?>
Deportes

Cuentos de verano: El colectivo Pirata

Seguimos con la saga de narraciones, reales o mezcladas con la ficción. Como la increíble travesía de los hinchas de Belgrano a Brasil. Si querés enviar tu cuento, mandalo a deportes@diaadia.com.ar

Extracto del diario de viaje de Juan D. C. Fanático de Belgrano, rumbo a Curitiba.

Lunes 19 de septiembre. Por Dios hermano, lo que es esto. Una locura. Ya arriba del colectivo. Yo que juré que ni en pedo me iba a Camboriú en bondi porque no es humano viajar 30 horas… Acá estoy, listo para acompañar a mi Belgrano del alma. Todavía sin voz por los goles del Taca y las atajadas del Juanca contra Estudiantes. Pasamos en la Sudamericana, al fin salimos del país. Será inolvidable.

Martes 20 de septiembre. "Brasil, decime que se siente… tener en casa el Carnabal". Son más de 20 colectivos en viaje, todos cantando. La ruta es Celeste. ¡Pasan cuatro locos en un taxi! En la aduana nos demoramos por un canadiense con pasaporte italiano, hincha de Belgrano. Así de delirante todo. Lloro y me emociono a cada rato. ¿Cuánto faltará para llegar? Una vida. ¡Te banco Belgrano! 

 


Miércoles 21 de septiembre. Ya no vemos tantos Piratas en la ruta. Cómo puede ser, si era una invasión. Hasta los brazucas se asombran. El del asiento de adelante le grita al chofer “No te habrás perdido varón, ¿no?”. Silencio. Me temo lo peor.

Miércoles 21 de septiembre (atardecer). Sí, nos perdimos. Estamos en algún lugar en medio de la nada, en la inmensidad brasileña. Ni se cómo se llaman los pueblos por los que pasamos como un barco fantasma. Paramos mil veces para preguntar. Ahora encaran por lo que sería un atajo, pero llegaríamos recién para el segundo tiempo. Me quiero morir LPM.

Jueves 22 de septiembre. Nunca llegamos a Curitiba. Ni siquiera sabemos dónde estamos. Me parece que cerca de Río de Janeiro porque hace más de 40 horas que estamos arriba del bondi. Los choferes ni asoman la cabeza. Se las van a arrancar si lo hacen. El clima es hostil. Todos enculados y no es para menos. La gente reclama la plata del viaje, y la bronca mayor es que nos perdimos el partido del siglo. Unos Piratas llegaron a la noche a Curitiba y entraron al estadio a tres minutos del final. Nosotros ni eso. Estoy en Brasil, tan lejos como si estuviera en la China.

Sí, nos perdimos. Estamos en algún lugar en medio de la nada, en la inmensidad brasileña. Ni se cómo se llaman los pueblos por los que pasamos como un barco fantasma. 

Viernes 23 de septiembre. Ya ni fuerzas para escribir me quedan. Paramos en un lugar que se llama Ijuí o algo así, en una ruta con montañas, como la de las Altas Cumbres. Uno de los choferes dice que de acá agarra y empalma con los que vuelven de Curitiba en caravana para Córdoba. Nadie le cree, casi todos se bajan para tomar otro colectivo, incluso el otro chofer. O para volverse a dedo, a pata, lo que venga… Yo me quedo en mi asiento y antes de perder el todo la señal le mando mensajes a la gorda, que está de ocho meses y con el otro Piratita en brazos. Los extraño. Menos mal que al café me lo atiende el correntino. Algún día voy a volver, creo.

Sábado 24 de septiembre. Más perdidos que antes. Nos metimos por lugares en los que nos miran como si viniéramos de la Luna. Y nadie nos entiende un carajo, ni los canas. Un cartel decía Paraná, pero el Paraná brasileño. Parece que encaramos para Belo Horizonte… La puta madre. ¡Cómo puede ser! Ni radio podemos escuchar, son todas de evangelistas. Ya nos comimos hasta los sobrecitos de leche en polvo y para cargar combustible vendimos el dispenser, las almohaditas, los CD de la Mona… El celular no anda más. Cómo no me volví con la banda. Seguro que Armando los mandó a buscar en avión.

 Unos Piratas llegaron a la noche a Curitiba y entraron al estadio a tres minutos del final. Nosotros ni eso. Estoy en Brasil, tan lejos como si estuviera en la China.

Martes 29 de noviembre. De regreso a Córdoba. Dos meses después de la salida y tras recorrer medio Brasil. Una noche, cerca del Mato Grosso o por ahí, el chofer se fugó mientras bajé a estirar las piernas. Debe haber pensado que lo iba a hacer meter en cana, porque esto es casi un secuestro. Se fue o se lo comieron los jíbaros, ni idea. Y yo con el gorrito y la bandera del Celeste colgada del cuello. Sin un peso, ni un real, barbudo, el pelo un desastre, un Pirata posta. Aparecí en Paraguay, no me pregunten cómo. Un cordobés que vino a Ciudad de Este en un Fiat Uno modelo 98 para ver una ex novia de la Facultad vio la bandera y me levantó para traerme, aunque es hincha de Talleres. Mirá vos los primos. Ya en la frontera con Argentina pone la radio y agarra Cadena 3. Se me cae un lagrimón. Dicen que mañana juega Belgrano con Rosario Central por la semi de Copa Argentina en Formosa. Miro a mi salvador y sin dudar un instante le digo: "ahí me quedo".

 

 

Sobre el autor. Me quedé en el estribo de subirme como un cronista más al viaje fantástico de los hinchas de Belgrano a Curitiba.

Aún así, a la distancia, es claro que la realidad y sus mil anécdotas en travesía, superan largamente la ficción de esta bitácora.

La consigna una vez más es liberar la imaginación, la fantasía y el placer de añadir un tinte épico a la cruzada Pirata.

Porque disfrutamos ser periodistas. Y más aún, novelistas.  

Un libro. El Negro. La biografía de Pedro Marchetta en conversaciones con los periodistas Gustavo Gutiérrez y Hugo Caric. El Negro y su chispa en mil vivencias. 

 

 

Sumate a la conversación
Seguí leyendo