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Clásico, el partido de Belgrano: por una Oreja de ventaja

El equipo de Teté no mostró un nivel alto y por momentos fue superado por Talleres. Pero se puso en ventaja por su estrella, Matías Suárez, y fue certero en los penales.

Belgrano lo empezó a ganar por Matías Suárez y lo terminó ganando por Álvarez Suárez.

Es que el Oreja arrancó el clásico con un par de fantasías como para ilusionar al Pueblo Pirata, y era la figura estelar en el Kempes. Aguantó en cancha, aunque sólo estaba para un tiempo, y hasta se enojó cuando Esteban González lo reemplazó.

Quería jugar el clásico, lo dejó en claro apenas se puso la Celeste nuevamente, y de yapa anotó un gol. Y eso que no ejecutó de la mejor manera el penal. 

 

Todo eso transmite el Oreja Suárez, y fue la diferencia en un clásico en el que Talleres fue levemente superior y contó con las figuras de la cancha por rendimiento, caso el volante central Leonardo Gil.

Con Suárez, Teté Gónzález sabe que consiguió el salto de calidad. Y debe potenciar su esquema de juego que por ahora es más intenciones que realidades. 

Es que se esperaba más de Belgrano en el clásico. Y se espera más para lo que viene. 

El nuevo Belgrano de Teté, con el 4-2-3-1 que de a ratos es un 4-2-4 es un esquema ambicioso. Pero en esta pretemporada todavía no logró plasmar la idea en la cancha.

Es que Suárez no encontró socios para hablar el idioma de la pelota, y al equipo le faltó juego y manejo de situación y mayor circulación del balón. Porque a priori, era el favorito a quedarse con el clásico ante un Talleres que todavía está en formación y aún no completó su plantel con los refuerzos por llegar.

Porque a este nuevo Belgrano todavía le falta fútbol y le cuesta llegar al gol. 

Los extremos, Iván Etevenaux y el Fideo Gabriel Alanis, no impusieron condiciones por las bandas, y Mauro Óbolo volvió a ser un náufrago en el islote del área.

La primera línea de volantes, el ADN de Teté, también defeccionó. Guillermo Farré sigue lejos de su mejor versión, más allá de su experiencia y oficio y lo que significa para el grupo Y Federico Lértora empezó siendo importante y se diluyó. Un jugador del que se espera mucho más.

En ese sector y en los embates que sufrió la defensa, se percibió que el equipo todavía no está fino tras la dureza de la pretemporada, y la intensidad de Talleres lo complicó. Sobre todo por el vértigo y desfachates de Menéndez, el Bebelo Reynoso y Pipe Ramis.

A Sebastián Luna le costó poner candado en la banda derecha y estuvo muy contenido. Lo mismo que Fede Álvarez, aunque después repuntó.

Y los zagueros, los duros que pretende Teté para dar solidez al sistema, aún no se acoplaron del todo y deben congeniar más en eso de cubrirse las espaldas cuando los encaran por abajo. Por arriba, se sabe, son garantías. 

El primer eslabón es Olave. El Juanca sabe como jugar los clásicos y los afronta a su modo, como protagonista. Y ganó la pulseada. Un par de dudas en pelotas que eran suyas en la segunda parte, no empañan su vigencia. Plenamente demostrada en el penal que le desvió a Strahman y resultó decisivo para llevarse la copa.

Es que el equipo de Teté se sobrepuso a la superioridad albiazul en la etapa inicial y en los segudnos 45 se plantó mejor, logró más posesión de pelota y puso en funcionamiento una sociedad que es necesaria, como la del Oreja con Óbolo, a quien le quedaron dos frente al arco de Herrera y no pudo resolver.

Esa mejoría Celeste coincidió con el momento en que el trámite del partido cayó en un pozo, pero hay que decir que ya ni Menéndez ni Bebelo ni Ramis encendieron tantas alarmas y Talleres no creó una situación clara de gol.

Desde los 12 pasos, con los penales que son una ruleta pero también requieren aptitudes y actitudes, Belgrano no falló. Y por eso festejó. 

 

Y rápidamente deberá a ponerse a pensar en el duelo de este miércoles con Brown de Adrogué por Copa Argentina, en que a esta estructura todavía le faltan intérpretes como Mario Bolatti, Fernando Márquez y Claudio Bieler, que pueden aportar juego y gol.

Y allí sí el nuevo Belgrano de Teté podrá parecerse más al equipo que el técnico tiene en la cabeza.

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