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Córdoba

Rami, el chico de la bici parlante es sensación

Quién es Ramiro Juncos, que con sólo 13 años, hizo furor en las redes sociales. Es de Villa El Libertador y allá fuimos desde Día a Día para mostrártelo. 

El sueño del pibe tiene nombre, apellido y vive en Villa El Libertador. Se llama Ramiro Juncos, tiene 13 años, y se convirtió en horas en el chico más visto en las redes sociales. Desde Día a Día lo fuimos buscar a su casa de calle Congreso y nos contó cómo hizo de su bicicleta un rodado “parlante”.

Ramiro causa sensación porque tiene un video con más de 3 millones de reproducciones en Facebook y YouTube, después de que esta semana su primo, Juanjo, lo filmara con su nuevo invento. Lo primero que nos preguntamos en Día a Día fue: ¿cómo hizo para convertir su bicicleta en un rodado a plena música? Para sacarnos las dudas, nos fuimos a conocerlo a Villa El Libertador. 

Cuando llegamos al pasaje Rinconada, la música estaba a todo lo que daba y sin querer frente a nuestros ojos apareció este gurrumín, de no más de 1,40 metro, que pedaleaba a toda velocidad. 

“Me volaste la tapa de los sesos maestro. Pará, pará que me quiero sacar una foto con vos”, le gritó al chico un hombre impresionado ante la “máquina”. “Por favor déjame sacarle una foto. Lograste lo que yo todavía no puedo armar en mi casa”, le dijo Matías, un vecino.

Ante tanto reggaeton que salía del parlante y los saludos agitados de los vecinos, estaba Ramiro. ¿Qué fue lo que hizo este adolescente para en horas ser uno de los más vistos en las redes?

Con lo poco que contaba, y en menos de dos días, armó y desarmó su bicicleta (va por la quinta que interviene). Le hizo dos planchuelas, que se las sacó a su papá, Marcelo, de lo que era una escalera. 

Así rearmó el esqueleto para montar lo que sería después un parlante. Pero la pregunta es con ¿qué elementos lo hizo? “Le saqué la batería al taladro de mi papá. Junté unas maderas y armé una caja. Mi vecino, que es tapicero, le pegó la tela y a cambio yo le lavé el auto”, relató, como si se trata de una receta magistral. 

“Estuve 10 días así, pensando, porque lo saco de mi cabeza. Usé la memoria del celular, y fui probando con todas las memorias que encontraba. Busqué parlantes tirados y cables. Y ¿saben qué? Se puede usar con electricidad, con un pendrive. Y tiene luces. Me las regalaron unos chicos que venden cosas de audio en la plaza (de Villa El Libertador)”, contó.

Cuando Ramiro habló, su mamá, Silvina, y su papá escucharon esta nueva hazaña. Y en menos de 10 minutos se reunieron en la calle un grupo de vecinos que quiso conocer el debut de la bici “parlante”. Todos lo conocen en la calle Congreso: la ferretera lo tiene como un cliente habitual, su vecino el tapicero lo sigue de cerca y el peluquero, que está al lado de su casa, más sus tíos, son los primeros espectadores de los inventos.

La bici parlantes –aseguraron– es uno de los tantos rodados tuneados que creó Ramiro. Bicicletas con volante de camión, con ruedas de cochecitos y de carretillas y con micrófono, por nombrar algunas de sus ideas que son puestas a andar por las calles de su barrio.

Rami es menudo. Tiene una sonrisa casi siempre lista y es tan obsesivo con sus creaciones, que hasta antes de darnos la nota pidió tiempo para acomodar las luces del parlante. 

Está en primer año y va a una escuela de nivel medio para chicos con capacidades especiales. 

Cuando nació sus padres recibieron la peor de las noticias: no sabrían si podría caminar y tendría retrasos mentales. Su madre sufrió una hipoxia perinatal, lo que le generó que Ramiro tuviera falta de oxígenos en sus órganos. 

“Fue una lucha. Tuvimos todo un año yendo al hospital para que le hicieran masajes en las piernas. Casi no sabía hablar y nos pedía que se los hiciéramos. Y, por suerte, caminó”, relató Marcelo, que trabaja como operario en la planta de Volskwagen. “Nos decían que no sabían qué secuelas iba a tener. Tuvo tres años medicado porque presentaba convulsiones, por epilepsias parciales. Tenía momentos en los que se quedaba tildado. Y todo eso lo superó”, agregó Silvina.

Hoy Ramiro perfeccionó su habla y concurre a un centro para potenciar su desarrollo. Pese a que los profesionales que lo atienden consideran que no está aún apto para asistir a una colegio de nivel medio tradicional, tiene un ángel interior que lo convierte en el inventor del barrio. “Siempre fue así, desde chico. Le dijeron que hiciera una casa con palitos de helados y ya la hizo con luces adentro, desde chiquitito”, relató la mamá. “Tiene locura por hacerle algo a las bicis. Imagínense que ya llevo, por lo menos, cinco que le compro”, dijo Marcelo.

Mientras sus padres hablaban, Ramiro manejaba los comandos del manubrio. “Con este puede cambiar canciones y subir el volumen; y con este puedo bajarlo y rebobinar”, precisó y, de repente, el reggaeton salió disparado para que él pueda pedalear: “Mueva el cucuta, mueve el totó”. Y allá fue.

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