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Belgrano no se compara

La remontada de Belgrano, la ayuda del hincha. Estaba KO, pero la gente eligió el aliento para sostener al equipo.

No sólo es lunes, sino que hay arrastre de resaca y es principio de mes y hay deudas y los súper en agosto tuvieron los precios más altos. Encima hay que salir cagando del trabajo porque la AFA y la tele dicen “a las 17”. Y Belgrano que lleva nueve sin ganar y la Copa Sudamericana que ya fue. Para colmo Atlético de Rafaela mete un gol doloroso. Entonces el equipo se pierde, la gente se agarra la cabeza. Ya va a pasar, pero no pasa un carajo. Ni con sertal ni vino antidoping, otra vez se vienen ellos y un tal Andrés Rodales clava un golazo desde 30 metros y la que lo parió por ese 2-0.

La hinchada mastica los insultos. Va eligiendo con la lengua cual descargar primero. En el césped los de blanco, que son los celestes de siempre, se reconocen desteñidos. La tormenta de Santa Rosa pareciera llevarse todos los récords de Ricardo Zielinski al infierno y el clima se tensa. Algún grupete le grita al DT mientras los suplentes miran descolocados. Olave grita, nadie lo escucha; y los delanteros preguntan dónde se puede sacar fiado un gol. La puteada escala el alambrado, todo va estallar.

Pero no. Ocurre todo lo contrario. Olave busca en su arco un gol extraordinario. A sus espaldas el Ruso espera el primer SDLqandate a la c... de tu madreSDRq, y sin embargo, no hay bronca. Todos, incluso los que amagan con la protesta, se suman al aliento. Acaso un griterío de orgullo, porque todo el pueblo Pirata canta desde el dolor y eso se nota en la voz ronca que rebota en el estadio César Villagra.

Hay una energía coordinada. No hace falta que nadie diga “hay que alentar”. Todos se contagian de aquel canto genuino. Vienen porque te quieren, Belgrano; y no para salir campeón. Y los hinchas lo demuestran aunque adentro les duela por la imagen de un equipo sin brújula ni confianza.

El mejor jugador. Y si el Pirata no podía adentro de la cancha, pudo afuera. Y eso se trasladó porque Lechuga Maggiolo puso el descuento. “Lo de la gente fue importante. Cuando nos hicieron el segundo gol, empezaron a gritar y apoyar. Fue fundamental para nosotros y más estando 2-0 abajo”, reconocería después el DT Ricardo Zielinski.

No hubo dudas. Fue como una palmada de apoyo. El aliento despertó a los jugadores que parecían pisar en el aire. “Con el segundo gol de ellos alentaron y se sintió. Nos hicieron dar cuenta que no estábamos muertos, que ellos no habían perdido la esperanza y nosotros tampoco la habíamos extraviado adentro de la cancha”, confesó el arquero Juan Carlos Olave, agradecido por tamaño aguante.

Así la primera barra ajustó sus trompetas. El Gigante tembló cuando los cimientos del propio Belgrano parecían flaquear y Lechuga acertó otra vez en una ensalada de esfuerzo y eficacia.

Todos se dieron cuenta que el insulto no era el camino. Entonces bajó estruendoso el repertorio; Lucho Lollo fue por su revancha en el mismo arco que ante Gimnasia La Plata había fallado. Erró primero, pero aseguró para un 3-2 conmovedor. Pero faltaba un palo en contra que invitó a rezar, llorar, volver creer.

Y ya no importó si era lunes, ni escaparse del laburo, ni los bolsillos flacos. Una vez más la gente lo ganaba de esa forma que no se compara.

 

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