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Córdoba

Se quedaron sin mamá y sin cuidado

Son tres niños hijos de una mujer asesinada en diciembre de 2013. Fueron entregados a una sobrina del femicida, y denuncian que sufrieron malos tratos. La familia materna pide la tenencia.

“Cuando se resuelva su situación, yo me voy a hacer cargo de los tres, pero quiero saber por qué no me los dieron a mí en un primer momento, por qué nadie los cuidó y controló durante ese año, qué clase de tratamiento recibieron”. Al pedido desesperado lo hace María, hermana de una mujer que fue asesinada por su expareja en diciembre de 2013 en Cañada de Luque, cuyos hijos fueron entregados a una sobrina del femicida y expuestos a más situaciones de violencia.

Ellos tenían 4, 5 y 7 años cuando su padre –que había sido excluido del hogar unos meses antes– violentó la puerta, golpeó brutalmente a su madre y la degolló en la cama, ante sus miradas de espanto.

La historia de estos tres niños, a quienes no identificaremos, es el relato de una sucesión de abandonos. Los abandonamos cuando no escuchamos los pedidos de su mamá, víctima de violencia de género, los abandonamos cuando dejamos que su padre acabara con ella, los abandonamos cuando no controlamos su evolución después de haber presenciado el horror. Los abandonamos aún más cuando no pudimos garantizarles un entorno de amor, cuidado y contención, y por el contrario los dejamos expuestos a más violencia.

Luego del femicidio de su madre fueron entregados a una familiar del agresor, y prácticamente privados de contacto con su familia materna que había pedido formalmente la custodia, y hasta había ofrecido ampliar la casa para alojarlos.

“Sólo pudimos verlos una sola vez en un año. Por disposición de Hugo Palomeque, de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) de Deán Funes, los chicos se fueron con una sobrina del asesino y tuvimos serios problemas para mantener el contacto”, describió, y recordó que la única vez que pudieron retirarlos se demoraron en regresar y los amenazaron con denunciarlos.

“Al poco tiempo, nos citaron diciendo que nos podíamos traer a los nenes, pero cuando fuimos a buscarlos Palomeque nos dijo que no… nos habíamos ilusionado, habíamos acondicionado la casa para recibirlos, pero volvimos con las manos vacías”, recordó.

Un año más tarde

“Un día me llaman de Senaf para decirme que se habían quedado en la calle. Urgente fuimos a buscarlos y los encontramos en muy mal estado. Los llevamos directamente a un hospital y de ahí fueron derivados a un juez de menores porque había signos de maltrato y hasta hay una sospecha de abuso”, describió la tía, que tiene la tenencia administrativa de los chicos y se hará cargo de ellos cuando se resuelva la situación judicial.

“Estoy esperando que me los den definitivamente, estos niños se quedaron sin mamá, fueron maltratados por la familia que los tuvo, y ahora están judicializados, no sé si alguna vez se van a poder recuperarse”, resumió María. “Cuentan que los dejaban encerrados para ir a trabajar”, agregó.

Las niñas están en un instituto, mientras que el más pequeño está con una hermana mayor de edad. La víctima había tenido 11 hijos, y sólo los tres más pequeños vivían con ella cuando fue asesinada.

El duelo

“No los dejaron ir al velorio de su mamá, y recién ahora los pude llevar yo a la tumba porque nunca la habían visitado. El más chiquito estaba más tranquilo habiéndole dado un beso a su mamá, se despidió”, detalló. En cambio –aseguró María– visitaron varias veces a su padre en la cárcel durante el mismo año.

En estudio. Desde Senaf apuntaron que los nenes están siendo ahora revinculados con su familia materna, y que el accionar de la Unidad de Desarrollo Regional (Uder) Deán Funes será analizado internamente y en la justicia. “Vamos a tratar de reencauzar a estos niños intentando que estén juntos los tres y con su familia”, apuntaron, sin ahondar en los cuestionamientos por la falta de control y seguimiento.

"Víctimas colaterales"

Las estadísticas los consideran “víctimas colaterales”, pero son quienes se llevan la peor parte tras un femicidio. Quedan sin madre y con su padre preso o suicidado en la mayoría de los casos, y su vida marcada a fuego por la tragedia, que muchos presenciaron.

Las hijas de María Elena Ordóñez viven en Sumampa, en la provincia de Santiago del Estero, alejadas del lugar que tanto dolor les provocó. Héctor Rafael Frías, pareja de María Elena, la apuñaló hasta matarla en frente de las niñas, y huyó dejándolas encerradas en una casa de Villa Angelelli, el 18 de junio de 2013. 22 horas después, las nenas fueron rescatadas por unos tíos, que dieron aviso a la Policía.

Frías fue condenado a prisión perpetua el miércoles pasado, bajo la atenta mirada de Consolación Ordoñez, mamá de la víctima. Tiene pocos recursos para viajar a visitar a sus nietas, y las ve muy poco, casi nada. “Ellas recuerdan todo, preguntan mucho por su mamá y le piden a Dios por ella”, contó la mujer con la voz entrecortada y profundo deseo de mantener una relación más estrecha con las niñas de 7 y 9 años.

2196 hijos. Según el relevamiento de la asociación civil “La Casa del Encuentro”, entre los años 2008 y 2014 fueron 2196 hijas e hijos que quedaron sin madre por femicidios, 1403 eran menores de edad.

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