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El Cacna, el club de hockey que nació en un barrio humilde de Cruz del Eje

En un barrio marginal y dónde sólo se jugaba al fútbol, se empezó a gestar un sueño: crear un club de hockey. Formado por chicos y chicas que desconocían el deporte, ya llevan dos años de vida y participan en la Liga de Punilla.

Un día cualquiera, hace dos años, Tito trabajó como siempre en el Banco de Córdoba de Cruz del Eje hasta pasado el mediodía. Y, por la tarde, agarró su cámara de fotos y decidió aceptar la invitación que le había hecho Virginia.

Jamás en su vida estuvo cerca de un palo o una bocha de hockey. Pero el deporte siempre le movió cosas adentro. Eso de estar con los chicos. Enseñar. Compartir. Algo que vivió siendo entrenador de básquet. Pero eso era pasado.

Y el presente lo tenía con su cámara de fotos, su otra pasión, siguiendo a jugadoras de hockey en un club de fútbol de Cruz del Eje (el Club Atlético Central Norte Argentino) que les había cedido una cancha de tierra para que jugaran al hockey.

Alrededor, se asoman algunos niños y niñas de uno de los barrios más humilde de esa localidad cordobesa (barrio Central Norte, como el club) que entendían menos que Tito de ese deporte del que sólo conocían a Las Leonas de verlas en la tele alguna vez. De casualidad.

Pero a los chicos les dio curiosidad. Y una tarde se acercaron.

Tito (Roberto Luna Gómez para el DNI) recuerda ese día y no puede creer que hoy, dos años después, ese bancario que fue a sacar fotos sea el DT de hockey del Club Atlético Central Norte Argentino de Cruz del Eje, el Cacna Hockey como lo conocen todos en la Liga de Punilla.

Un pequeño club que se formó casi sin querer, pero que logró interesar a niñas y niños de un sector marginal, que se metieron en un mundo extraño.

Y poco a poco, desde la nada, lograron comprar palos, bochas y hasta zapatillas para chicos y chicas que llegaban descalzos a un deporte desconocido.

Hoy, cada integrante del club tiene su propio palo de hockey. Sin ayuda de nadie y haciendo rifas, vendiendo pollos, empanadas. A pulmón.

“El primer torneo que tuvimos que viajar fue en La Falda. Había nenas y nenes que era la primera vez que salían de Cruz del Eje”, cuenta Virginia Toniolo, una de las mentoras de este proyecto. Odontóloga del pueblo y jugadora de hockey desde siempre, junto a sus compañeras pidieron el permiso y empezaron a entrenar en este club tras irse de otra entidad de la ciudad (el Cavis de Cruz del Eje).

Y llamaron a Tito para sacar fotos. Allí empezó a gestarse esta maravillosa historia.

"Los nenes no tenían con qué... Así que nos pusimos como objetivo comprarles los palos. Con la ayuda de los comercios y amigos logramos comprarlos. Tito de su bolsillo compró conos y bochas. Y como le gustó hizo varios cursos de entrenador. Se fue instruyendo. Le pedimos que sea el técnico y se animó”, recuerda Virginia.

“Yo soy empleado bancario. Tenía una compañera que jugaba al hockey. Ella se separaron del club Cavis de Cruz del Eje. Y un día me dice: 'Estamos por armar un equipito, No nos queres dar una mano'. Yo le dije: 'Llevo la máquina de fotos y te puedo hacer prensa en Facebook'. Yo soy técnico provincial de básquet, pero de hockey no conocía demasiado. Al principio fui sacando fotos y fotos, pero me fui enganchando con el hockey. Y un día, sin darme cuenta, las empecé a dirigir”, dice por su lado Tito.

“Nora, mi mujer, me bancó desde el primer día. Yo empecé a leer, estudiar. Y un día estábamos en el club, donde nos permitieron empezar a practicar, y vimos a los chicos del barrio que se asomaban por las tapias. Les daba curiosidad. Ahí nomás pensamos en armar una escuelita gratuita de hockey. Yo tenía experiencia de como dar un deporte y hacer la iniciación del juego. Lo demás viene solo. Y nos largamos", agrega.

El año pasado quedaron últimos en la Liga de Punilla, algo lógico al ser su primera participación. Este año ya han avanzado “un montón”. “Todos lo felicitan a Tito por como se han superado. No sabían ni lo que era un palo de hockey”, se sincera Virginia.

Este proyecto lleva algo más de dos años y cuenta con unos 30 jugadores en categoría formativas. La mayoría son chicas.

