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Belgrano, entre el piso y el techo

Momento B. Hay que ver si es el “piso” o es el “techo” de rendimiento. Sólo está en los jugadores y en el entrenador.  

Belgrano había superado un escollo futbolístico y psicológico. Había dado vuelta la serie contra Estudiantes y por primera vez, había pasado de ronda en Copa Sudamericana y salió del país. Y motivaba la reflexión del técnico, Esteban González. Y en octavos de final en Curitiba jugó un partido casi perfecto, ganando 2-1 en lo que parecía una clasificación asegurada para el elenco de Alberdi y hasta aquí fue el pico del nivel del equipo de Teté. 

Como también, un par de días antes del triunfo con Estudiantes, el piso había sido la goleada sufrida ante Boca por el torneo local.

Con un equipo alternativo, es cierto, porque los titulares fueron preservados para la Copa Sudamericana, pero con una actuación preocupante, con errores conceptuales primarios, horrores defensivos y carencias anímicas.

Belgrano necesita encontrar el camino para sentirse aún lejos de su techo.

En un puñado de días, Belgrano pasó del piso futbolístico en la Bombonera al techo en la victoria contra el Coritiba, porque así de vertiginoso es este semestre para el conjunto de Alberdi.

Y esa actuación inolvidable en Brasil, que llenó los ojos y los corazones Piratas, aparece como difícil de repetir.

Es que el mazazo de la eliminación ante los brasileños en un Kempes colmado todavía no se termina de digerir.

Antes de esa revancha con el Coritiba, el equipo de Teté venía creciendo, agrandado en el bueno sentido, impulsado por actuaciones de alto vuelo como las de Matías Suárez, Federico Lértora y Claudio Bieler.

Y eso propició que ganara en Santa Fe, en su hasta ahora única victoria en el torneo doméstico. Aún con la rotación en la formación, pero capitalizando el ingreso de un Bieler encendido.

Esos 15 días de septiembre, desde la histórica clasificación contra el Pincha al triunfo frente al Tatengue, con la increíble victoria en Curitiba al medio, representa lo mejor del Belgrano de Teté González.

Coritiba dio un golpe que caló hondo en Belgrano.

Después vino lo que vino. Un golpe anímico por no avanzar en la Sudamericana, que el equipo logró atemperar con el pase a semifinales de Copa Argentina, también para la historia.

Jugadores que eran figuras y que claudicaron en lo físico, caso Lértora, a quien debieron operar por la fractura en el antebrazo, y del Oreja Suárez, con un desgarro que también lo dejó afuera.

Y otra vez, el vaivén en lo futbolístico que volvió a colocar al Celeste más cerca del piso que de los parámetros óptimos.

Como ocurrió en el pobrísimo empate frente a Aldosivi del viernes último. Sin goles, casi sin llegadas salvo en un arranque furioso, y todavía sin triunfos como local.

Una actuación tan anodina y chata como la del primer tiempo ante Juventud Unida de Gualeguaychú por la Copa, y en el segundo tiempo ante Lanús.

La fragilidad defensiva, sobre todo en las pelotas aéreas y donde solo Juan Carlos Olave mantiene puntajes altos.

Y se puede agregar a un Mario Bolatti que va de menor a mayor y al goleador, Bieler, por su voracidad.

El resto no termina de afirmarse. Los laterales cambian (más allá de la solvencia del chileno Rojas); la zaga recibe cuestionamientos por los goles de pelota parada;  las bandas no tienen dueños; y ni Nahuel Luján ni Gastón Álvarez Suárez terminan de ser los socios de Suárez, y mucho menos un relevo efectivo cuando falta el Oreja.

Esteban González, la búsqueda de un equipo que aún no se asienta.

Como atenuantes, los cambios permanentes conspiran para aceitar funcionamientos. No se puede pedir respuestas colectivas cuando hay entre cinco y seis cambios de partido a partido.

Y así como hubo apariciones saludables, por ejemplo la del Cuti Romero, explosiones como las de Bieler y ráfagas como la del propio Luján; en el debe aparecen nombres de los que se esperaba más: un discontinuo Jorge Velázquez, un Fernando Márquez agobiado por las lesiones, un Etevenaux que pintaba para más; un Saravia y un Álvarez que venían con proyección; y un Picante y un Óbolo aún capaces de aportar en ofensiva.

Recuperar altura. El semestre se presentaba exigente para Belgrano, más por el anhelo manifesto de ganar algo.

Todavía está a tiempo. En el torneo doméstico su deambular lo ubica de la mitad de tabla para abajo y el puntero le sacó 10 puntos en seis fechas. Falta mucho, y sin embargo ya no se puede seguir cediendo terreno.

La gran apuesta es la Copa Argentina, que lo pone a dos partidos del resplandor de Copa Libertadores. Llegó alto, y aún le faltan los peldaños más empinados: Boca o Rosario Central para semifinales.

Los dos equipos, según reconoció el propio Teté González, superan en calidad y cantidad al plantel de Belgrano. Pero como apuntó Olave, en estas instancias todos pueden volverse “japoneses” para pelearlos de igual a igual.

Y para esa fecha, mediados de noviembre, el grupo ya no llegará con tanto trajín y recuperará piezas fundamentales, caso Suárez, Lértora, y tal vez Márquez. Jugadores que facilitan subirse al techo.

Esteban González, la búsqueda de un equipo que aún no se asienta.

Teté, aún no lo encuentra

Desde que asumió Esteban González como entrenador de Belgrano utilizó todo el plantel del Celeste y mutó en los sistemas de juego. Del 4-2-3-1 al 4-4-2 del viernes pasado en el empate ante Aldosivi 0-0. Más allá de las intenciones saludables, el DT no pudo encontrar aún ni un funcionamiento que convenza a todos, ni una identidad en su manera de jugar.

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