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Córdoba

Sierras Chicas revivió la inundación de 2015

El temporal del fin de semana puso en alerta a los vecinos de Sierras Chicas, que aún tienen fresco el temor por el diluvio de febrero.

Déjà vu. Las sirenas y el aullido de los perros en medio de una intensa tormenta. Déjà vu. El barro blando, arcilloso, cruza la tranquera hacia adentro, se desplaza baboso y se cuela por debajo de la puerta. La tapia, sin embargo, esta vez resistió. 

El intenso temporal del fin de semana en Córdoba provocó anegamientos, surcó calles, arrastró árboles, colapsó vados y puentes. Fue trágico: se cobró la vida de un joven que fue arrastrado por la corriente cuando intentó cruzar un vado en Unquillo. 

El 15 de febrero pasado, un temporal histórico hizo destrozos en el departamento Colón. Habían caído entre 250 y 300 milímetros de agua que marcaron para siempre a los habitantes de Sierras Chicas. Hubo gente que perdió mucho, y otros que perdieron todo. Hasta la casa. 

El fin de semana pasado cayeron, en promedio, 140 milímetros, y el temor aún fresco en la memoria sacudió el presente en los barrios más bajos y cercanos a los cauces de agua. 

Los perros fueron la alarma

Mabel Allende vive en Pedro Diez al 58, en barrio El Perchel, en Mendiolaza, uno de los más afectados en las dos tormentas.

Hace menos de un año que se mudó a esa casa, a media cuadra de la ruta Intermunicipal y a igual distancia del arroyo Saldán. Debutó recién mudada con el temporal de febrero, volvió a tener mucho miedo con una tormenta de mediados de diciembre, y el domingo tuvo otra noche sin dormir. 

“Tengo 30 perritos rescatados y 23 gatos. Yo de acá no me puedo ir, no me puedo evacuar, porque no puedo dejarlos solos. Algunos perritos son discapacitados, y no podrían solos”, describe. “Fue rapidísimo… empezó a llover 23.30 y a la media hora estábamos inundados”, cuenta. Con los animales adentro, subidos en los muebles, esperó temerosa que baje el agua. Y casi se la lleva la correntada cuando pretendió sacar su auto para “salvarlo”. 

“Los animales se ponen re mal, hoy están con diarrea y con vómitos. Las sirenas sonaron tarde, nuestro primer aviso fue el llanto de los perros”, asegura. Entre el agua y el barro perdió el alimento de los perros, y quien pueda colaborar, la puede contactar al 0351 155421772. 

Mabel no se puede ir: tiene que cuidar a sus 30 perritos y 23 gatos rescatados del maltrato.

La gente está traumatizada 

“Acá volvió a quedar todo anegado, el río subió unos 5 metros y esta calle se transformó en otro cauce de río”, detalla Juan Carlos Moyano, un vecino de barrio El Perchel desde hace seis años. 

“La alarma sonó casi una hora y media después del pico de crecida, en mi casa esta vez entró poca agua, la otra vuelta nos llegó hasta la altura de la ventana”, describe. 

“Acá la gente vive alarmada con las tormentas, está traumatizada por lo que pasó y porque puede volver a pasar, nosotros nos fuimos a la casa de unos vecinos que están un poco más altos”, relata Juan Carlos. 

Matías coincide en que la sirena de una patrulla se escuchó tarde, cuando muchos ya se había reubicado en casa de vecinos y otros habían decidido resistir. “Cuando sonó la sirena, vinieron los bomberos a decirnos que evacuáramos, pero no nos fuimos, el agua había empezado a bajar”, cuenta Matías.

Juan Carlos Moyano vive en el castigado barrio El Perchel.

Empieza a llover y nosotros nos vamos

Teresa Gómez vive al costado del arroyo, en Cóndor Alto. Una pasarela peatonal separa ese barrio de Villa Allende de El Perchel, de Mendiolaza. “Apenas empieza a llover, nosotros nos vamos”, empieza asegurando esta vecina que a principios de 2015 perdió de todo, hasta su trabajo. 

“En el garaje tenía una verdulería, y me la llevó enterita. Y a las cosas de mi casa o se las llevó el agua, o las arruinó el barro”, apunta. 

A la distancia, con el agua baja, cree que esta creciente estuvo lejos de ser como la de meses atrás. En ese sector se cavó un segundo cauce para que, ante una crecida, el arroyo tome las dos vías y no colapse. Considera que funcionó, porque la mayor parte del agua siguió por el cauce “nuevo”, y eso los salvó de llenarse de agua otra vez. El barro, no obstante, llegó hasta el garaje. 

“Igualmente, acá no nos arriesgamos más. Empieza a llover fuerte, y nosotros nos vamos”, relata. 

En Cóndor Alto, de Villa Allende, Teresa enfrenta sus miedos.

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