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Córdoba

Protestan por los cortes de luz

Vecinos de Pueyrredón, sin luz desde el 23, quemaron gomas y cortaron Esquiú.

El ánimo de los vecinos estaba más denso y pesado que la humareda negra que se levantaba a sus espaldas, en forma transversal sobre el nacimiento de calle Esquiú. Allí cruzaron gomas y les prendieron fuego, como un modo de hacer escuchar tanto reclamo chocado contra un mensaje grabado en la línea de Epec. “No tenemos luz desde el 23, tiramos comida, los negocios no pueden trabajar y nadie nos da una respuesta, ni siquiera nos dicen cuánto va a durar esto”, se quejó Darío Palacios, empleado en un taller metalúrgico a metros de Esquiú y Buchardo. Junto a otros comerciantes y habitantes de la zona, decidieron quemar gomas y cortar esa arteria ayer al mediodía, hastiados por la falta de electricidad –desde el lunes según dicen– y la ausencia de respuestas. Como ellos, muchos otros vecinos apelaron a salir a la calle, hartos.

“El 0800 no respondía, entonces me fui en persona a la Guardia Norte y estaba todo cerrado. Es desesperante no saber cuánto va a durar esto, que nadie escuche”, coincidió Daniel Caprari, dueño de una rectificadora de motos que tampoco puede trabajar desde el lunes. En la misma línea, Graciela Gambini aseguró que su despensa tampoco tiene electricidad desde el 23: “Cada día sin abrir son 15 mil pesos que se pierden, además del costo que tiene toda la mercadería que tuvimos que tirar. A nosotros no nos quedó ni un lácteo porque se cortó la cadena de frío y hubo que desecharlos”.

Heladera vacía. “No nos sobra nada, no nos sobra nada, no es justo tener que tirar la comida”, se lamentaba una y otra vez Alejandro Conci. El hombre no es comerciante, sino que se las arregla para mantener a su familia trabajando en la construcción; pero igual se sumó ayer al piquete en el que sus vecinos con negocio reclamaban por luz. Con una amargura palpable, Alejandro mostraba las pascualinas y el pote de helado que iba a tener que descartar luego de dos días sin heladera, en un hogar donde viven cuatro chicos de 4 a 11 años y, efectivamente, no sobra nada nada. “La leche tampoco sirve ya”, le comunicó Roxana, su mujer. Tanto malabar buscando precios, comprando en mayoristas y juntando para darse el gusto del postre navideño para que todo termine en el tacho.

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