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El pibe Mateo Klimowicz en Instituto: apellido de gol

Con 16 años, el hijo mayor del recordado goleador muestra que lo lleva en el ADN. Ya anotó dos en la pretemporada. "Mi virtud es la tranquilidad en el área", apuntó. Una promesa más allá del nombre.

Los une el apellido, la sangre albirroja y sobre todo, el sacramento del gol. Porque Mateo Klimowicz apunta a seguir con el legado de su papá Diego en Instituto.

Y aunque no es un delantero de área neto, también es goleador de raza y le apunta siempre al arco, aun siendo volante.

Ya mostró credenciales en Sunchales, anotando un gol en cada uno de los dos amistosos que la Gloria disputó en Santa Fe.

 

 

Contra Libertad entró para el remanente y con sus 16 años armó un desparramo en 15 minutos: un gol, una maniobra que terminó en penal y un disparo de tijera que dejó abollado el travesaño.

–¿Así te esperabas tu primera pretemporada en Instituto?

–Cuando me la imaginaba pensaba que me iba a costar más la parte física. Y eso que fue dura. En lo futbolístico, al principio no me animaba mucho a pedir la pelota. Después me fui soltando.  

–Sos el mimado del grupo…

–Me siento muy cómodo. El grupo es muy bueno, siempre con el mejor humor.

–Ya te van a buscar algún apodo, más acorde a un goleador y como el que tenía tu papá…

–Me dicen Tetu. Granadero es para un “9...

"Mi papá está más feliz que yo. Me pide que siga jugando como lo hago en mi categoría. que no me apure, pero que intente dar lo mejor".

–Klimowicz padre debe ver en vos su foto de hace 25 años…

–Está más feliz que yo. Me dice que no me apure, pero que siempre intente hacer lo mejor.

–¿Cuáles son los consejos para definir ante el arquero?

–Hablamos mucho sobre la definición. Lo que me pide es que trate de seguir jugando como lo hago en mi categoría (Sexta división). Soy un media punta que juega detrás del “9”, por eso el mejor compañero que tuve hasta ahora en Instituto es Axel Villarreal, el “9” de mi categoría.

 


–¿Cómo te describís a vos mismo en la cancha?

–Soy muy tranquilo en el área. Por eso vienen los goles. Y cuando tengo la pelota encaro con el “9” como primera opción.

"Veo siempre a Messi y a Neymar, que no juegan con posiciones fijas. Y ahora lo busco siempre a Rosales, trato de aprender de él".

–¿Y en quién te fijás como modelo?

–Veo todos los partidos del Barcelona por Messi y Neymar. Son delanteros sin posiciones fijas, y goleadores sin ser delanteros. También me gustaba (Juan Román) Riquelme y ahora miro mucho a Paulo (Rosales). En las prácticas de fútbol lo busco siempre, trato de aprender de él.

 


El camino al área. La participación de Instituto en los torneos de AFA en Divisiones Inferiores pusieron a Mateo Klimowicz como protagonista.

Su equipo en Sexta alcanzó la final en la Copa Integración, y la perdieron por penales. Otra figura juvenil promovida al plantel superior es Gregorio Guerra, marcador central y otro de los “pelados” que asomaron este año en el grupo que comanda Iván Delfino. “Con Gregorio somos amigos, es potente y rápido”, lo elogió Klimowicz.

–Ya pasaron todos forzosamente por la peluquería

–Si, nos venían avisando. Sobre todo (Esteban) Orfano, él nos dijo que nos pelarían. En mi caso no lo lamenté tanto porque justo unos días antes me había puesto un colorante que me dejó el pelo colorado.

–¿Cómo fue el recibimiento de Delfino? Un DT que puede parecer apabullante por su forma de ser.

–Los primeros días estuvo muy estricto. Después nos hizo sentir como a uno más del plantel. A mí me pide más marca, soy un poco vago para marcar.

–¿El tema del colegio es exigencia en casa y en el club?

–Voy a un colegio en barrio General Bustos, con horarios especiales. Antes iba de 9 a 12 y me cambiaron de 13 a 15. Mi papá se enfoca en el fútbol y mi mamá es más hincha con la escuela.

–¿Qué objetivos te propusiste para este año?

–No soy de ponerme objetivos a largo plazo. Tampoco lo hacía en las Inferiores, aunque si quería hacer goles. En 2015 convertí 16 y el año pasado 20. Quedé a uno del goleador del torneo.  

Con raros peinados nuevos. Además de Mateo Klimowicz, el del apellido ilustre por la fama de goleador de su padre Diego, La Agustina pone en escena a otros tres juveniles en el plantel superior.

Martín Pino, delantero de área nacido el 16 de marzo de 1998 en Córdoba. Autor de varios goles en la Quinta, fue adquirido a Villa Azalais.

Gregorio Guerra, de 17 años (los cumplió ayer domingo), nacido en Unquillo y un marcador central potente y aguerrido.

Maximiliano Gutiérrez, nacido en Córdoba el 4 de enero de 1997. Volante por izquierda que puede jugar de lateral, proviene de la Cuarta de AFA y anotó el gol del equipo titular en el amistoso del pasado viernes ante Unión en Sunchales (entró desde el banco).

Los cuatro son fácilmente reconocibles por los estragos que hicieron sus nuevos compañeros al cortarles el pelo. 

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