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Córdoba

Último año de vida para 708 ranchos

La Provincia ya entregó 1.163 casas a habitantes de casas rancho: la mitad del objetivo contra la vinchuca. En 2013 se harán las 300 que faltan.

En febrero de 2009, el entonces gobernador Juan Schiaretti se propuso erradicar en 36 meses los 2.300 ranchos que se habían censado en la provincia. Tres años más tarde, el programa llegó a la mitad de su cometido, en el doble de tiempo. Pero la nota no es esa: es que el plan, destinado a los más olvidados en la provincia, no se detiene: ya se entregaron 1.163 viviendas (y demolieron igual cantidad de ranchos) y este año se prevé que termine con 708 nuevas casas. Quedarán, para 2013, 300 cambios de ranchos por casas y la celebración del objetivo cumplido.

La erradicación de ranchos es el corazón del programa contra el Mal de Chagas, una enfermedad que es endémica en la zona norte y oeste cordobesa. La vinchuca, agente transmisor del mal, anida en los ranchos con piso de barro y techo de ramas característicos de la pobreza rural de esa región.

En julio de 2009, 11 casas rancho fueron demolidas por las topadoras y reemplazadas por casas de material en Las Jarillas, departamento de Pocho. Fueron las primeras. Desde entonces, se edificaron y entregaron 1.162, algunas con verdaderas proezas logísticas porque las construcciones no fueron encargadas a ninguna empresa sino que están coordinadas por municipios y comunas y muchas veces los propios dueños de casa son los albañiles. “En Las Bateas, en pleno monte, hicimos una sola casa. Le pusimos paneles solares y canaletas para aprovechar el agua de lluvia”, ejemplifica Gustavo Bacile, director general de Vivienda de la Provincia.

“En la comuna Las Palmas tuvimos que cruzar el río con el material a lomo de burro. Han pasado cosas increíbles con este programa”, destaca el funcionario, quien dice que esta obra, antes de cualquier otra, lo hizo feliz.

A lo largo del programa los funcionarios de Vivienda descubrieron que no podían hacer la misma casa en todas partes. En Pocho y Minas idearon un diseño con galería pasante, tipo casa chorizo. En cambio, en el norte la galería integra más los espacios, que se distribuyen en L a su alrededor.

“Nos tratamos de adaptar a la idiosincrasia de la gente, para que no vuelva al rancho. Cuando empezamos a trabajar vi a dos chicos durmiendo en un pozo de tierra. ‘Está fresquito’, me dijeron. El orgullo que tenemos es que nadie dejó la casa para volverse a un rancho. La cuidan, la mejoran, la hermosean. Los resultados son emocionantes”, dice Bacile.

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