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Córdoba

Rezo a rezo, cuántos fieles tienen las religiones en Córdoba

En los últimos años se redujo la cantidad de cordobeses que se reconocen católicos y aumentaron los practicantes de "nuevas espiritualidades" y los templos evangélicos.

A cuentagotas, la iglesia católica sufre en la ciudad de Córdoba una sangría de fieles, quienes se alejan en búsqueda de nuevas espiritualidades, cultos evangélicos o, directamente, reconociéndose ateos. Así lo demuestra la secuencia histórica de una encuesta realizada por la consultora Delfos y una tesis doctoral que analizó el comportamiento religioso de los cordobeses.

Según ambos estudios, a mediados de los ‘90, el 83 por ciento de los capitalinos tenía un sentido de pertenencia en la iglesia católica, y 20 años después ese porcentaje había descendido a 63 por ciento.

La expansión de los credos evangélicos se dio en coincidencia con la crisis económica de 2001. Eso pasó con Cita con la Vida, una iglesia evangélica made in Córdoba que vivió en carne propia la marea de gente llegó a buscar consuelo a sus templos. Las situaciones de desesperación personal inciden en el acercamiento de nuevos fieles al templo, por lo general “reclutados” por familiares que participan del culto.

De acuerdo con datos de la Municipalidad, la cantidad de templos evangélicos duplica a las parroquias, pese a que a los católicos siguen siendo mayoría: el 47 por ciento de las iglesias son evangélicas; 25,5 por ciento, católicas; y un 26,9 por ciento corresponden a sinagogas, mezquitas y templos de Testigos de Jehová o metodistas.

“Desde 2003 comienza a descender la cantidad de cordobeses que se autodefinen como católicos; mientras que el porcentaje de evangélicos se mantiene estable: entre un 7 u 8 por ciento. Y en 2014, el 28 por ciento de los cordobeses decía no pertenecer a ninguna religión: mayoritariamente son aquellos que fueron criados en la religión católica y que dejaron de practicarla. La síntesis de este grupo es ‘creo en dios, pero no en la iglesia’”, explica Hugo Rabbia, investigador del Conicet y uno de los autores de la tesis doctoral que exploró la religiosidad en Córdoba.

En números estimativos según esos porcentajes, 839 mil cordobeses son católicos, 375 mil se muestran indiferentes ante la religiones tradicionales o son ateos y 88 mil son evangelistas cristianos.

En esta crisis entre los católicos y su institución parece explicarse el notable crecimiento de aquellos que dicen ser indiferentes a la religión, pero que buscaron con nuevas experiencias espirituales llenar el vacío que les dejó romper con la tradición católica. Esa nuevas espiritualidades combinan creencias cristianas con prácticas “new age” –yoga, meditación, creencia en el aura– o ritos paganos. “Es muy común esto entre quienes no tienen una religión de pertenencia: creen en la Virgen María y, al mismo tiempo, en la Pachamama”, ejemplifica el investigador del Conicet.

“En la ‘nueva espiritualidad’ pesa la concepción de trascendencia: preguntas como ‘qué marca dejo en el mundo’ o ‘cuál es el sentido de mi vida’ dirigen la búsqueda espiritual”, explica Rabbia, quien apunta otro dato: cada vez hay menos bautismos católicos.

Históricamente, la cantidad de niños bautizados estaba “pegada” a la tasa de nacimientos, pero actualmente menos del 80 por ciento de los recién nacidos es bautizado bajo el rito católico.

Causas. Aunque son múltiples los factores que explican este cambio en la Córdoba de las campanas, marcada a fuego por el catolicismo desde sus costumbres hasta su arquitectura, sobresale el “enojo” entre las bases y la curia.

No menos cierto es que los evangélicos movieron sus piezas en el ajedrez espiritual: se expandieron territorialmente y asumieron funciones del Estado, sus miembros tienen un rol activo en el “reclutamiento” de los fieles y desburocratizaron los rituales de redención.

En el Centro, los evangélicos construyeron sus “catedrales”, salones que lucen colmados durante las celebraciones de fines de semana, cuando los líderes espirituales predican. Y, al mismo tiempo, poblaron las barriadas populares: es común que simples garajes, gimnasios y hasta bares compartan el espacio físico con el templo, y que el pastor alterne su misión espiritual con una actividad terrenal.

En esos sectores surgieron las “células”: pequeños grupos liderados por seguidores privilegiados del pastor, “con roles muy activos en la comunidad”, que organizan durante la semana actividades religiosas en sus casas. “Muchos vecinos participan de las celebraciones en el barrio, pero quien va al templo del Centro es el responsable de las célula”, explica Rabbia.

Otro aspecto es que “los templos evangélicos responden mejor que otros actores sociales a la necesidad de contención comunitaria”, sustituyendo roles que antes eran del Estado. El templo del barrio suele ser el lugar donde el anciano encuentra compañía o el adicto, una voz de aliento.

