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Albornós-Villarreal, un ascenso, un asado

La vuelta de Talleres. Día a Día juntó a los dos referentes del ascenso a primera del ‘98 que hoy están en el club. Aquello que vivieron. El presente en la T. La B Nacional que se viene y porqué se puede subir a la máxima categoría otra vez.

Ni un ascenso, ni toda la gloria, ni tantos minutos corriendo detrás de una pelota los une. A Javier Villarreal y a Daniel Albornós los hermana el mundo de las carencias. Se encuentran bajo el mismo techo: hijos de hogares humildes. Se hermanan casi bajo el mismo padre: Don Albornós, el de Villa El Libertador, y Don Villarreal, el de Alta Gracia, de oficio albañiles.

Ajustados por el mismo cinto, donde las dos comidas del día eran el mismo plato, se empezaron a forjar en los mismos deseos. Los que acunaron en una cama cucheta debajo del techo de la platea de barrio Jardín, sin luz en la noche y sin agua caliente en invierno.

Los sueños concretados luego eran ganar, triunfar, llegar. Después golpearse para darse cuenta que así no va la cosa. Que hay que pensar. Que hay que crecer. Que hay que cambiar. Y esa férrea lucha es de todos los días.

“Mirá que asadazo, Negro. ¿Te acordás? pasamos varios años creyendo que la falda era la costilla, ja, ja”, dice la Chanchita Albornós. Mayo de 2013 ya es un puente ancho por el que pasó mucha agua por debajo.

“Mierda, mirá, ahí arriba, ahí teníamos la pieza”, señala Javier Villarreal, desde el cheto quincho en el que ahora se ha transformado el costado de la Boutique sobre la entrada de calle Olimpia. Hay asado después del ascenso.

Hay un alto en el camino, para pensar en todo lo que transcurrió. Desde el kilómetro cero de la malaria y hasta estos días, el reloj de la pelota los llevó por la sinuosidad de sus carreras y luchas personales, las que empezaron a salir a la luz bajo el sol que subía cada día detrás de la cancha del Athletic.

Hay asadazo en barrio Jardín. Hay picada. “Este es un amigazo mío, Ariel”, presenta Javier. Y se suma el colombiano Alejandrino. “¿Un colombiano nos va a venir a hacer el asado a nosotros los argentinos?”, tira en broma Nico Bravo mientras saca las fotos de Día a Día. Alejandrino tiene dientes de mazamorra. Es un lateral que vino desde el fútbol paraguayo y que apadrina Villa en Córdoba, alternando en el plantel de la primera local de la T.

“¿Y vos, enano? ¿Podés creer que le aposté patear y pegarle al travesaño y este enano la clavó ahí?”, cuenta la Chanchita en tren de gaste a Maxi, el pibe de mantenimiento que corta la lechuga y el tomate. Más atrás, Marcos agarra la tabla (con forma de escudo de Talleres) acerca los rojos salames, quesito y pan. “Qué buen salame”, dice Villa, pero Marcos no se hace cargo. Es un mediodía después de tantas tormentas, bajo la cadencia del chillido de las brasas.

Y antes de que salga el asado, al momento de la picadita, que viene muy bien, la Chanchita masca un salame de la colonia y se pega con la mano en la frente. “¿Te acordás Negro?...” y sigue: “El Negro no sé dónde había comprado una campera leñadora. Estábamos en la pensión. Y yo no tenía, así que me la prestaba. Salía yo y me llevaba la campera, después salía el y se la llevaba”, cuenta la Chanchita con una sonrisa esas que emocionan, de las nostálgicas.

“Yo por ahí me venía a dedo de Alta Gracia, me tomaba el Satag también; eran épocas difíciles”, recuerda Villa.

En las malas se amontonaron. Y, palo y palo, la iban peleando. Con el fútbol fue así. Y como dice la canción de Los Piojos, Maradó: “Sin más armas en las manos que un 10 en la camiseta”. Ese es otro Diego, Garay, el que conformó junto a ellos el ascenso de 1998 ni más ni menos que ante Belgrano.

“El año anterior, no sabés lo que nos pasó. Perdimos la final del ascenso contra Gimnasia y Tiro por penales en el Chateau”, cuenta Daniel, el hoy DT del Tallerito. Y lo interrumpe Villa, el capitán del ascenso a la B Nacional: “Nos quedamos solos. ¡No quedaba nadie en la cancha! No había dirigentes, no había compañeros. No había nada, ni nadie. Salimos a la ruta y nos tomamos un taxi hasta la Boutique donde estaba la pensión”. Villa hace un bollito el pan y mastica.

La Chanchita corta media lonja de salame y los apura a los parrilleros, pero vuelve. “Uh, qué épocas esas. Íbamos a la familia Oliver, que nos daban de comer. Comíamos por tanda. Como si fuera una salita de espera y nos sentábamos a almorzar y a cenar”, agrega.

Después de aquel ascendo. Y sale el asadazo. Están todos, pero falta Leo, el guardia de la Boutique, que también se suma. Javier arma un cubo de carne, lo mira y embucha. “Aquel equipo fue el mejor en el que me tocó jugar. Fue increíble ese ascenso”, dice Villa.