“Mirá, apenas llegamos un grupo de chicos nos miraba entrenar desde la tapia hasta que un día los invitamos. Se había formado un lindo equipo de niños. Pero un día alguien en el barrio le dijo que este era un deporte de minas… Y no vinieron más. Una pena. Ojalá los podamos recuperar”, dice por su lado Tito, que entrena tres veces a la semana a las juveniles, totalmente ad honorem.

Son tres categorías: Sub 17, sub 14 e infantiles. "Y con una pasión que pocas veces en mi vida vi", dice Virgi, que junto a Lorena (otra ex jugadora) y Tito son los tres que pecharon este barco desde el inicio.

“Qué te puedo decir… Yo disfruto mucho de ayudar y verlos crecer. Me gusta que abran su cabeza. Que vean que hay otra posibilidad, otra salida. Que con esfuerzo se puede crecer. Enseñar desde el deporte. Me fui preparando y aprendiendo de hockey. Yo tenía las bases al ser entrenador de básquet. Pero esto me llena el alma”, cuenta Tito.

Y va más allá: “Estos chicos son pobres y el hockey es caro. ¿Cómo hacemos? Las chicas son de fierro y arrancaron a buscar recursos para comprar palos y pelotas. Hubo un comerciante amigo que nos prestó 30 mil pesos. En dos meses se los devolvimos, vendiendo rifas, empandas, de todo. Y así armamos lo que es el Cacna hockey. El proyecto apunta al 2017, queremos trabajar fuerte dos años a ver qué pasa”.

La participación en la Liga de Punilla los enorgullece. Más allá de las diferencias económicas, jamás sintieron un trato diferente. “Nos reciben muy bien en todos los clubes. Eso es lo que más feliz me pone”, comenta Tito.

“A cada amigo le pido que me regale una bocha o algún elemento para entrenar… Así fuimos armando y equipando a todos. Hoy cada chica tiene su palo y se los doy para que lo lleven a su casa. Para que entrenen en el tiempo libre… Quiero que progresen”.

A diferencia de los otros clubes, que poseen canchas de césped sintético, el Cacna juega en cancha de tierra. “De tierra, tierra, eh”, dice Tito. “Pero soñamos un día poder construir una cancha de césped sintético. Ya tenemos el lugar y todo. Soñar no cuesta nada, ¿no?”.

Y tiene otro gran anhelo, enorme, gigante. “Me gustaría que algún día que jueguen Las Leonas o los Leones en Córdoba poder llevarlas. Que los vean en vivo. Sería una emoción inmensa para todos. ¿Te imaginás?”.

Tito recuerda esa tarde que llegó con su cámara de fotos y no puede creer todo lo que ocurrió hasta acá.

Mira la cancha de tierra y sigue soñando. Más allá las chicas corren detrás de la bocha.

“La gente humilde tiene capacidad, no hay que dejarlos de lado. Solamente que el medio no les permite llegar a ser más de los que son. Pero si se les brinda la oportunidad, hay chicos fabulosos. Están ahí, pero nadie los encuentra. Pero porque nadie busca qué podemos hacer con ellos. Hay que entusiasmarlos y darles la premisa de que con esfuerzo se pueden lograr lindas cosas en la vida”, cierra Tito.

Viste, soñar no cuesta nada, ¿no?

Incorporaron a la familia. De a poco y lentamente, además de sumar chicas y chicos del sector marginal de Cruz del Eje, el CACNA ha sumado a padres, que encuentran también un lugar para colaborar.

“Es gente muy humilde y arrancamos sin cobrarle nada. Ahora ya hemos integrado a la familia, los hacemos laburar, con un sistema. Cada padre tiene obligación de vender cinco pollos, ellos los hacen en sus casas y los reparten. Nadie se sobrecarga. Queremos inculcarle a los chicos que nada es gratis en la vida, que hay que esforzarse. No hay que estar esperando que alguien te traiga las cosas”, cuenta Tito.

“A mí esto me cambió la vida. Sobre todo en este barrio. A mí me da aliento, yo sigo haciendo cursos de entrenador de hockey. Es lo que me motiva, estudiar para transmitir el deporte. Yo sueño que algún día las tengo que llevar para ver jugar a Las Leonas. Sueño con eso", dice Tito.

"Cuando jueguen las Leonas en Córdoba tenemos que sacar plata de algún lado para que las vean en vivo. Pero tengo varios sueños más…”.

 

 

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