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El fútbol en suspenso: pasó el carnaval, sigue la murga

El paro lanzado por Sergio Marchi y Agremiados jaquea el inicio de la competencia. Y en este corso a contramano, aún contra la voluntad de muchos de los futbolistas, parece que impondrá su postura.

"Siga el baile, siga el baile", resuenan los acordes. "Que la vida es un carnaval", entonan en otro estribillo.

El fútbol argentino, inmerso en un loco carnaval, no emerge del frenesí, de la informalidad, del delirio, de tanta locura desatada.

Casi tres meses después del inicio del receso, aquel lejano 18 de diciembre de 2016, se creía que este fin de semana la pelota volvía a rodar en las competencias oficiales. 

Fecha programada, árbitros sorteados y hasta el dinero depositado. Todo menos futbolistas.

Porque en una fantasmal aparición, Sergio Marchi se plantó en un paro que puede sonar comprensible, y que aún así hace más ruido que una comparsa de Gualeguaychú.

Es que el cuestionado mandamás de Agremiados, a esta altura perpetuado en el poder al mejor estilo del todo pasa de Grondona en AFA, saltó a escena como para reafirmar que tiene el sarten por el mango.

Lastimoso que no lo haya hecho antes, como cuando jugadores de Douglas Haig lanzaron un S.O.S. porque no les alcanza ni para comer por las dilatadas deudas salariales. Y ejemplos como esos, así de crudos, hay a montones en las categorías del ascenso que se debaten por la subsistencia. Y también en algunos clubes del fútbol de elite.

Marchi, con una difusa autoridad moral, culpa a los dirigentes por la crisis en el fútbol argentino, los estigmatiza, los pone bajo sospecha. Y a todos en la misma bolsa. Por eso pretende que la AFA le pague a los jugadores directamente, sin entregar el dinero a los clubes. 

Y si fuera por Marchi, hasta preferiría que el propio Gobierno Nacional cargue las cuentas en los CBU de los futbolistas. Un Gobierno al que, a la vez, le pueden pedir desde AFA la conciliación obligatoria para destrabar la huelga. 

Por eso ya comunicó que los capitanes de los equipos "saben lo que tienen que hacer". O lo que sería lo mismo, los conminó: "Si les digo que es carnaval, aprieten el pomo".

Porque hay un paro señores. ¿El viernes se jugó un amistoso entre Belgrano e Instituto con 40 grados a la sombra? No importa. Hay paro. ¿River y Boca jugaron amistosos con camisetas, público y toda la barba? No importa. Hay paro. ¿Huracán y Racing juegan Sudamericana? Basta de pitos y matracas muchachos. Hay paro.

Lo que hay que hacer es sacarse la máscara. En todos los estamentos del fútbol, donde abundan las caretas.

En definitiva, esta retención de actividades que impulsa Agremiados impone condiciones por su fuerza de choque todavía vigente. Porque los futbolistas responden a este espíritu de cuerpo sindical y a la solidaridad con colegas que están desvalidos.

Y aunque lo digan de la boca para afuera, no todos concuerdan con Marchi y Agremiados.

Incluso a muchos los ponen en aprietos. Como en el caso de Belgrano, cuyos futbolistas deben pararse ante la encrucijada de "carnerear" la protesta o ir contra los intereres de la patraonal (el club), que cumple en tiempo y forma con los haberes. 

Con la anadidura de que Armando Pérez, hablando de patronal, es vapuleado por los ataques que recibe de todos lados en la Comisiónn Normalizadora, y lo que menos esperaba era recibir un golpe de su propio riñón. 

En este corso a contramano que se volvió el fútbol, el plantel de Belgrano está con el pie en el estribo del avión para saber si viaja o no viaja este jueves para jugar este viernes. Así de carnavalesco.

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