Hoy, comunidades evangélicas y católicas conviven en los barrios. “En sectores muy populares suele darse que personas muy católicas desarrollan su espiritualidad en el templo evangélico”, dice Rabbia. En definitiva, se trata de redimirse ante los pecados, y en ese punto “los evangélicos proveen recursos para que las historias de transformación de esas vidas puedan ser más fácilmente narradas por las personas que las vivieron”.

Misa en la Catedral de Córdoba el viernes por la tarde (foto: Nicolás Bravo).

En este marco, es notable la diferencia ritual de los evangélicos, repleta de teatralidad: bautismos, exorcismos y sanaciones le muestran a la comunidad “que dios te toca”; y sus ritos son acompañados por música alegre, bailes y expresiones corporales. 

Dogmáticos y conservadores, los evangélicos mantienen posturas similares a la cúpula católica en temas como el aborto, el divorcio y el matrimonio igualitario. No fue casual que evangélicos y católicos se manifestaran contra la sanción de la ley que habilitó la unión de homosexuales, en julio de 2010.

Rabbia no tiene dudas de que ése fue el inicio de un camino marcado por las bases evangélicas para que sus líderes pastorales asuman roles políticos, siguiendo los pasos de los pastores de la Iglesia Universal (Brasil) que tiene un bloque de parlamentarios.

La Manzana Evangélica. La Manzana Jesuítica, en pleno Centro, es un símbolo de la historia cordobesa, marcada por la tradición católica. Bastante lejos de ahí, en barrio Hipólito Yrigoyen, se levanta otra manzana: “la evangélica”. A esta, los vecinos de la zona la asocian como las calles de los tres pastores, porque hay tres templos en los que se divulga la palabra de Cristo, a pocos metros uno del otro.

Basta recorrer estas cuadras para ver que los vecinos dan cuenta que en cada una hay un pastor a cargo y fieles de distintas edades que, principalmente, llegan los domingos para la celebración. En el resto de los días prácticamente están cerradas, aunque cada una tiene su particularidad.

En Mariano Fragueiro 3529 está el Ministerio Evangelístico Jesús Tu Única Esperanza, un templo que de día se convierte en un lavadero y arreglo de autos, y también alguna veces a la semana coloca puestos de venta de locro o choripanes. Por la noche, el lugar se transforma en una espacio de reunión que tiene llegada, sobre todo, a personas mayores.

Un gimnasio-templo, en barrio Hipólito Yrigoyen (foto: Javier Ferreyra).

A unos metros de ahí, en Ascochinga casi Urquiza, está el salón Jesucristo Refugio Eterno, donde un pastor –que atiende un quiosco en el mismo barrio–, es el más convocante. Este sitio recibe a los fieles los miércoles y domingos.

“He ido a varios y me gusta más la del pastor Rodolfo, el Refugio Eterno”, dice una vecina de la cuadra, quien tiene al lado de su casa el tercer templo: Iglesia Centro Cristiano Vida Nueva.

Este lugar es particular porque se fue reconvirtiendo de un gimnasio a un templo. Es el que menos gente lleva y, al igual que los otras, los fines de semana se realizan encuentros.

También se dan clases de gimnasia. Entre estos tres templos no hay una unidad en la predica, sino que cada uno tiene su mirada de la palabra de Cristo.

Cita con la vida, de Córdoba al mundo. De los más de 130 templos registrados, Cita con la Vida se convirtió en los últimos años en un fenómeno por la convocatoria de gente. Sólo en un fin de semana pasan por sus salones 10 mil personas y desde su creación en Córdoba llegó hasta hoy a tener 33 sedes distribuidas en la Argentina, México y en Estados Unidos.

El mentor de Cita con la Vida es Carlos Belart, quien desde la peatonal de Córdoba comenzó a predicar, hasta que se instaló en barrio Argüello Norte una sede que le sirvió de puntapié para ir abriendo otras salas, alquilar cines y hasta llegar a contar con dos megasalones: uno ubicado en Salta casi Olmos, con capacidad para 600 personas; y otro que sería “la catedral” de Cita con la Vida en Buchardo al 800, donde los fines de semana por reunión ingresan más de 3 mil seguidores.  

Templo Cita con la Vida el jueves a la tarde (foto: Javier Ferreyra).

“En los comienzos andaba por todas las plazas, por el área peatonal. Me acuerdo que me paraba en la joyería La Joyita y allí predicaba todo el tiempo. Me paraba arriba de los canteros y gritaba, todos los sábados lo hacía. No paraba de predicar. Y luego realizábamos campañas e íbamos predicando. Luego fui creciendo, y me fui desarrollando más en lo pastoral. Hoy me siento más pastor que otra cosa”, relató Belart el predicador más convocante en una entrevista al portal asuntosdereino.com.ar.

Desde Día a Día visitamos el jueves pasado, pasadas las 18 y en plena lluvia, el salón de calle Salta, cuando la pastora Silvina daba su predica sobre el rol de la mujer. El templo estaba casi repleto, en su mayoría familias con chicos. 

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