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Primer día del tercer mandato de De la Sota

Brindó un claro apoyo a Mestre, y fue ambiguo respecto de su relación con Cristina. Anticipó una “solución urgente” para el conflicto con los estatales.

La vicegobernadora Alicia Pregno sigue de cerca el discurso (Nicolás Bravo).

La vicegobernadora Alicia Pregno sigue de cerca el discurso (Nicolás Bravo).

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Primer día del tercer mandato de De la Sota

11/12/2011 00:00

Por Juan Manuel González

Obligado por el plan de vuelo que tenía reservado para viajar a Buenos Aires, José Manuel de la Sota cumplió con puntualidad inglesa el protocolo de su jura, trámite que le demandó una hora y cuarto, desde que llegó caminando por la Obispo Trejo hasta que se fue, raudamente, en la “van” negra con la que fue hasta el Centro Cívico. Desde allí, voló hacia el aeropuerto. Llegó tarde a ver jurar a CFK, pero llegó.

Afuera, la Peatonal le quedó grande al acto que, por el despliegue de policías, vallas y pantalla gigante, el delasotismo imaginó multitudinario: apenas un centenar de militantes se congregaron frente a la Legislatura.

Adentro, el recinto lució extremadamente formal, por la decisión de confinar a los periodistas a las gradas (lo que también acotó el ingreso de militantes) e impedir el despliegue de banderas partidarias. Así, la menguada barra se limitó a aplaudir al gobernador en siete oportunidades y a dedicarle un poco original “olé, olé, olé; José, José”. Recién al final, estalló “la Marchita” (peronista, claro), entonada a cappella.

Durante 22 minutos, el gobernador recién estrenado disparó dos mil palabras, entre diagnósticos, mensajes políticos y anuncios.

Neo-DLS. Luego de presentarse como un gobernador renovado (“no soy la misma persona que vino a este recinto allá por 1999”), prometió “escuchar a todos”: “Vamos a escucharnos más. Todos. Entre todos”, dijo.

Siguiendo el manual de táctica y estrategia política que lo llevó tres veces a la Gobernación, De la Sota se autopresentó como la prenda de unidad de los cordobeses: “Yo estoy por el bien de todos”, dijo, justo antes mirar hacia donde estaba sentado Ramón Mestre, en el fondo del recinto, y decirle: “Quiero que a Ramón le vaya bien. Tiene un ciudad tan hermosa y llena de gente maravillosa para administrar. Lo voy a ayudar, ¡claro que sí!”.

De la Sota no usó su célebre neologismo, “el cordobesismo”, Lo cambió por un eslogan de su gestión: “Córdoba estará en manos de los cordobeses; buenas manos”.

Unos minutos antes, había deseado en público que “a la presidenta Cristina le vaya bien”. “Tenemos muchas esperanzas en esta etapa que hoy (por ayer) se inicia. Vamos a colaborar con ella buscando el beneficio común”, remarcó.

Un renglón más abajo, DLS se diferenció claramente de los K: “Cuando la Argentina está bien, Córdoba está mejor”, dijo a modo de mojón en el inicio de un tire y afloje que se anticipa durísimo con los funcionarios nacionales.

Como sostiene desde los días de campaña, se mostró confiado en abrir una negociación con la Nación: “Creo en el diálogo, el de verdad, y nos vamos a poner de acuerdo en bien de Córdoba y Argentina”, se esperanzó.

Soluciones urgentes. El guiño que los estatales esperaban llegó sobre el final, cuando dio pistas sobre la intención de abrir una mesa de negociación con los gremios de manera urgente. “Sé que deberé enfrentar a partir del lunes problemas que requieren soluciones urgentes. Los dirigentes sindicales y sociales me conocen. Saben que soy un hombre de diálogo”, dijo. Luego, su jefe de gabinete, Oscar González, ratificó esa decisión (ver página 3).

Para el final, dejó los “anuncios”: la puesta en marcha del sistema del boleto educativo gratuito, la entrega de medicamentos a pacientes ambulatorios y la eximición impositiva a las actividades artísticas. El día de la asunción del nuevo gober terminó hace un rato en Río Cuarto, con un fiestón.

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Pocos militantes en Capital
Los militantes del peronismo capitalino no fueron en masa a la esquina de la Legislatura. Pocas agrupaciones se movilizaron para darle un marco popular a la jura. Los punteros de cada columna recibieron una invitación para estar en las gradas, pero sin bombos y banderas. A la noche, en Río Cuarto, el PJ sí se movilizó para darle calor popular al jefe.

En Río Cuarto hubo mucho fervor
Con sonrisas y abrazos, Juan Schiaretti le entregó banda y bastón de mando a De la Sota en el Centro Cívico riocuartense en un acto que desbordó de funcionarios y figuras populares, invitadas. De la Sota les tomó juramente a sus nuevos ministros y luego todos partieron a una fiesta en el club house del country que habita. Schiaretti se volvió a Córdoba.

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