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El camino de Instituto fue un infierno

Instituto, sus jugadores y su gente, pasaron por todo. Luchó hasta el final.

El mismo Raúl Damiani que puso la cara en el reclamo salarial de sus compañeros por una situación económica que colapsó, puso el pie para un gol que bien pudo valer un ascenso. Damiani desatando ese festejo era inimaginable el año pasado, cuando todo se desmadró en Instituto y la Dinastía Barrera se interrumpió en una pueblada en Calderón de la Barca y Jujuy.

Las deudas con el plantel, las quejas de Frank Kudelka por los cheques sin respaldo, la propia dirigencia de Juan Carlos Barrera sin respaldo por el desbalance que llevó al club de superávit a un pasivo de más de 40 millones de pesos y el riesgo de quiebra.

El paro del plantel, la partida de Kudelka, un Elvio Agüero que debutó contra Sarmiento con un equipo que no había entrenado. El caos económico, la irrupción de Agremiados con Sergio Marchi aconsejando a sus afiliados que pidan la libertad de acción con una frase apocalíptica: “Instituto no está en condiciones de participar en el campeonato. Esto no pasa en el fútbol hace 20 años”.

La incertidumbre dolía. Tanto como la vergüenza de que los chicos no tuvieran para comer en la pensión, o que faltaran pelotas para entrenar.

En medio del naufragio, de los rumores de quiebra y de intervención del club, el vice Daniel Peralta tomó el timón con una dirigencia diezmada. Junto al otro vice, Carlos Giusti, y el tesorero Silvio Da Rosa, hicieron frente a la tempestad. Agotados los recursos, incluso el de la credibilidad, hubo que transferir a Ramón Ábila, goleador del equipo, para abonar un sueldo a los futbolistas. El salvataje de la AFA, que pagó diciembre (y después, marzo), fue un regalo imprescindible.

El verano fue candente, y el fierro seguía caliente. Dos listas que parecían no estar lista y un Ricardo Morellato proclamado al fin, como tercer presidente en una temporada. Y con el tercer técnico bajo el brazo, porque se fue Agüero y llegó Daniel Jiménez, con su aura de ídolo, un paraguas para la tormenta.

De esos meses de zozobra se pasó a la renovada ilusión por un ascenso al alcance. Del infierno al paraíso en 90 minutos. Porque Damiani, el que puso la cara por sus compañeros, puso el pie para pisar cerca de Primera. Después del infierno. Hasta que apareció el Diablo y la hora de pagar los pecados. El cielo debe esperar.

Tres dirigencias. Por Instituto pasaron tres presidentes a lo largo de la temporada. Un caos institucional.

»Juan Carlos Barrera tuvo un abrupto final para su segundo período. En octubre, los socios (y las deudas) dijeron basta.

»Daniel Peralta se puso al frente para que el club no quedara acéfalo. Más de 40 millones de pasivo y riesgo de quiebra.

»A fines de febrero asumió Ricardo Morellato, después de que las elecciones quedaron truncas. Reacomodamiento.

Campañón:

»62. Los puntos obtenidos. El objetivo era de 60 y no penar con el promedio.

»14. Los partidos que estuvo sin perder en Alta Córdoba. Siete meses.

»3. Los técnicos que pasaron. Arrancó Kudelka, Agüero al medio, y Miliki.

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