?>
Deportes

Ésta es tu cruz

Largo peregrinar. La T aún tiene mucho por lidiar. El empate de ayer confirma el camino de espinas que será la Fase Final.

¡Mirá la galería de fotos del partido!

Detrás de los autos amontonados hay un mar agitado. El agua, caliente, hierve como en las ollas a presión. En el medio de ese océano humeante, un estadio con 33 mil adentro representan todas las especies que acopia el hincha de Talleres. Los sufridos, los borrachos, los escépticos, los optimistas, los depresivos... Todos ahí, amontonados en ese peregrinar incesante. Y, así, Talleres es un barco gigante, colosal y brillante, que se mueve de un costado hacia el otro. En el medio de todo, aquellos que son los “elegidos” para conducirlo pierden esa brújula.


Pero no hay naufragio, quizás la prolongación de tanta tensión en un torneo que parece interminable. Porque al fin de cuentas, el empate 1-1 ante San Martín de Tucumán vuelve a transformarse en ese vía crucis de siempre. Repetido. En realidad, el que nunca ha dejado de ser para este Talleres.


Parecía que ese barco enorme que era el estadio mundialista, bamboleante por el gol que rompió un cero bajo candado, llegaba al puerto a pesar de la tormenta. Pero al final no. La imagen devuelve lo de siempre: un camino de espinas. Esta es la cruz que te toca Talleres. La del Argentino A. La de romperte por dentro siempre. La de armarte otra vez para empezar de cero. Hasta un viejo con la mejor de las ondas se había vestido del Papa Francisco en la platea.


Repartía estampitas albiazules con el escudo de Talleres. “Che, vó, mirá, el Papa es de Taiere”, decía un grone que enfocaba con el celular para la foto.


La alegría de este hincha que no se termina jamás, se choca a veces con los finales menos pensados. Pero, bueno, si vas al cine, no todas las películas tienen final feliz.


Hay que batallar. Hay que pataconear lindo. Qué barbaridad lo que había sido esta cruz en la espalda. La de Javier Villarreal. El Villa Crucis. Porque a Díaz se lo comieron en el medio y quedó el capitán en el PT, casi de “lanzador”. Agustín sufrió el partido y no jugó bien. Tampoco Olego. Bottino por momentos. Klusener, allá en la punta. Igual, en Talleres no hay Pilatos. Nadie se lava las manos. Saben que se jugó feo. Que quizás el Flaco Trulls (dos meses parado) no estaba para los 90. Que Benítez no “puede” hoy ser volante. O que Cháves también puede mandarse alguna macana. Pero, bueno, este Talleres chocó con un rival “sucio”, de esos que te juegan con todos los atributos de buenas y de malas. Y que te va a querer hacer eso: enturbiar. Y bien que lo supo hacer. San Martín fue un acopio de soldados con el látigo en las manos. Pegando arriba, abajo y con las frases al oído. Talleres entonces lidió con eso. También intentó que no hubiera un Judas entre los 11 apóstoles. Nadie quiso traicionar las ideas, está claro, pero la cosa no salió. Talleres, si va por agua es un mar tormentoso, ácido; si va por tierra, es un camino que pela las patas. Mordiendo los labios. Que hace pensar que se sacó de encima con lo justito a Juventud Antoniana, a Sportivo Belgrano y que ayer no pudo con el Ciruja. Que la cruz esa que sabe llevar sobre sus espaldas el capitán Villarreal, pesa como siempre. Por eso hay que saberla llevar. No es cuestión de pensar que “se perdió”.


Muchos “Pedros” negaron tres veces el empate antes de que cante el gallo. Pero el pitazo final fue la desazón. Quedan más cosas. Demostrar qué equipo es fuera de Córdoba. Dar un paso de visitante, en serio. Volver y revalidar todo lo bueno que se consiga. Corregir sobre la marcha. Levantar la cruz, agachar la cabeza y caminar. No dejar de ir, nunca. Como esos feligreses ante los que hay que rendirse desde hace cuatro temporadas. Es una cruz así de grande.


Sumate a la conversación
Seguí leyendo