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El Día del Futbolista en el recuerdo, en una jornada de luto

De la euforía por aquel gol soñado de Grillo a los ingleses, que dio paso al origen del festejo, a la tristeza por la muerte de Emanuel Ortega. El fútbol, a sol y sombras.

"Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar".

Así retrató el genial Eduardo Galeano al fútbolista. El escritor uruguayo confesaba que en sus sueños más deliciosos era un gran jugador. ¡Y quién no!. Los que amamos al fútbol y no sentimos pudor al admitir que somos capaces de derramar lágrimas o de fabricar los momentos más dulces e inolvidables por el fútbol, soñamos con ser fútbolistas. Con los ojos abiertos, también.

Pocos llegan a consagrarse. Los más, nos volveremos viejos con esa frustración. Pero nadie se irá de este mundo sin haberse sentido, aunque sea alguna vez, en la piel del goleador que sacude las redes y las tribunas. Del arquero súper héroe capaz de volar palo a palo. Del 10 sobrenatural, una especie que se creía en extinción y sin embargo vive en nuestros corazones y allí gozará de buena salud por siempre.

Ser futbolista era el sueño dorado de los que pateabamos cualquier cosa que se asemejara a una pelota, a una circunferencia. Porque a veces eran bollos de papel o tapitas de gaseosas en los recreos, o balones de dudosa autenticidad en los campitos, donde encima picaba para cualquier lado aunque fuera la oficial del Mundial.

Muchos nos habremos contados goles con la misma fantasía que enumeramos las conquistas en una noche de sábado. Y en más de una ocasión aplazamos una salida al baile y hasta cancelamos esas citas que no abundaban, porque al otro día había que levantarse temprano para competir en nuestro Championes League, el baby fútbol del barrio.

Cuántos habremos metido algún gol anónimo o elaborado una jugada magistral en un potrero que hoy fue devorado por la ciudad en expansión. Ahora, el síntetico hace que la pelota pique bien, pero a muchos nos pica el olor a pasto de verdad, el aspero conctaco con la tierra, el azaroso devenir de la pelota.

La mayoría salimos pata dura y sin embargo, quien nos quita lo bailado. Ahora es más fácil llegar a estrella, hay que adiestrarse con la play y listo. A las otras generaciones les costaba pelarse las rodillas, como se pelaban los cascos de las viejas pelotas.

 El Día del Futbolista Argentino se celebra todos los 14 de mayo por aquel gol de mitología que convirtió Ernesto Grillo para la Selección argentina en un amistoso contra Inglaterra (nunca serán amistosos) en 1953 en el estadio de River, con victoria 3-1 para los albicelestes.

Este día el festejo se empañó porque hoy murió Emanuel Ortega, el jugador que pasó once días internado por una fractura en la cabeza durante el partido de Primera C Metropolitana entre San Martín de Burzaco, su equipo, y Juventud Unida.

Paradógico, pero la muerte es una de las cosas de la vida. Y el fútbol es la vida misma.

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