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Brasil 2014: juega Dilma

La mandataria brasileña creó cargos en su gabinete para que “dialoguen” y “negocien” con los activistas.

El recuerdo de la Copa Confederaciones está muy fresco. La Fifa, que en ese torneo decía que todo estaba "bárbaro", ya mostró las uñas de cara a la Copa del Mundo.

En junio de 2013, durante el pasado torneo, las ciudades de Río de Janeiro y de San Pablo "ardieron" y fueron los epicentros de protestas que pusieron en foco al Mundial, algo que está recrudeciendo a medida que se acorta el calendario. Pero, sobre todo, ya los reclamos exceden lo deportivo ya que todo apunta a la mejora social que no llega en el gran país de Sudamérica.

Por eso la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, reforzó con nuevos integrantes la Secretaría General de la Presidencia en busca de avanzar en conversaciones con las organizaciones y movimientos sociales que expresaron su rechazo al próximo Mundial de fútbol.

El decreto 6.521, sancionado por Rousseff y publicado el jueves en el Diario Oficial, establece que la Secretaría General de la Presidencia, responsable de las relaciones del Gobierno con los movimientos sociales, será reforzada con dos altos funcionarios.

Su misión será "la promoción del diálogo con los movimientos y segmentos sociales con ocasión de la Copa del Mundo de 2014", dice el decreto, difundido mientras diversos grupos articulan una "primer protesta nacional" contra el Mundial para el próximo 25.

Las protestas fueron convocadas tras las que tuvieron lugar en junio pasado, durante la Copa Confederaciones, que recorrieron todo Brasil para quejarse por el alto gasto público en el Mundial que comenzará el 12 de junio y por los pésimos servicios de salud, educación y transporte, entre muchos otros.

Como ocurrió entonces, la convocatoria para el 25 circula por internet y la promueve un conjunto de movimientos sociales bajo el lema "Nao vai ter Copa", que podría traducirse como "No va a haber Mundial".

Hasta este sábado, para lo que estos grupos bautizaron como "Operación Mundial", se confirmaron actos contra la cita de la Fifa en 35 ciudades del país, entre las que se incluyen las 12 sedes de la Copa del Mundo.

En la convocatoria se denuncian un sinfín de problemas sociales que, según los organizadores de las protestas, "el Gobierno optó por esconder del mundo".

En primer lugar, se cita la inseguridad en las calles de un país en el que, según datos oficiales, "800 mil ciudadanos murieron por disparos de algún tipo de arma de fuego", entre 1980 y 2010.

Luego, critican los altos índices de prostitución infantil, la "precariedad de la salud pública", los elevados impuestos, la escasa inversión en educación, la corrupción, la "represión" que sufren los movimientos sociales y las remociones forzadas de ciudadanos y las expropiaciones debido a las obras necesarias para el Mundial.

El documento, cuyos autores no son identificados, circula en las redes sociales y asegura que "las protestas contra el Mundial en Brasil están por encima de los intereses políticos partidarios y, si tienen alguna bandera, es la de las reivindicaciones populares".

Según estos movimientos, "Brasil necesita cambiar, pero no con el fútbol. El clamor popular a partir de enero tendrá una sola voz: No va a haber Mundial".

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