Y salta la Chancha, pero reflexivo: “Dios nos miraba de chiquitos las cagadas que nos mandábamos”. Nada que reprocharse en lo deportivo, aunque en lo personal amplía: “Si volviera mi vida atrás, cambiaría algunas cosas”.

Mientras la tabla se va vaciando, la Chanchita no para de tirar frases. Y se acuerda de Cascote Juárez, el celador de la pensión que hasta él los persuadía, pero había que golpearse un poco. Y ambos tuvieron sus crisis, sus caídas personales y, por fortuna, pueden contar con humildad y seriedad que hay que saber aferrarse a la familia. Y pensar. Eso que a los 20 años es bastante difícil. “Yo hoy no puedo andar en una moto con pelo largo, arito y ser el DT de la cuarta”, dice la Chanchita.

Mientras se acerca la sobremesa, salta un tema que no es menor. Surge de la charla, cuando ya se raspan los bols de las ensaladas. ¿Talleres tiene combustible para dar un salto a primera división? ¿Es descabellado imaginarlo?

Un análisis por encima. Mueve Albornós: “Talleres va a pretender pelear el torneo. La B Nacional le da chances a todos. Si pegás una rachita por ahí te prendés y te da una chance de pelear”.

–¿El club está preparado para dar un salto más allá?
–Villarreal: Hay que sacar muchos puntos, pero al tener esa obligación se puede llegar a estar en un segundo grupo más arriba. Si vos ves por la gente, la gente quiere pelear. Con los que vos hablas seguro que quieren ascender, ahora que se cumpla es otra cosa.

–Albornós: Si asciende de un tirón, estructuralmente está preparado para soportarlo.

–¿Es pretencioso pensarlo así?
–V: No había ropa, indumentaria. Nosotros entrenábamos en Fiat. No había estructura para nada en el ‘98. La organización hoy, nada que ver. Es decir, si se diera la chance por un buen torneo, el club está preparado para soportar el salto de categoría. Hay inferiores de AFA, predio, pensión.

–A: No existía el predio. Estaba alquilado para sembrar papas. Inferiores entrenaban en el parque. En el ‘98 no había nada de lo que hay ahora. Pero hay que pensar que es posible, por cómo está el club. Creo que peleará Talleres. Si no se da, también es lógico.

Se acabó el asado, pero el sueño no. Y ambos, sí que saben soñar.

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DANIEL ALBORNÓS
“Si ahora asciende de un tirón a primera, Talleres estructuralmente está preparado para poder soportarlo”.

JAVIER VILLARREAL
“Hay que sacar muchos puntos, pero al tener esa obligación se puede llegar a estar en un segundo grupo más arriba”.

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Fue el equipo de sus sueños

No hay con qué darle. Talleres ascendió en 1998 y le dio la vuelta en la cara a su eterno rival, Belgrano. Y para ambos fue el equipo de sus sueños. “Anotá”, dice la Chanchita Daniel Albornós. “Mi defensa es Lillo, García, Sotomayoy y Humoller. Y el medio no lo toques: Albornós, Villarreal, Pino y Garay. Y arriba, Astudillo y Zelaya”, dice la Chanchita. Tremendo equipo, de los más añorados por el hincha albiazul.

“Es el mejor equipo que yo integré, en el que mejor me sentí siempre”, completa Villa.

Y la Chanchita se sale de la vaina, como más le gusta y habla y habla más y más de fútbol: “No quiero desmerecer a nadie en la Primera División que hoy tiene el fútbol argentino. Nosotros jugábamos contra el mejor Boca de los últimos tiempos. River y los cuatro fantásticos (el de Aimar, Saviola). En San Lorenzo tenías a Iván Córdoba, Lussenhoff, Gorosito, el Pampa Biaggio, los hermanos Montenegro... En Racing tenías a Matute Morales, Latorre, Michelini, Nico Diez. En Vélez el que dejó Bianchi que jugaba una locura...”, y ahí se prende el capitán de la T: “Nosotros jugábamos contra esos mostros, contra ellos nos enfrentábamos todos los domingos. Era un placer”.

El Talleres del Flaco Gareca, que alternó con Juan José López también. Épocas que los tuvieron a ambos y que el destino devuelve a Villarreal aún con los cartuchos listos para quemar en sus últimos años de futbolista y con la Daniel Albornós como formador, entrenador de las menores y con una proyección que ilusiona.

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Villa el 5. Javier Villarreal es clase ‘79 (34 años) e integrante del plantel del ascenso de Talleres a Primera ante Belgrano. Jugó además en Boca, Colón, Banfield, Racing, Libertad y Cerro de Paraguay, entre otros clubes.

Chancha. Daniel Albornós es clase ‘77 (36 años) y formó parte también de aquel equipo histórico del ascenso del 98. Jugó además en Argentinos Juniors, Racing de Nueva Italia, Gimnasia de Jujuy y Sportivo Belgrano.

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Conmebol

Albornós. Ganó el único título internacional que tiene el fútbol de Córdoba: La Conmebol de 1999. Y jugó las copas en la T.

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Copas

Villarreal. Múltiple campeón con Boca Juniors ganó Copa Libertadores y también la Intercontinental en el equipo de Bianchi.

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