo. Por eso trabajo de esta manera, para estar listo”.

Los descansos apenas alcanzar para pestañear. Se viene una actividad de reacción. Tomar la bola apoyada en una silla y lanzar apenas Vivas da la orden. Primero, de frente. Después, con el respaldo de costado, para complicar el recorrido de la mano hábil al momento de agarrar la pelota.

Más trabajo. Más ejercicios. Vivas ordena “¡1!” y Oberto tiene que tirar de una al aro. Vivas ordena “¡2!” y Fabricio tiene que penetrar, esquivando las sillas. Todo veloz. La mente no piensa. El cuerpo hace. El alma grita por los poros. Es un grito de guerra, de gloria.

Le pone ritmo. Se sabe del amor de Fabricio Oberto por la música. Y el tipo, entre zapatillas, camisetas y medias, anda con un iPod con parlantes. Sonidos de batería, guitarra y bajo acompañan su fajina, apoyados sobre la mesa de control. “Armo unas carpetitas con canciones que me gustan. Pero tengo problemas con el profe porque él es más del rock nacional y yo le traigo todo en inglés. Je”.

El cordobés forma parte del proyecto que lentamente está llevando adelante Mario Pergolini, con Vorterix, un formato multimedia, que arrancó con la radio. “Me tiene un poco ansioso eso. La idea es hacer como un móvil desde distintos lugares”, contó. Y agregó: “En un momento analicé estudiar periodismo. Más adelante, veremos. Pero conseguí unos apuntes sobre cómo hacer una entrevista, como para tener algo de idea”.

Parece que su futuro estará en los medios. Pero, hablando de futuro… ¿qué pasará con su futuro deportivo? “Por ahora, pienso en el Sudamericano. Después, en llegar a Londres. Aprendí a ver mi vida día a día, como el diario de ustedes, je. Hasta te diría que hora a hora. Pero en esto no tengo ansiedad. Ya son muchos años”, tira. La NBA. Europa. La Liga Nacional. Atenas.

Las opciones están. Los días también. Y pasan con Oberto entrenando. Quiere tener todos los fundamentos para ir a Londres. En el nombre del Juego. Del Juego Olímpico.

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Sus números en la Selección Argentina, en 111 partidos oficiales FIBA

Puntos. Tiene 960 tantos marcados con la casaca albiceleste mayor. Su promedio es de 8.6 por cotejo, en los 16 torneos que disputó.

Tiros. En dobles, Oberto tiene un registro de 411 anotados, sobre 673 lanzados (61%). En libres, suma 150 sobre 280 (53%).

Rebotes. En el juego aéreo, y con la camiseta de Argentina, el pivot tomó hasta ahora 489, con una media de 4.4 recobres por cotejo.

Asistencias. El varillense totaliza en su historial con la albiceleste 120 pases gol. Promedia 1.08 por juego. Está en la Selección mayor desde 1995.

Defensa. Tiene 96 robos (0.8 por partido) y 78 tapas (0.7). Con Argentina, logró cinco medallas de oro, entre ellas, la olímpica de Atenas 2004.

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Steve Edwards

Así lo ve. El alero, compañero de Oberto en Atenas en la campaña 1997-1998, lo definió: “No me sorprendió que llegara a la NBA. Su manera de trabajar lo hacía distinto al resto. Talento, cabeza y mucha contracción al trabajo. Por eso hoy puede seguir jugando en alto nivel”.


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