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Dulce amor para el Pirata

Belgrano por siempre. Los duelos ante Boca siempre marcaron un antes y un después en la vida del Celeste. Y ayer, el moderno estadio lució aún con ese dejo de nostalgia de todas las épocas de la B.

Fiestón en la Artime...  Los hinchas de la B coparon el Kempes (Javier Ferreyra).

Fiestón en la Artime... Los hinchas de la B coparon el Kempes (Javier Ferreyra).

Belgrano lo puso hasta los moños. Acaso el único lugar vacío que se vio estuvo en la platea Ardiles (Javier Ferreyra).

Belgrano lo puso hasta los moños. Acaso el único lugar vacío que se vio estuvo en la platea Ardiles (Javier Ferreyra).

Boca es Boca, se sabe. Repletó la popular norte, la Daniel Willington (Javier Ferreyra).

Boca es Boca, se sabe. Repletó la popular norte, la Daniel Willington (Javier Ferreyra).

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Dulce amor para el Pirata

23/04/2012 00:00

Por Sebastián Roggero

No es un domingo de misa, pero casi. Es una cuestión de fe para el hincha de Belgrano. Desayuno light, primero. Y después a la casa del amigo para comer el asado. Y la sobremesa más larga del mundo. También la más linda. Acordándose de los Belgrano-Boca. “¿Te acordás de la vez que el Tano Spallina se la metió entre las piernas al Mono Navarro Montoya y Sodero terminó siendo la figura nuestra atajando todo?”.

Claro que se acuerdan en esa charla que dura hasta a las 16, como para enfilar después hacia el Kempes. Porque habrá un montón de gente, piensan. Y tienen razón. Y en el auto se acuerdan de la vez que el Negro Benetti también le hizo un gol a Boca y también fue triunfo y también en el Chateau. Y van por Cárcano. Todavía tienen las mollejas en el pecho, porque ni los feneces ayudaron a la digestión. Se acuerdan del gol de Peppino, el de 2006, la vez que Boca tuvo que tirar las cajas de champán con las que pensaba festejar un título más.

Se acuerdan porque sienten adrenalina. Es que estos partidos son así. Es un Belgrano-Boca. Es el partido de los trapos. El de las 55 mil personas. Ese que se vive cuando el hincha se topa con los portonazos del escenario. Ese que se late diferente al subir la escalera de la tribuna Artime y al toque se ve que ya todo está celeste. O casi todo. Porque allá, al frente, está el azul y oro de uno de los clubes más grandes del país. Y se les escucha esa banda con trompetas y redoblantes y algunos bombos. Y todo bien. Son Boca.

Pero al hincha de Belgrano no se le mueve un pelo. Y le quiere hacer saber a los del frente que bajar a River no es algo que hace cualquiera. Y el hincha de Belgrano se acomoda debajo de la bandera gigante, la de los 40 y pico de metros, la que pesa 500 kilos y salió unos 50 mil pesos. Y el que está en la platea Gasparini quisiera estar en la Artime. Lo mismo que el que pagó los 300 mangos para ir a la vieja techada.

Y aparece... Y sale el equipo a la cancha y se acaban las palabras. Eso se siente. Lo sienten todos. El hincha de Belgrano quiere ganar. Pero ya está. Con ese recibimiento ya está. Sintiendo que el piso se mueve ya está. Que se le cayeran los nuevos techos de las tribunas y no le haría nada. Ya está. Si ir a la cancha es eso. Es sentir eso. Eso, sí, eso. El hincha de Belgrano sabe qué es.

Y después el equipo. Todos meten. El hincha de Belgrano no quiere ver al Barcelona. Mientras todos pongan huevo y no se achiquen, estará bien.

Riquelme la agarra y se le arrima al morocho Ribair y eso cautiva a las masas piratas. Olave vuela y hay aplausos. Y vuela otra vez y más aplausos. Y está el hincha de Belgrano que extraña al Mudo Vázquez y al Picante Pereyra. Qué lástima Picante, qué lastima.

Es el que piensa que Belgrano tendría más chances con ellos.

Pero ese hincha es el que se pierde en el barullo de la jugada del primer gol. El centro, que le pega este, que le pega aquel. Que no le pega nadie. “Pegarle culito”, ruega el del lado. Alguien le pega, se mueve la red y todo que se nubla. Gooooooool. Nadie mira la cancha. En los goles nadie sigue mirando la cancha. Todos miran al del lado, el tipo del abrazo. Siempre es así y siempre lo será. Gooooool. Y ya está. Ir a la cancha es eso. Ese grito de gol.

Y después el hincha de Belgrano se calienta con Pittana porque siente que le pita todo en contra. Y cuando Erviti empata, siente bronca. “Que va hace, che”, calma otro.

Y se va el partido. “Estaba lindo para ganar”, se figura uno, que igual se va contento del Kempes.

El hincha de Belgrano es así. Para ellos, esto es un DULCE AMOR. En las buenas y en las malas.

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Y fue todo muy tranquilo adentro

Era un partido considerado de alto riesgo por la Policía de Córdoba, pero al fin de cuentas no hubo dramas al menos durante el partido. Se sabe que la relación entre las barras no es la mejor y la presencia de la Doce en el Kempes no pasaba desapercibida.

Hablando de los capos de la hinchada visitante, se vio en la previa como la Policía les ordenó un ingreso exclusivo, mientras el resto del público debió “comerse” al menos dos horas de cola.

Es que el ingreso al estadio es un drama. Pocos portones abiertos derivan en muchos problemas y demoras. La salida del escenario también es un drama, como cada vez que hay más de 50 mil personas en el Kempes. Pero al fin de cuentas, por suerte, este fue el problema más significativo. No se registraron hechos graves en las inmediaciones del mundialista tampoco, algo que dejó como consecuencia una fiesta más con Belgrano en primera.

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